Cuéntame una de elecciones

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“Las crisis políticas son crisis morales”. —Octavio Paz.

Instituto Nacional Electoral (INE) 8 de septiembre de 2017. Quedaba organizado y oficialmente publicado el calendario electoral.

Era la primera semana de agosto, fecha límite para que cada Partido determinara el procedimiento para la selección de sus candidatos a cargos de elección popular.

Nota del mes de octubre: Solicitud de registro de convenio de coalición. En ese mes y hasta el 31 de diciembre tiempo para la obtención de firmas de apoyo ciudadano para candidaturas independientes.

14 de diciembre, inicio de las precampañas. No podrán durar más de 60 días ─sólo las precampañas─.

Llegaba el 2018, a partir del mes de febrero la realidad iba tomando forma para el registro del candidato ganador. Un total de 500 diputados federales, 128 senadores y presidente de la república. Además de renovaciones de gobernadores, un jefe de Gobierno, ayuntamientos y diputados locales.

30 de marzo, arranque de las campañas políticas.

De acuerdo al Artículo 251, párrafo 1, tendrán una duración de 90 días.

Ya en marcha, el tren electoral haría del recorrido un proceso violento, agotador y lodoso. Una alteración política de ideologías y métodos a nuestra disposición.

60 días más 90 días para negociar sobre o bajo la mesa los recursos y la pericia de obtenerlos. 60 días más 90 días en que la confianza y la lealtad empezaban a ser indiscretas. 60 días más 90 días de odio, repudio, difamación y muerte.

60 días más 90 días de sentirnos —rebasados—.

Que se acabe. Que ya termine. Que llegue tan pronto el 27 de junio para el fin de las campañas. Y al día siguiente en la Veda electoral ─cuando el candidato calla y los medios hacen como que olvidan─ obligue hacer del silencio, todos, una pausa. Cerrar la boca y darle paso al pensamiento, para ejercitar el derecho propio de creer.

Es bajo el discurso del creer que el concepto de nación, el concepto de pueblo entusiasma. Hacer de la promesa un fundamento, un enfoque de esperanza. No cabe la duda.

Tan cierto es que no cabe que todo sistema necesita a un grupo de voceros que le den credibilidad. Toda historia necesita a un grupo de cronistas que le den legitimidad. Lo importante aquí es generar controversia, lo importante aquí es generar mitos. A la par del narrador ingenioso que lleva la trama simultánea, la que está en la superficie y la invisible —oculta a los ojos de todos—. Las causas y los efectos van metiendo pata en el ideal imaginario. Es en el desenlace cuando todo tiene sentido. Los elementos para resolverla estaban a la vista. Mientras tanto el lector es un ingenuo tanto el secreto no le sea revelado. El gran relato es morder los anzuelos que nos arroja el autor.

Algo similar sucede en los ciudadanos y la situación del país, es el eslabón de la otra historia que nos interesa. La realidad se cuenta o se construye y aventurarse en las palabras o bajo palabra es contagioso. “El hartazgo también lo es”.

La transformación —un principal argumento— y claro, su conjunto de expectativas. Cómo nacen, cómo se explican los movimientos, las luchas sociales, las revoluciones, sino es precisamente en la efervescencia de cambio. La voluntad de cambiar, de mejorar la manera de vivir, de hacer y pensar que es posible.

Por qué nos sorprendemos que le llamen sociedad expresada de populista. Aquí no es asunto de simpatizantes, de régimen o candidato, es un reflejo de la indeterminación, de la dispersión de la acción política. Es una respuesta a la incapacidad de las democracias para cumplir lo que les toca. Razón afable a eso que le llama realidad social. Por sí misma la realidad es irracional, un juicio difícil de aceptar y menos de sostener en esa ética liberal.

¿Por qué? Porque en la condición trágica ya no se quiere, ya no se puede, ya no se tiene capacidad de soportar la verdad.

Relevante era la necesidad de crear una antirealidad, y de creer en líderes naturales aunque no sean y sólo representen un reclamo del poder establecido.

No importa donde inician las propuestas y terminan las contradicciones. Aunque el drama circular venga después, mucho después de un primero de julio.

 

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