Una ciudadana en el congreso de Coahuila, un conejillo entre leones

Cuando entras al edificio es totalmente normal. Un policía te pregunta tu nombre y lo apuntas en un cuaderno con todos los demás. Caminas por un pasillo y entras a una oficina donde hay una mesa con una barra llena de canapés, de sandwichitos, de agua y refrescos. Te los ofrecen muy amablemente, pero claro, lo primero que se me viene a la mente es: todo esto lo pagué yo con mis impuestos y ellos lo ofrecen como si los hubieran pagado de su bolsa. Lo único que acepté fue una botella de agua.

No estaba nerviosa porque me sentía muy segura del trabajo que hago en PC29 y por lo tanto, aunque estaban llegando personas “muy trajeadas”, pensé que yo podía hacer el mismo papel que ellos.

Recuerdo una señora sentada, la saludé porque no sabía quién era.  La pasaron al Salón de Sesiones y empecé a ver su exposición en la pantalla de la sala donde yo estaba. Me sorprendí al saber que era la mamá de una jovencita que se perdió hace unos diez años, y que todavía no la encuentra. A ella, mis respetos, por su tenacidad y su valor. Me hubiera gustado conocerla y haber platicado más con ella, pero por el tiempo tan rápido que teníamos para exponer (quince minutos) ella pasó rápido y no pudimos conocernos mejor.

Llega mi turno, me paro de la silla con ganas de pasar ya a exponer mi perfil para ser parte del comité de Selección del Sistema Estatal Anticorrupción. Me conduce una persona, tipo edecan, a la puerta por donde entran y salen del Salón del Congreso. Me dan un poco de nervios al asomarme discreta. Noto la sala grande, con un techo muy alto. El nervio se apodera de mí y me digo: estos NO me van a intimidar, me sé toda su vida, me sé su currículum y, la verdad, están peor que yo. Así entendí que debía seguir. ¡ADELANTE!

La señorita me pidió, amable, que pasara. Me senté en una silla enfrente de un escritorio sin chiste. Lo primero que se me vino a la mente cuando me acomodé y empecé a ver a todas las personas que estaban frente a mí fue: este Congreso está TOTALMENTE MAL diseñado”. Y lo pensé porque “ellos”, los “servidores públicos”, a los que nosotros les pagamos sus sueldos, ¡están sentados casi dos metros encima de mí! ¡Sí! Y yo, que soy a la que ellos le deben de dar cuentas, estoy sentada hasta acá abajo.

Me sentía como un conejo rodeada de leones vestidos muy arreglados, como para dar una apariencia profesional (cuando algunos sólo tienen secundaria o preparatoria y la mayoría han subido por favores, acarreo de votos, por sus amiguísmos o por chapulineo para buscar seguir en el poder). Todos muy serios, con sus papeles donde tenían sus preguntas. Ya traían un machote (porque ya sabían de antemano quiénes me iban a abordar). Luego su “pose” de muy importantes, con tono muy “solemne” al hablar. En esos casi tronos, altos, de madera, sillotas de respaldo alargado que seguro los hacen sentirse reyes, ¡sabiendo que en realidad son súbditos!

Inmediatamente pensé: ¡esto está mal!

Este congreso debería de ser al revés. Como un teatro. Que ellos estén sentados en una silla de plástico, frente a una mesa de plástico (para que se ubiquen). Que nunca pierdan el piso. Y nosotros, todos los que pasamos, deberíamos estar en unas butacas enfrente que vayan de dos metros hacia arriba de ellos. Como en una obra de teatro. Ellos abajo en el escenario y nosotros en las butacas. ARRIBA. Observándolos. VIGILÁNDOLOS.

Quiero decir que desde la entrada al recinto te hacen sentir menos en sentido psicológico. ¡Sentados en un escritorio casi dos metros abajo del nivel de ellos! ¿Quién fue el arquitecto que diseñó esto? Bueno, ¡está pésimamente mal!

Y aun así, sentada en ese escritorio, viendo las caras de cada uno, pensé en todas las cosas que están en su pasado. Si supieran que lo sé, no tendrían cara para estar sentados ahí tan tranquilos. La culpa es mitad de nosotros por no estar pendientes de ellos, por no exigirles como a cualquier empleado sobre las cuentas al final del día, sobre el rendimiento y sobre su experiencia para ese cargo.

Pero, qué tal estos, exigiéndonos a nosotros que tuviéramos un perfil casi perfecto para ocupar el lugar. Con experiencia y TODO.  Al final las personas que quedaron ni cumplían todos sus requisitos. Mucho menos con experiencia en anticorrupción. Ya los tenían seleccionados desde antes. Ahí nada más hicieron como que nos escuchan.

Me comporté con respeto, pero hubiera querido cerrar mi intervención con este comentario:

          -Como le decían los Romanos al recaudador de rentas, diputados, el cuero de la silla en la que están sentados, está hecha con la piel de su antecesor. Así que, abusados.


COMMENTS

  • PATRICIA TOBÍAS CHAVEZ

    Septiembre 20, 2017

    Reply

    Muy bien Ana Sofía. La descripción que haces del recinto, de la actitud, de la ubicación de los escaños y demás es perfecta para describir el grave deterioro en que han ido a parar las cosas en cuanto a función, carácter, ubicación frente a la Sociedad, y muchos etcéteras más acerca de la Cámara de Diputados….y es grave porque la consecuencia es funesta….tu análisis es perfecto…sigo insistiendo, no hay que confundir entre forma y fondo…los diputados viven sólo de formas y están en un vacío muy enfermo, por eso al país nos va como nos va…Felicidades!


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