Visibilizar(nos) a los de abajo

Cuando el zapatismo hace alusión a “los de abajo”, pocos asumen que no se trata sólo de los pueblos indígenas, incluso tampoco del 60% de la población del país que no tiene cubiertas las necesidades más básicas de alimentación, vivienda o salud.

Los de abajo, desde que lo escucho, me imagino que trata sobre todos los que no estamos arriba. En el macrosistema del mundo, el 1% de la población posee al 99% restante, nos incomode reconocerlo o no. Ese porcentaje de semidioses que manejan a la economía desde lo más alto de los rascacielos, entre la cúpula más grosera de riquezas, tienen en sus manos la vida y obra de billones de personas… son los estrategas que planean guerras para estabilizar mecanismos financieros, quienes deciden cuánto vale la mano de obra de un ciudadano promedio, son los que permiten cierto grado de comodidades a otro reducido porcentaje que, bajo esas condiciones, no se siente aludido cuando hablamos de abajo, ni cuestiona el estado del mundo, sus injusticias e inequidades.

Cuando escuchemos hablar de MaryChuy, no del personaje sino de su discurso, estaremos visibilizando la problemática de pueblos de lo más debajo de México. Geográficamente, están distribuidos a lo largo y ancho del territorio nacional –ese capricho geopolítico al que llamamos país-, pero sus problemáticas se esconden ahí, donde nadie quiere hurgar, en la conciencia o inconciencia de la clase media y el desdén de quienes tienen todas sus necesidades cubiertas.

María de Jesús Patricio Martínez es la vocera de quienes no tienen voz, de quienes tienen un voto útil a los partidos en tiempo de campaña, pero carecen de rostro y alma ante los medios de comunicación. MaryChuy no encabeza, ni pretende presidir absolutamente nada. Se trata de una estrategia de comunicación para ayudar a visibilizar los problemas que los pueblos originarios padecen desde la Conquista de lo que a capricho llamamos México: despojo, violencia, devastación ecológica, pobreza.

Este pequeño texto es una invitación a reflexionar, desde nuestras trincheras, en qué parte de la balanza consideramos estar. En el hogar, en las calles, en el trabajo, en la ciudad. Es también un llamado a escuchar a MAryChuy, a poner oídos y corazón atentos al mensaje de los pueblos representados en el Concejo Nacional Indígena, y a los que no están.



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