¿A poco no…? Indiferencia e ignorancia: un peligro para la nación

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¿A poco no es motivo de orgullo, por ejemplo, que México haya ocupado el primer lugar en el medallero de los Juegos Centroamericanos, en los que obtuvo casi 100 medallas más que Cuba, otrora país hegemónico en la justa deportiva más importante de la región? También el Premio Ortega y Gasset de periodismo fue motivo de orgullo para México, pero casi pasó inadvertido en nuestro país. Daniel Moreno, Salvador Camarena, Miriam Castillo, Nayeli Roldán y Manuel Ureste fueron los galardonados por “La estafa maestra”, una investigación sobre el desvío de fondos públicos, que reveló el portal electrónico Animal Político y que reprodujo el influyente diario español ‘El País’ bajo el título: “La investigación que debió sacudir a México (pero no lo hizo)”. Lo recibieron en Madrid el pasado 5 de mayo y, tres meses después, la estafa sigue en la impunidad.

El periódico hispano señaló que el reportaje documenta una maquinaria de corrupción que mueve cientos de millones de dólares y por la que nadie ha pisado la cárcel. El fraude por 7 mil 760 millones de pesos que involucra a 11 dependencias de gobierno, 8 universidades públicas y más de 50 funcionarios, es otro ejemplo contundente de cómo corrupción e impunidad forman parte del sistema gubernamental, sin que nadie haga nada para evitarlo, con una sociedad que, a fuerza de acostumbrarse al saqueo criminal del erario, perdió su capacidad de indignación.

En el año 2000, el embajador norteamericano Jeffrey Davidow dijo que la causa principal de todos nuestros problemas era la corrupción –y lo sigue siendo, a pesar de dos alternancias posteriores-; aseguró que ‘las nuevas generaciones de mexicanos vienen vacunadas contra ese mal que no es privativo de México, pues es fenómeno universal’; la diferencia es que aquí la impunidad es mayor, ante la indolencia de una mayoría ciudadana que, por ejemplo, sufre tras una derrota de la selección de futbol pero se muestra indiferente ante tres estudiantes disueltos en ácido o 43 normalistas desparecidos.

Y si la sociedad, en su mayoría, no hace nada por combatir la corrupción, menos lo harán el gobierno y los legisladores; prueba de ello, es que diputados y senadores terminaron el periodo de sesiones sin eliminar el fuero ni modificar la Ley para tener una Fiscalía autónoma, pero sí aprobaron la Ley Chayote para gastar dinero público en campañas de culto a la personalidad y se olvidaron nombrar al Fiscal General de la República, al Fiscal Anticorrupción, a los 18 magistrados anticorrupción y a los nuevos titulares de la Cofece, del OIC –Órgano Interno de Control-, del INAI y del Ifetel.

Definitivamente después de tantos sexenios de corrupción e impunidad de todos los partidos en todos los niveles e instancias de poder, la mayoría de los mexicanos se ha vuelto refractaria a sus corrosivos efectos para el país, cuya población se ha hecho inmune, luego de décadas de fraudes y robos. A fuerza de casos y más casos, ya ninguna noticia de ese tipo genera indignación ni asombro, lo que preocupa, porque la indiferencia puede llevar a la ignorancia y, parafraseando a John F. Kennedy, ‘la ignorancia de un ciudadano en una democracia pone en peligro a la nación entera’.

 

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