¿A poco no…? La polarización social por el proceso electoral

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¿A poco no es preocupante cómo se ha polarizado la sociedad mexicana en torno a los aspirantes presidenciales? Hay una abierta confrontación donde los insultos y denuestos están a la orden del día en redes sociales y medios de comunicación, en pláticas entre compañeros de trabajo y de escuela, en charlas de sobremesa y en reuniones familiares y de amigos. Tal vez como en ninguna otra elección en las últimas décadas se había visto tal encono.

La neurona cede su lugar a la víscera y la agresión verbal sustituye al planteamiento inteligente de propuestas; los seguidores de los tres principales contendientes se enredan en discusiones estériles en las que no hay lugar para el argumento sólido ni para el debate razonado. Entre los candidatos hay un exceso de denuncias recíprocas de corrupción e incompetencia y una ausencia de fundamentos convincentes en torno a su proyecto de nación; proponen la construcción de un México mejor pero no dicen cómo lo van a lograr.

Muchos de los electores votarán convencidos de que su ‘gallo’ va a sacar adelante al país, aunque desconocen cuáles serán las medidas y acciones para conseguirlo. Todos los aspirantes prometen acabar con la corrupción y la inseguridad como lo prometieron sus antecesores, pero, al igual que ellos, no revelan de qué manera lo lograrán. Otros electores votarán, no a favor de alguien sino en contra de quien no quieren que gane, motivados por el enojo y el desaliento ante la situación nacional o por el temor a que los problemas empeoren aún más.

La postura de quienes parecen decir: “el que no está conmigo, está en mi contra” contribuye a una mayor confrontación, y la advertencia de algunos grupos de que “defenderán el voto a costa de lo que sea para impedir el fraude electoral” abona a una mayor tensión, generando incertidumbre e, incluso, miedo a lo que pueda ocurrir ante la amenaza de que “se suelte el tigre”, una metáfora de la posibilidad de violencia postelectoral si no gana el candidato que no está dispuesto a contener la furia del fiero felino.

Ningún mexicano que ame a su Patria desea un país dividido por el enojo o el temor; por el contrario: está consciente de que la unidad nacional es determinante para encontrar las soluciones a nuestros problemas más agudos y complejos, por lo que se debe convocar a la madurez ciudadana para que los electores, cuyas preferencias no coinciden con las de los otros, dejen de verse como enemigos, respeten sus respectivas diferencias políticas, diriman sus divergencias en el terreno del diálogo y eviten la polarización social por el proceso electoral. ¿A poco no…?

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