¿A poco no…? Las complicidades y los pactos de impunidad de la élite política

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¿A poco no sabías que, desde las elecciones de 1929 –año de la fundación del PNR, abuelo del PRI-que dieron el triunfo a Pascual Ortiz Rubio sobre José Vasconcelos, y que estuvieron bajo sospecha de fraude, a lo largo de casi 90 años, muchos de los comicios han sido cuestionados? Y en pleno siglo XXI, es lamentable la desconfianza ciudadana en los procesos y en las autoridades electorales a pesar de las elevadas cantidades que se gastan en nuestro país en cada elección, pues tan sólo para las campañas de 2018 se erogarán casi 7 mil millones de pesos de nuestros impuestos, equivalentes a tres veces el presupuesto del Municipio de Torreón.

A esa cifra habría que sumar otras fuentes ocultas de dinero, algunas presuntamente provenientes de la delincuencia -lo que luego deriva en un aumento de la violencia e inseguridad en general- y otras provenientes del erario, disfrazadas de programas sociales destinados a la compra de votos, lo que dejará al país más empobrecido y al electorado, en su mayoría, insatisfecho con los resultados.

Y es que las alianzas partidistas han demostrado responder más a intereses personales y de grupo que a proyectos ideológicos destinados a construir una mejor nación, corroborando que para la clase política mexicana son más importantes los arreglos -por arriba y por debajo de la mesa- para seguir conservando sus privilegios, que reencauzar al país por la ruta del progreso y el desarrollo. La revelación del periodista de Proceso, Álvaro Delgado, en su libro “El amasiato: el pacto secreto Peña-Calderón y otras traiciones panistas”, viene a confirmar lo anterior.

La investigación da a conocer que, meses antes de la elección de 2006, EPN, entonces gobernador del Edomex, y el candidato del PAN a la presidencia, Felipe Calderón, sellaron un pacto en el que el priísta le regaló 200 mil votos al panista, cifra equivalente a la diferencia que le dio el triunfo frente a AMLO. Seis años después Calderón le pagó el favor a Peña Nieto al sabotear desde el gobierno la candidatura de Josefina Vázquez Mota. También documenta cómo, al igual que Calderón, Vicente Fox y Diego Fernández de Cevallos, en contubernio con el PRI, traicionaron al PAN y a los mexicanos.

Tienen razón quienes afirman que la corrupción ancestral en este país nuestro no es cultural ni genética, sino consecuencia de la ambición desmedida de las cúpulas del poder cobijadas por la impunidad oficial y la apatía e indolencia social; de ahí que es un deber patrio insistir en el empoderamiento ciudadano mediante una mayoritaria participación cívica, exigente y propositiva para acabar con las complicidades y los pactos de impunidad de la élite política. ¿A poco no…?

 

 

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