Anécdotas sobre lecto – escritura

Recuerdo perfectamente la angustia que tenía y lo insegura que estaba, aquel día en que por primera vez, un maestro me pedía que elaborara mi primer ensayo, que escribiera en prosa. Estaba de vuelta en una escuela, debía cumplir con mis tareas, y aunque no me sentía ignorante, ya que tenía buenos recursos académicos previos, y mucha experiencia como empleada por 12 años; realmente nunca había escrito nada que no fueran apuntes, generalmente dictados por un docente.

Mi maestro era muy paciente con todos los que formábamos aquel grupo y muchos grupos más, sin embargo, yo no sabía cómo iniciar un escrito, las ideas no brotaban, las palabras se escondían no sé dónde o tal vez yo no las conocía, mucho menos sabía dónde acomodarlas. Le pregunté al maestro cómo podía yo lograr poner en orden  mis ideas y de dónde sacaría las palabras adecuadas para escribir algo. El maestro me contestó con mucha seguridad: “Es cuestión de práctica, debes escribir todos los días y debes leer todos los días, poco a poco lo lograrás”. Sí, le dije, pero mientras llega ese momento, ¿cómo puedo iniciar mi escrito?, le pregunté. Piensa primero qué quieres contar, qué quieres decir, ordena eso en ideas por separado, luego piensa que se lo platicas a alguien, pero se lo platicas por escrito.

Esa fue la primera entrega que tuve como alumna, en la materia de Taller de Lectura y Redacción, me costó mucho trabajo, pero lo logré, desde ese instante busqué a otro de mis profesores, especialmente al de historia y seguí asesorándome con el del taller antes mencionado y les pregunté, ¿qué libros me recomiendan leer?, no deseo sentirme inútil con mi propia lengua, quiero saber comunicarme por escrito, les dije. Me recomendaron el mejor libro de redacción que pude haber tenido en mis manos, de inmediato fui a la Librería Gandhi, al entrar comencé a revisar todos los estantes y me dije: “tendrás que venir al menos una vez al mes a comprar algún libro”. Claro, para mí fue como entrar en un paraíso, no tenía el hábito de la lectura y me apenaba que a mi edad, no era capaz de escribir algo coherente, me enojaba no encontrar las palabras precisas, me prometí que esto tendría que modificarse, que mi vida cambiaría en ese sentido, que quería incrementar mi conocimiento, y que además de lo que debía hacer para cumplir con mis tareas, debía ordenar mis quehaceres, para tener tiempo suficiente para leer.

Curso de Redacción, Teoría y Práctica de la Composición y del Estilo, es el título del libro en cuestión, es de Gonzalo Martín Vivaldi, de la Editorial Paraninfo, la verdad, no recuerdo qué edición era aquella que yo compré, sin embargo yo tengo actualmente la 33ª  edición, debo decir que es un libro maravilloso, que todo aquel que quiera verdaderamente aprender a escribir debe leerlo y resolver todos los ejercicios que  contiene, te lleva de la mano, y aprendes a expresarte por escrito. Yo me tardé un poco más de tres meses en leerlo y resolver todos los ejercicios, ya que no solamente hacía eso durante el día, pero me fue de mucha utilidad y eliminó mi inseguridad ante el reto de escribir.

Otros libros que me recomendaron mis maestros, además de los que debía leer para las clases, fueron: Relato de un Náufrago y Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, La Casa de los Espíritus, de Isabel Allende, La Tregua, de Mario Benedetti, y otros más, además en la clase de historia leímos Los bienes Terrenales del Hombre, de Leo Huberman, y en la clase de Taller de Lectura y Redacción leímos La Metamorfosis de Kafka, y muchas lecturas más.

En fin. creo que estas anécdotas surgen hoy en mi mente por la simple razón de que estoy impartiendo una materia donde los alumnos deben saber leer y escribir, pero no como lo aprenden en la primaria y secundaria, deben leer para aprender y aprehender, y les hace falta saber escribir, ellos han pasado por momentos difíciles al no tener las herramientas para escribir y ante la dificultad de la lectura, ya que lo que pareciera una facilidad en la comunicación, que es el uso de los aparatos electrónicos, como las computadoras y los teléfonos inteligentes, “les resuelven la vida”, así lo piensan ellos,  y por eso creen que no es necesario saber leer y saber escribir, al fin y al cabo que ya todo está escrito en algún lugar y lo puedes localizar en cualquier momento, sin tener que leer, y sin la necesidad de escribir, claro que esto se aprende con métodos, y no es fácil seguir métodos hoy en día, ya que todo está digerido y es de fácil acceso. Debo aclarar que toda regla tiene sus excepciones, y que algunos de estos alumnos sí leen con frecuencia, aunque también muchas de esas lecturas, sin ser malas, no son lo mejor que hay en el mercado de la producción literaria.

Espero que al menos haya podido convencer a algunos pocos de la necesidad de leer y escribir, ya que necesitamos saber comunicarnos adecuadamente, ya sea en forma oral o por escrito.

Esta columna puede entonces terminar con una frase, cuyo origen es anglosajón:

“No se puede entablar una guerra de razonamientos con personas que están desarmadas”

¡HASTA PRONTO!



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