Carrusel de impresentables

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La acusación por cercanía de “impresentables” es uno de los ataques más frecuentes contra los candidatos. Tanto es así que esto se ha convertido en pregunta recurrente tanto del primer debate como de los programas de entrevista colectiva a la manera de Tercer Grado o MilenioTV. Como hemos visto, los periodistas han insistido en nombres y apellidos, y lo único que han podido hacer los candidatos es tragar, como decimos en México, camote. En este miserable rubro nadie se salva, y esto se debe a que todos los aspirantes están atravesados por el pragmatismo político, por sumar votos y adhesiones a costa de lo que sea, con o sin afinidades ideológicas. Los nombres bochornosos no ralean. Al contrario, todos parecen contar en sus filas con ejemplos ilustrísimos de impresentabilidad.

El PRI, por ejemplo, contiene por naturaleza, sin esfuerzo, una nómina abultada de personajes cuyas trayectorias podrían hacerlos ingresar, sin problema, a la borgeseana Historia universal de la infamia. Carlos Romero Deschamps, Emilio Gamboa Patrón, Enrique Ochoa Reza, Gerardo Ruiz Esparza, César Camacho, Rubén Moreira, un oscuro puñado de gobernadores y no se diga Enrique Peña Nieto, operador principal de la candidatura de Meade. A ellos hay que sumar, sin duda, casos perdidos como el de Jorge Emilio González, siniestro personaje cuyo único interés en la vida se ciñe a dos verbos en infinitivo: conseguir (plurinominales) y hacer (negocios). Si aquí sumamos a los ex gobernadores en apuros penales, se entiende por qué está naufragando la candidatura de #YoMero.

No le va a la zaga el PAN, pues Diego Fernández de Cevallos sigue allí. Detrás de él, Salinas, y muy cerca, fichajes recientes del PRD y de MC, como Mancera tras su papelón en la Ciudad de México y Barrales tras sus viajes a Miami, o Dante Delgado que jamás la ha brincado sin huarache.

Hace doce y hace seis años, ni una alianza estratégica se le conoció a López Obrador. Abrazó un propósito de pureza y sabemos lo que pasó. En su versión 2018 y ya con Morena, AMLO bajó la canasta para que los encestes fueran más fáciles. Así, han entrado a la cancha sujetos como Napoleón Gómez Urrutia y el yunquista Manuel Espino, por citar a dos de los más destacados. Son, creo, contrataciones transitorias, amarres al calor del interés mutuo.

Por último, Margarita tiene en su entorno un lastre cabal: su marido, olor a whisky y pólvora. El Bronco no tiene impresentables de alcurnia a su alrededor, pero por sí mismo basta y sobra para producir repulsas; digamos, en suma, que es autosuficiente.

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