Juan Ceballos Azpe: ¿A poco no…? Jóvenes: condenados al estigma de la pobreza económica, educativa y laboral

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¿A poco no te indigna que los jóvenes conformen un sector de la población no prioritario para las políticas públicas? Así lo confirma el rezago social que padecen, sobre todo, quienes habitan en  las zonas rurales e indígenas, con un complicado escenario de pobreza, discriminación, violencia e ignorancia, cuya mayoría no llega a la universidad, tienen pocos empleos y mal pagados, escasas posibilidades de ahorro y de pensión a futuro, con adicciones, depresión y una situación tan crítica, que su opción más viable es la de la delincuencia.

El Coneval, Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, revela que ser joven en México lo hace propenso a la pobreza; más aún si vive en el campo, es indígena o es mujer: el  51% de los menores de 18 años del área rural es pobre, al igual que el 78% de los jóvenes indígenas y el 85% de las mujeres indígenas que viven en zonas rurales. A ello se suma que la corrupción y la falta de transparencia limitan aún más el impacto de los programas sociales que deben atender a este sector poblacional.

Por otra parte, Acción Ciudadana Frente a la Pobreza alertó que en México, más de 11 millones de jóvenes entre 18 y 30 años de edad no tienen empleo ni acceso a educación, situación que los expone al trabajo informal o precario, a conductas de riesgo y a ocupaciones ilícitas. Al presentar una iniciativa de política pública para el empleo formal de jóvenes en riesgo, el organismo destacó que, cada año, más de 600 mil jóvenes abandonan su educación media superior y quedan sin opciones para concluir su formación y conseguir empleos mejor remunerados.

Otro dato que preocupa a la comunidad nacional y debería ocupar a las autoridades es que, en los primeros cuatro años de EPN fueron asesinados 31 mil 400 jóvenes de entre 15 y 29 años, es decir, 36% de las 87 mil 800 víctimas de homicidio doloso en ese lapso. De ellos, 88% eran varones y 12% mujeres. Organizaciones de la sociedad civil lamentaron que el Estado le dé la espalda a este sector, lo que provoca que en varias entidades de la República su única opción para sobrevivir sea integrarse a las filas del crimen.

 Ante el presente que vive la mayoría de los jóvenes, el futuro para el país se avizora sombrío y desolador, si no hay un golpe de timón que evite el naufragio de quienes hoy deberían ser la esperanza del mañana, por lo que urge un cambio radical de paradigma en el que este sector de la población que, dentro de poco tiempo tendrá en sus manos el destino de México, sea prioridad impostergable para el Gobierno y que deje de estar condenado al estigma de la pobreza económica, educativa y laboral. ¿A poco no…?

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