La ética de las instituciones

El tema del día de hoy fue de fácil elección para su servidora. A mediados de semana me localizó una muy estimada alumna de la preparatoria en donde presto mis servicios como docente, quien me solicitó una visita y una plática para el grupo al cual pertenece en el Instituto Tecnológico de La Laguna. El tema en cuestión es “La Ética en las Instituciones”. En primera instancia me pregunté si el tema debería ligarse principalmente con las carreras profesionales que se imparten en dicha institución, después de varias búsquedas de esta información, me percaté de que el tema da para tratarlo de manera general en una hora de exposición.

Debo aclarar que no sé mucho de ingenierías, mi conocimiento al respecto es por experiencia empírica y por la relación que he tenido con profesionales de estas disciplinas. Lo más importante en relación con el tema surge de la comprensión de los conceptos involucrados en estas dos variables; la ética y las instituciones.

La ética, al igual que las instituciones, han sido inseparables durante el proceso histórico, y me atrevería a decir que incluso existieron en la prehistoria. Desde que el hombre existe como ser social, creó un código ético que se aprende de generación en generación, desde que el ser humano se comenzó a organizar para satisfacer sus necesidades, surgieron normas, inicialmente implícitas, que se vincularon a la capacidad biológica del ser humano, lo que hoy se comprende como la selección natural de las tareas por sexo y por edad, esto de alguna forma, le dio sentido a la vida del hombre primitivo, claro que esto no está escrito en ningún lado, pero esa capacidad de organización no hubiera sido posible sin seguir un código ético implícito, mismo que todos acataron y repitieron por miles de años.

Al descubrirse la agricultura, la organización social se hizo más compleja, y los códigos éticos cambiaron, se ajustaron a la nueva forma de concebir la vida, al mundo, y sobre todo a la parte importante que daba forma a la producción material e ideológica de la nueva organización. El hombre sedentario aprendió a relacionarse por jerarquías, y las normas éticas obedecieron a esas circunstancias, el contexto obligaba a dividir a los pueblos por el lugar que ocupaban en la producción y la organización de la superestructura, es decir, había unos pocos que dictaban las órdenes y que imponían los códigos éticos. Con el crecimiento de estas civilizaciones y al paso del tiempo, los cambios dieron un vuelco enorme, y si nos centramos en el “Viejo Mundo” y los grandes imperios tales como las grandes civilizaciones grecolatinas, los valores y la moral tomaron gran importancia, sobre  todo para el Mundo Occidental, ya que los códigos éticos se han venido repitiendo desde ese entonces en el mundo que hoy habitamos, el occidental.

Cabe destacar que antes de ser lo que somos, y que ya he mencionado en algunas de mis columnas, nuestra parte como habitantes de este territorio, tiene otra historia, la de los pueblos prehispánicos, en donde los códigos éticos eran totalmente diferentes a los europeos de la época. En la hoy llamada América se producían, distribuían y consumían socialmente los códigos del comportamiento y los valores se vinculaban a esta forma de producir; la educación en las diferentes instituciones que conformaban a estas civilizaciones era muy estricta, en la familia, la primera de las grandes instituciones, se seguían reglas inviolables, se practicaban normas éticas y morales incuestionables; las reprimendas y castigos para quienes violaban estas reglas no eran negociables, no había de por medio ninguna forma de no cumplir las normas y  reglas y los castigos. La gran jerarquía seguía lo establecido de manera ordenada, responsable y de la forma más honesta que uno pudiera imaginarse. De hecho esa parte de nuestro pasado, no tiene ninguna relación con nuestro presente en cuestiones de dictar y seguir leyes, reglas y normas éticas y morales.

Un niño, siempre se alimentaba con la cantidad de nutrientes que le correspondían y que le permitían ser sano, y desarrollarse adecuadamente para en el futuro cumplir con las obligaciones de su jerarquía en el gran aparato del Estado. También debía educarse desde casa y en escuelas especializadas para adquirir las habilidades y el conocimiento indispensable para el futuro de la sociedad; nadie podía escaparse de esa obligación, ya que estaba implícita en su forma de vida, y formaba parte de los códigos de ética en ese tipo de sociedad. Así las instituciones del Estado, en este caso del Estado Mexica, se desarrollaban y manejaban desde la más importante de todas las instituciones, en donde se reproduce la sociedad en su conjunto; la familia, vinculada a la institución ideológica más importante y propia de esa forma de vida, la religión en primer lugar, la educación, la milicia, la producción y el comercio.

En el momento de La Conquista, todo esto terminó intempestivamente, de pronto todo ese orden y acuerdo social, se vino abajo, llegaron “seres de otro mundo”, literalmente, los personajes que le dan un vuelco a la vida, los representantes del “Mundo Occidental” de esa época, misma que tenía casi en el olvido a los grandes pensadores y filósofos grecolatinos y que si se mencionaban, era a través de su propia interpretación, la cual beneficiaba la nueva forma de “poder” a través de nuevas instituciones, que formaría nuevas “no familias” inicialmente, nueva educación, nuevas creencias religiosas, y nuevas formas de vida, que desembocan en valores éticos completamente diferentes a los establecidos en la sociedad prehispánica.

Desde ese entonces, las instituciones crearon nuevos códigos éticos que ahora se ven reflejados en el comportamiento de las nuevas sociedades. Desde ese entonces, la ética y los valores, son más explícitos y menos implícitos, las normas llegaron acompañadas de nuevos representantes de la nueva jerarquía, éstos traían sus reglas y también traían las “contra-reglas”, imponían leyes, normas, reglas, códigos morales, pero ellos no eran capaces de respetarlos, así que enseñaron a la nueva sociedad a cómo obedecer reglas y cómo infligir las mismas. Se puede decir que desde entonces en toda América Latina, y claro en México, desaprendimos; nos iniciamos en el conocimiento de la burla, el engaño, la deshonestidad, la irresponsabilidad, y otros antivalores más.

Se supone que en la actualidad existen códigos de ética en todas las instituciones públicas y privadas, en todas las organizaciones, pero creo sinceramente que se pueden contar con los dedos de las manos (no más de diez), las que en realidad cumplen con éstos al pie de la letra. La mayoría de nosotros, al menos en México, nos caracterizamos por ser corruptos, iniciamos con este comportamiento desde muy pequeños, cuando vemos a nuestros propios padres que incurren en algún acto inmoral, o falto de ética, además que siempre vemos la corrupción en el otro, y no en nosotros mismos; todo esto es porque nunca hemos aprendido a darle el valor necesario a las cosas, aprendimos a que todo tiene un valor monetario, es por eso que no sabemos apreciar nada.

A partir de aquí, lo importante es que comencemos a rescatar los códigos éticos familiares, profesionales, institucionales, organizacionales, educativos, religiosos; esos que existen por escrito en todas partes, pero que nunca respetamos. Aprendamos que todos tienen un valor, pongamos en práctica ese valor, o esos valores, y exijamos a los demás que lo hagan, así podremos disfrutar más profundamente del significado de la vida, de los seres humanos y de otros pobladores de este planeta y en general de nuestra naturaleza.

¡HASTA LA PRÓXIMA!



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