Las brechas generacionales

Iniciar este escrito no me fue nada difícil, ser maestra de alumnos que están cursando el primer año de preparatoria me hizo reflexionar sobre las diferencias abismales que existen entre abuelos, padres e hijos, sobre todo cuando de educación se trata. Los abuelos de los chicos que hoy cursan el primer semestre de preparatoria, las personas nacidas entre las décadas de 1950 y 1960,  tenían una educación en el hogar muy distinta a la de sus nietos; el conductismo era la base de esa educación, todo se desarrollaba de una manera muy estricta, había premios y castigos; aunque debo admitir que los castigos eran más frecuentes que los premios.

En las ciudades, principalmente, algunos premios consistían en poder ir al parque los domingos y usar los patines, o andar en bicicleta, no importaba mucho si no tenías una bicicleta, o unos patines, de esos que se ajustaban a los zapatos de “suela volada”, con una llave que apretaba y adhería los patines al zapato, concretamente, a la “suela volada”. Ambos patines y bicicletas se rentaban en algún establecimiento, en cualquier esquina de las calles que rodeaban al parque en cuestión; el precio de esto variaba entre cincuenta centavos y un peso, o hasta dos pesos, según el tiempo que quisieras y pudieras pagar.

En relación a los patines, éstos eran todos pequeños, se agrandaban por medio de un mecanismo y se ajustaban con las llamadas “uñas” a los zapatos de cada quien; las bicicletas se rentaban  y había de todas las rodadas; así que ir al parque y rentar unos u otras era sencillo, tal vez lo difícil era que se contara con dinero suficiente para al menos poder usarlos por media hora. Este entretenimiento era uno de los premios que tenían los niños que actualmente son los abuelos de mis alumnos.

Otro de los premios consistía en recibir el famoso “domingo”, es decir, los niños de las décadas de los años 50 y 60 del pasado siglo XX, sobre todo los niños de la clase media, recibían una mínima cantidad de dinero que podían gastar como quisieran, generalmente comprando “dulces”, claro, cierta clase de dulces que no se parecen ni en forma, ni en sabor a los actuales, me ufano de decir que, aquellos, “eran más sabrosos”, sobre todo porque no podías comerlos todos los días. Otra clase de diversión, era la de poder ir al “matiné”, una función de cine mañanero en los domingos, con películas de “vaqueros”, especialmente en las que en general el artista destacado era John Wayne, actor que siempre fue vaquero en las películas, en muchas de ellas luchaba contra los “indios”, saliendo del cine, si bien te iba, paseabas por el parque, jugabas a las “escondidillas”, a la “rueda de la fortuna”, a los “encantados”, o a las guerras entre “indios y vaqueros”; te comías un helado, o simplemente tu mamá preparaba los sándwiches y llevaba fruta y una jarra con agua de limón; los refrescos eran prohibitivos, sólo se consumían cuando había alguna fiesta, y cuando mucho te daban un vaso, o medio vaso; si tenías sed, siempre tomabas agua natural (hervida previamente), o agua de sabor, preparada con alguna fruta natural y azúcar.

Todo lo anterior era parte de los premios que recibías si te portabas bien, lo cual consistía en ir a la escuela, obedecer a la maestra en todo, sacar buenas calificaciones,  hacer las tareas cuando se te pedía que lo hicieras, comer todo lo que te servían (no había comidas especiales para cada quien), no estar presente en las pláticas de los mayores, no interrumpir a tus mayores cuando estaban hablando con otra persona, saludar, dar las gracias, hablarle de usted a los mayores, en general tener “buena educación”.

Lo contrario era que si no cumplías con todo lo anterior, podías ser castigado de diversas formas, la situación variaba de familia en familia, las reprimendas podían ir desde: no dejarte ver la televisión (que se comenzó a popularizar a mediados de la década de los años 50 en el siglo XX), misma que no podía disfrutarse por más de una, o dos horas por la tarde, siempre y cuando ya hubieses cumplido con todas tus obligaciones previas. No ir al parque los domingos, no salir a jugar al patio, o la calle, según fuera el caso, no ir a la “matiné” al menos por un mes, y ya en casos muy extremos, unas cuantas “nalgadas”, o “cinturonazos”, eso sí, en casos verdaderamente extremos, propios de una gran travesura o desobediencia.

Todo lo anterior era muy normal en las familias, obviamente había algunas que no les pegaban a sus hijos. Padres o madres controlaban a sus pequeños tan sólo con la mirada. Esto era parte de la vida cotidiana, misma que vivíamos todos los niños de clase media en una ciudad. No puedo hablar de los que se vivía en el campo, seguramente todavía ahora siguen siendo igual, o muy parecidos en su comportamiento y en su cultura en muchas regiones rurales de nuestro país, pero como muy comúnmente se dice; “esa es y será otra historia”.

En la siguiente columna les platicaré sobre esta misma etapa en las escuelas primarias y secundarias de esa época, así que no dejen de buscar esta información, al final trataré de hacer una comparación entre estos dos rubros de la educación en las tres generaciones: “Baby boomers”, “Generación X” y “Milenials”.



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