¡Más experiencias!

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Otras de las experiencias que han marcado mi vida son motivo de muchos recuerdos, esa es la razón de compartirlas con ustedes. Primeramente les platicaré sobre el cómo los niños estudiaban, se divertían, se alimentaban y se formaban en familia.

Durante la década de los años cincuenta los niños jugaban y hacían ejercicio al mismo tiempo, casi todos los entretenimientos propiciaban el movimiento, podía ser el activar los brazos, las piernas, las manos, inclusive la cabeza; corríamos mucho, caminábamos más, la mayoría de los niños iban a la escuela a pie y como yo vivía en la Colonia Santa María La Ribera, en la zona céntrica de la Ciudad de México, para llegar a la escuela donde estudiaba tenía que caminar al menos de diez a doce cuadras – lo que equivale caminar de Saltillo 400 al Boulevard Revolución – de ida y vuelta. En la actualidad eso ya no sucede con muchos niños, los tiempos han cambiado bastante, y muchos niños de la población urbana son transportados en camión público, escolar, o en los autos de sus padres.

Hacer tanto ejercicio todos los días era sinónimo de salud, no existían niños gordos, ya que más allá de caminar a la escuela y de regreso no era el único ejercicio físico que se hacía, con tal de divertirnos jugábamos toda clase de juegos en los que también se desarrollaba la actividad física, había un juego que se llamaba “La Roña”, uno de los niños perseguía a los demás hasta tocarlo con la mano, diciendo “Roña”, esto se hacía corriendo, cada vez que un niño era tocado, éste se dedicaba a perseguir a los demás y así sucesivamente, era muy divertido y podías pasar horas corriendo, en los patios de las casas, de las vecindades, o de los jardines o parques a los que nuestros padres nos llevaban.

Otro juego era el de formarse en líneas de cinco o seis niños, a veces más y jugar a las “coleadas” donde el primero de los niños comenzaba a dar vueltas, jalando al resto de los niños en la fila hasta que se hacía como una especie de rehilete, en donde casi siempre el último, o los dos últimos niños salían volando y caían. Casi siempre salían varios heridos, con raspones y cortadas en rodillas, codos y en ocasiones hasta en la cabeza; se veía como algo común, es por esta razón que cuando algunos de los participantes en toda esta clase de juegos decía, “COLEADAS” todos corríamos para ser de los primeros y no de los últimos, para no caernos y lastimarnos. Cabe señalar que cuando alguien se caía, solo iba a su casa a que su mamá le lavara le herida, le pusiera agua oxigenada, un curita, y regresaba de inmediato a seguir jugando, generalmente no pasaba a mayores.

Otro juego era “La rueda de San Miguel” Todos nos dábamos la mano y formábamos un círculo, dábamos vueltas como círculo y cantábamos una canción que más o menos decía así: “A la rueda, rueda de San Miguel, San Miguel, cada uno su caja de miel, a lo maduro, a lo maduro, que se voltee “FULANITO” de burro”, se volteaba el nombrado y seguía dando vueltas con los demás tomado de las manos, sólo que al revés; era a él al que le tocaba decir el siguiente nombre para que se volteara “de burro”. Algunos de estos juegos eran una especie de humillación muy sutil, ya que “voltearse de burro” tenía un significado un tanto peyorativo, cualquier niño llamado “burro” en esos entonces tenía un significado humillante, ya que supuestamente era el menos inteligente de su clase. Muchos niños aprendieron a vivir con esos estigmas, ya que en ese entonces no se diagnosticaban muchos de los síndromes y padecimientos que hoy son tan comunes, como la dislexia y el TDA.

Otro de los juegos que más me gustaban era el del “Bote Pateado” Nos reuníamos todos los que íbamos a jugar en una especie de círculo pequeño, le dábamos vueltas al bote (un simple bote de conservas vacío) y al que señalara la boca del bote, era el indicado para iniciar el juego, este integrante pateaba el bote y todos salíamos corriendo a escondernos a los alrededores del espacio donde estuviéramos jugando, el niño que lanzó el bote iba por él y buscaba a sus compañeros, y el que era encontrado en primer lugar, decía “Una, dos, tres, por mí y por todos mis compañeros”, salían todos de los escondites y al encontrado le tocaba patear al bote, y así sucesivamente.
Había otros juegos, unos que jugaban los niños y otros que jugaban solo las niñas. Entre los juegos de los niños estaban los conocidos en la actualidad como: el futbol callejero, el béisbol callejero, carreritas con la bicicleta, con patines, el trompo. El yoyo, se hacían concursos con estos dos últimos entretenimientos, también jugaban a “Indios contra vaqueros”, con pistolas de juguete. Y por supuesto jugaban a “Las luchas”, donde sí salían lastimados y como enemigos, aunque estos pleitos se arreglaban la mayoría de las veces con la intervención de los padres, o el distanciamiento total de familias y amigos; todo dependía de la gravedad de las cosas.

Las niñas también jugaban a “La Matatena”, nos podíamos pasar horas jugando a esto, era muy entretenido, o podíamos jugar recortar muñecas con todo un guardarropa de papel, nos pasábamos horas pensando que éramos nosotras las que nos vestíamos así, ya que soñábamos con tener esa clase de ropa. En ocasiones cambiábamos muñecas y sus guardarropas. En otras ocasiones coleccionábamos “los oritos”, que eran los papeles de aluminio muy delgados con los que se envolvían los chocolates. Eran papeles con muchos colores y diseños brillosos, por eso les decíamos “oritos”, los poníamos sobre la mesa y les pegábamos por un lado, hasta lograr que se voltearan, quien lograba voltearlo se quedaba con él; la que tuviera más era la campeona. Un dato curioso es que todos esos “oritos” se quedaban guardados dentro de las páginas de un libro, así que aunque no leyéramos ese libro, lo cuidábamos mucho ya que guardaba nuestros valiosos tesoros; una gran ironía.

Esto ha sido todo por hoy, la siguiente ocasión les platicaré sobre el siguiente tema: sobre como estudiaban los niños de esa década.

¡HASTA PRONTO!

2 COMMENTS

  1. Como recordar esa época, también jugábamos canicas, carreterita, avión, el amo-ato matarile, a la tiendita, burro castigado, tamalada, etc., también cabe mencionar que caminábamos de ida y vuelta a la escuela solos, porque no existía la inseguridad actual, y se confiaba más en el,policía de barrio, aparte de que por la situación económica de las familias, muy picos tenían carro, o hasta bicicleta.
    Dicen que todo tiempo pasado fué mejor, y quitándomelo avance tecnológico actual, estoy de acuerdo:

  2. Hola Pepe Toño, “qué tiempos aquellos Sr. Don Simón”, son inolvidables, es verdad hay muchos juegos más, yo jugaba mucho al avión, nos la pasábamos saltando y aventando la pelotita de papel mojado, en fin, que no necesitábamos muchos juguetes para divertirnos, sólo tiempo y amigos, por eso comíamos y comíamos, además comida sabrosísima, cocinada por nuestras madres, con los ingredientes más frescos que había en el mercado, no nos preguntaban qué queríamos comer, y todo nos gustaba, y como hacíamos mucho ejercicio, nunca engordábamos. Gracias Pepe por tu comentario!!!

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