¿A poco no…? Al rescate de la grandeza de México

¿A poco no, en estos tiempos de globalización, hablar de independencia es imposible? Porque ninguna nación, aún la más poderosa, puede dejar de depender de otra, ya que no cuenta, por sí sola, con recursos suficientes como para no requerir de las demás, lo que se acentúa aún más en la actualidad, en que el uso de los combustibles fósiles va en declive. En este mes patrio, más que de independencia, se debe hablar de la capacidad que tienen los países para sostener ciertos estándares de autonomía, por ejemplo, en la producción de alimentos.

Según la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, una nación autónoma debe producir, mínimo, el 75% de los alimentos que consume. México sólo produce 55% de sus alimentos e importa el 45% de los productos agropecuarios para abastecer la demanda nacional. Syngenta, una firma suiza especializada en protección de cultivos, advirtió que podría aumentar la dependencia alimentaria de nuestro país, si no corrige la brecha entre los agricultores del norte que aplican tecnología, y los del centro y el sur, que carecen de ella.

Pero la falta de autonomía de nuestro país no se limita a lo alimentario: según la Organización Mundial del Comercio, México se colocó como el país más dependiente de proveedores externos, de una lista de 16 economías, al importar 65 centavos en partes, componentes y materia prima por cada dólar que exporta. Para ver lo grave de esta dependencia, el segundo lugar es Portugal con 35 centavos por dólar, seguido de España y Canadá que importan 29 y 27 centavos, por dólar exportado respectivamente.

Las cifras demuestran el fracaso sistemático de las políticas que tienden a la sustitución de importaciones, en gran medida, porque las autoridades suelen vanagloriarse con las sumas totales de las ventas que hace nuestro país al extranjero, sin considerar que muchas de esas exportaciones son productos maquilados, con contenidos nacionales minúsculos, a veces limitados a la mano de obra, como ocurre, por ejemplo, en la fabricación de electrónicos como las pantallas de plasma, donde el valor que se agrega en México es de sólo 5%.

Según el Laboratorio de Análisis en Comercio Exterior de la UNAM, en México no se logró impulsar una política nacional de exportación, pese a que dicha actividad impacta en el Producto Interno Bruto en 31%, además de que no se desarrollaron círculos de cadenas de suministro con base en procesos productivos sectoriales ni se invirtió en innovación ni tecnología porque, asegura el Laboratorio, “descansó su cadena de suministro en la ventaja absoluta en torno a la cercanía geográfica con Estados Unidos, pero a esa ventaja no le brindó valor agregado”.

Pero más allá de las posturas ideológicas que puedan cuestionar la pérdida de la soberanía nacional, lo cierto es que nuestro país, a lo largo de décadas, ha venido construyendo dependencias peligrosas, que ponen en riesgo el bienestar de sus habitantes. De ahí que todos, ciudadanos y gobernantes, con el más profundo nacionalismo y amor a la Patria, debemos tomar las decisiones correctas, con el fin de rescatar el mayor nivel de autonomía que permita dar a México la grandeza que soñaron sus fundadores y que anhelamos sus descendientes. ¿A poco no…?

 



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