¿A poco no…? Hacia una verdadera reforma educativa

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¿A poco no es motivo de preocupación social –y no de ocupación gubernamental- el pésimo nivel educativo de la mayoría de los mexicanos? Si en los países de primermundo se critica a la educación escolarizada, definiendo a la escuela como la institución ‘en la que se aprende a sobrevivir desaprendiendo a vivir’ -según palabras del escritor y filósofo belga Raoul Vaneigem, qué se dirá de las naciones subdesarrolladas como la nuestra, sin metodologías eficientes de enseñanza y sin continuidad en los programas pedagógicos que se van cambiando en cada nueva reforma educativa implementada por políticos y no por docentes ni especialistas en la materia.

La diferencia entre la percepción optimista de las autoridades y los resultados obtenidos hasta el momento en este rubro es clara, porque mientras que para el titular de la SEP, Aurelio Nuño, la educación va por buen camino con la Reforma Educativa de 2013, las cifras oficiales lo contradicen. Analistas coinciden en que la reforma, si bien, es un paso importante, podría resultar contraproducente y agravar algunos problemas porque no fue bien planeada ni gestada con tiempo suficiente para constituir un proyecto serio y efectivo.

El discurso oficial de que la educación es prioritaria para el gobierno de EPN, se contradice con el hecho de que, en 5 años, se ha reducido el presupuesto para este rubro en 16%; además hasta 2015, la inversión de este sector en infraestructura -4 mil millones de los casi 50 mmdp presupuestados para todo el sexenio- no ha rendido frutos: de las 3 mil 400 escuelas que en 2015 recibieron cuando menos un millón de pesos para mejorar sus instalaciones, sólo 494 –el 14%- fueron certificadas como ‘escuela digna’, lo que representa una mejora de apenas el 0.2% del total de los 257 mil planteles educativos del país.

Ante este panorama, el próximo gobierno federal deberá enfrentarse a una educación pública que deja pendientes al por mayor, como el rezago que padece el 25% de la población en edad escolar; el excesivo gasto corriente del sector que alcanza el 97% de su presupuesto, aunado a la poca inversión en educación de sólo el 1%  del presupuesto, a la baja calidad educativa y al conflicto magisterial contra la evaluación de profesores y contra el nuevo Servicio Profesional Docente, entre otros.

Si México quiere salir del subdesarrollo en el que está inmerso se debe comprometer con las políticas educativas y sacar a los políticos del sistema de enseñanza. Una verdadera reforma conlleva continuidad, transparencia, diagnósticos certeros, planeación sin improvisación, evaluación continua a docentes y alumnos y estrategias que eliminen la desigualdad y los desequilibrios educativos; en pocas palabras, un sistema de enseñanza en el que no se prepare sólo para sobrevivir sino para aprender a vivir, mediante el desarrollo de una inteligencia creadora, humana y constructiva. ¿A poco no…?

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