¿A poco no…? Un país rico con ciudadanos pobres

¿A poco no es una absurda contradicción que México sea un país muy rico, pero con millones de mexicanos pobres? Este problema tiene como una de sus causas la mala distribución de la riqueza. Prueba de ello es que ocupamos el lugar número 20 con más millonarios del mundo, pero estamos en el 15° donde existen más pobres, consecuencia de la histórica desigualdad en la que los más acaudalados equivalen al 1% de la población y acumulan una riqueza similar a la del 95% de los mexicanos. Así lo revela el estudio “La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros”, realizado por el ITAM, Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Dos terceras partes de los bienes y propiedades del país -tierras, empresas, explotaciones mineras y activos financieros-, se concentran en manos del 10% de los habitantes. Durante más de dos décadas de apertura económica y comercial, los beneficios se quedaron en unos cuantos; de ahí que el problema no sea la riqueza sino la forma en que ésta se reparte y el modelo que permite su acumulación en unos pocos. El estudio del ITAM advierte: ‘las decisiones se toman por una élite para una élite, y que son fiscalizadas por la misma élite’.

El problema de la distribución de la riqueza es aún más grave porque no proviene de las dinámicas normales del mercado, sino de alteraciones ocasionadas por la corrupción. Dígalo si no, por ejemplo, el hecho de que Pemex obtuvo, en 17 años, 9 billones 300 mil millones de pesos de ganancias que no beneficiaron a la petrolera ni a los mexicanos, y que la empresa hoy vive su peor crisis financiera y una caída histórica en la producción de crudo. Pero quienes sí se enriquecieron en forma criminal son los líderes sindicales encabezados por Carlos Romero Deschamps y algunos funcionarios y exdirectores –uno de ellos, Emilio Lozoya, acusado de recibir 10 millones de dólares de sobornos-.

Otro dato revelador: el patrimonio de los más ricos crece a un ritmo mayor al de la economía. De 2003 a 2014, la riqueza aumentó en promedio 7.9% anual, mientras que el crecimiento del PIB fue de 2.6%, profundizando la desigualdad. Así, quienes cuentan con activos financieros tienen mayor posibilidad de aumentar su fortuna, lo que no pasa con los trabajadores, cuyo ingreso depende de su sueldo. En ese lapso, de 2003 a 2014, el rendimiento de las inversiones creció en 15% anual, pero el salario aumentó sólo 4% en el mismo período.

Las cuantiosas y diversas riquezas naturales de nuestro país, cuyos beneficios deberían disfrutar todos los mexicanos, se quedan en manos de algunas privilegiadas empresas nacionales y trasnacionales, así como de un puñado de políticos y líderes sindicales que han hecho de la corrupción su modus vivendi. Así, mientras que la mayoría ciudadana permanezca en la apatía, el letargo y el conformismo, consintiendo la ambición desmedida, la corrupción y el desprecio por los demás de la acaudalada minoría, seguiremos condenados a continuar viviendo en un México rico con mexicanos pobres.

 



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