¿A poco no…? Vieja cultura política contra nueva cultura cívica

¿A poco no te has preguntado qué tanta cultura cívica tenemos los mexicanos? Cultura cívica es el sistema de valores, actitudes, conocimientos y habilidades por los que la ciudadanía se involucra de manera activa, informada y corresponsable en la construcción del bienestar colectivo, buscando fortalecer los espacios de convivencia social, mediante pautas que desarrollen la capacidad de análisis crítico en torno a la política, a la democracia y al rol que deben asumir los ciudadanos, fomentando las actitudes de colaboración y participación.

 Si partimos de la premisa de que uno de los pilares fundamentales de la democracia es, precisamente, la cultura cívica, podemos concluir que falta reforzar este pilar, ante lo endeble de nuestro sistema democrático. En tiempos de tragedia como los que vivimos, luego de los temblores en la CdMx y las entidades afectadas, la solidaridad afloró en la comunidad nacional; sin embargo, es la excepción de la regla, porque por lo general, la mayoría ciudadana es apática, no se involucra activamente ni se informa de manera objetiva ni desarrolla su capacidad de análisis crítico.

 Sí hay indignación por la corrupción de la clase política, pero ésta no se traduce en acciones que generen un cambio de actitud y conducta de quienes medran con el patrimonio de la sociedad. El activismo de los crecientes grupos cívicos, hasta hoy, ha sido insuficiente para generar consciencia social y política en las grandes mayorías que siguen padeciendo los graves problemas estructurales de pobreza, desigualdad, injusticia, inseguridad y profundas deficiencias en materia de servicios públicos, salud y educación, entre otros lastres ancestrales.

 Ello ha llevado a un desencanto con la democracia que no ha logrado consolidarse en México, lo que no es privativo de nuestro país, porque esta percepción se observa en casi toda América Latina. La precaria cultura cívica obstaculiza la consolidación del sistema democrático, por lo que se requiere de un cambio radical en la manera de hacer política, mediante un mayor involucramiento de la ciudadanía comprometida para que incida en la discusión del quehacer público, sea parte de las decisiones de gobierno que atañen a todos y de los cambios que exigen los tiempos actuales.

 Todo esfuerzo encaminado a una mayor culturización cívica y política de la comunidad nacional debe ser apoyado por toda la sociedad. El INE presentórecientemente la Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023, que pretende incrementar los niveles de confianza ciudadana, reducir el escepticismo y el desencanto político, mediante la participación activa de la comunidad con líneas de acción divididas en 3 ejes estratégicos: verdad o generación de conocimiento e información; diálogo o vinculación político-social; y exigencia de cumplimiento de la palabra pública empeñada. Si esta estrategia se logra concretar –y para ello, todos sin excepción, debemos involucrarnos-, podría ser un buen inicio para que la vieja cultura política le ceda el paso a la nueva cultura cívica. ¿A poco no…?



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