Domingo Palomero: Merlí

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¡Bon dia diumenge! Como diría yo si supiera escribir en catalán o hablar en catalán o si fuera catalán como todo el elenco de Merlí. Como frecuente obsesionado con las series en inglés, tiendo a sentir renuencia cuando se trata de una historia que te la cuentan en un idioma que no conoces; o bueno, a mí en ocasiones anteriores me había hecho perder el interés. Merlí sobrepasó ese obstáculo y todavía se plantó como una de mis series favoritas.

Les platico: Merlí Bergerón Calduch es un maestro sustituto de filosofía que salta de preparatoria en preparatoria casi siempre a fuerza porque las instituciones no aceptan su manera excéntrica de esparcir el conocimiento. Merlí Bergerón también es un güilo desatado que, en su inestabilidad filosófica, se había casado y había tenido un hijo que a la fecha de la serie tiene 16 años. Bruno Bergerón, el crío, vuela del manto de su madre y hacia el regazo del padre como resultado de un encadenamiento de eventos desafortunados para Bruno: su madre tiene que dejar el país por cuestiones de trabajo, y de amor, y es sólo su papá, al que Bruno rechaza por su inquieta forma de ser, el que queda como tutor. Así es como el papá y Carmina Calduch, la abuela paterna de Bruno y actriz reconocida y madre artista estrafalaria, y mi personaje favorito en la serie, terminan siendo los guardianes del adolescente.

La serie de eventos desafortunados que ya tenían encabritado al joven Bergerón todavía se embarullan más cuando Merlí recibe una llamada con una buena noticia, que le han ofrecido trabajo en el Instituto Àngel Guimerà, a nivel bachiller. Justo en la escuela y en el nivel académico de su hijo Bruno.

Es entonces que a un Merlí altamente erótico, de un humor negro inapagable y con un filtro social agujerado y oxidado, se le permite desempeñarse como aquello único para lo que es excepcionalmente bueno: dar clases.

Porque si algo tiene Merlí Bergerón es que incita a que el conocimiento sea tan gustoso como las fiestas o los cigarros o las relaciones púberes. Y es que hasta se las arregló para que sus alumnos se autollamaran peripatéticos en el primer episodio, estudiantes parlantes y críticos y dudosos que andan por los pasillos cavilando como filósofos barbones y griegos.

El personaje de Merlí, como lo fue el de House, o como lo es el de Sheldon, o como lo fue el de Patrick Jane (¿o es?) o como lo fue el de Castle; proyecta un hombre sabelotodo y maniático que no encaja en los cánones comunes pero que por eso logra un despilfarre de eventualidades entretenidas y, en este caso específico de Merlí, de eventualidades que llevan a lecciones importantes, de esas de vida, que dejan buenos pensamientos y buenas costumbres intelectuales y vivenciales. Ver Merlí es caer en cuenta de lo importante que significa el gusto por el aprendizaje y el constante lucubrar como pensador de la antigüedad, siempre ideando y siempre soñando. Pienso que por eso la serie de pronto intercala entre las tomas a un búho acomodado en las ramillas, queriendo simbolizar quizá la sabiduría, y quizá también por eso exhibe dos moscas fornicando en la introducción.

Merlí es de disfrutarse este bonito Domingo Palomero, por eso les deseo que las palomitas no se les quemen ni que se les vaya la luz ni que falle el internet ni que se hayan olvidado de pagar Netflix, o sea, que todo escurra suave y dulce para acabar bien una semana y empezar mejor la que viene.

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