El retorno de un viajero errante

0
449

“Si algo bueno te pasa, viaja para celebrar. Si algo malo te pasa, viaja para olvidar. Si nada te pasa, viaja para que algo te pase.”

Muy probablemente de todos los colaboradores que hacen posible este sitio, un servidor sea de los más incumplidos. La sección se llama “Martes viajero” pero pueden pasar semanas sin que aparezca un martes, miércoles, sábado, domingo, o viernes viajero.
Quisiera decir que es porque me encuentro viajando por el mundo y cuando sale publicación es sólo porque logré conseguir wi-fi en un lugar inhóspito.

La Tierra, nuestro hogar, gira 365 días sobre su propia órbita, y es más vieja que Matusalén, así que, cómo dicen: La Tierra da muchas vueltas.  Pero alejémonos del plano literal y vayamos al metafórico, ahí donde todo puede pasar.

Si bien, viajar es de las experiencias más gratificantes que pueden existir, muchas veces lo consideramos costoso; y otras simplemente no tenemos ánimos de hacerlo. Fatal error, viajar siempre nos hará cambiar, ya sea positivo o negativo. El ser humano contemporáneo sobrevive acostumbrándose en su zona de confort al estrés que esta le puede generar. Olvidándonos que la mejor forma de crecer, madurar o evolucionar es seguir la metáfora de un aguilucho.Cuando el pichón está emplumado y dotado de herramientas para poder independizarse de sus padres, primero debe enfrentarse a sí mismo y abandonar el nido dando un salto de fe y auto-confianza. Tras semanas de estar en su nido, con sus padres cuidándolo y alimentándolo llega el momento de emprender el vuelo si es que quiere vivir. Días antes de dar ese gran salto, aletea y hace ejercicios, salta de rama en rama y poco a poco se aleja del nido. Solo cuando se siente seguro de sí mismo se atreve a abatir sus alas y volar.

Igual nosotros debemos alejarnos de nuestra zona de confort si queremos vivir. Quizá seamos como el pichón que apenas bate sus alas o que ya anda brincando de rama en rama, pero tarde o temprano tendremos que dar ese salto y confiar en nosotros mismos.  No digo que nos subamos a una azotea y saltemos abanicando los brazos esperando volar. Recordemos estamos en el plano metafórico, lo que tenemos que hacer es arriesgarnos a dejar ese nido que construimos a diario, que nos heredaron o que adoptamos.

Es aquí donde viajar toma peso y se vuelve una actividad imperativa para todo aquel que quiera tomar retos. Hace poco, principios de mes, visité el pueblo mágico Pátzcuaro, Michoacán justo en un momento de mi vida donde necesitaba respuestas. Así que hice mi mochila, la cargue de dudas, miedos, inseguridades y partí. Jamás había sentido tantos nervios previos a un viaje. Las circunstancias lo permitían. El viaje no fue por cuestiones de placer, o de aventurero, fue un viaje de auto-conocimiento, aprendizaje y crecimiento. En está ocasión no puedo dar muchos detalles de este viaje, salvo la reseña del 2 de noviembre en Michoacán; que pueden leer el próximo martes. Lo único que puedo decir, aquí y ahora es que este viaje, lleno de dolores musculares, ampollas, lágrimas y risas,  no despejó las dudas que yo tenía, me planteó las preguntas adecuadas, cuestiones que estaban ahí y no veía por estar cegado con el conformismo.

Al final, ese viaje de una semana, hizo que mi vida girara 180° y se encarrilara por un sendero de optimismo y seguridad que jamás habría visto si me hubiese quedado en mi zona de confort.

Viajar no solo es para descansar, algunas veces vuelves más cansado, eso no significa que el viaje fuese malo; significa que el viaje valió la pena.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here