Luces encendidas

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Se terminaron las páginas, quedan apenas unos renglones, el tintero casi vacío, ya no quedan más letras que formen historias por escribir…se terminó.

Un par de jeans, un cuaderno nuevo y zapatos listos para partir, las luces se apagan y el vacío se comienza a sentir, pronto habrá silencio en un refugio que fue hogar de lágrimas amargas donde poco a poco se convirtieron en reflexiones cortadas por sonrisas intermitentes y fugaces, sembrando alegrías, desbordando locuras que crearon una realidad inevitable.

Cerró el libro, terminó su café ya casi frío, necesitaba alistarse; notó que alguien tocaba a la puerta, no podía creer quién estaba afuera, bajó uno a uno los escalones, ahí estaban aquellas amigas, traían consigo una botella de una bebida casi mágica, no emborrachaba pero sí desataba los líos metidos en la cabeza o en el corazón, no era costosa pero valía noches enteras de pláticas interminables.

-¿La abrimos?-dijeron con miradas sospechosas.
-Es tarde, ya no hay dónde continuar-respondió asombrada ante tal sorpresa.

Aún así continuaron la tarde en un parque lleno de árboles, y fue ahí donde lo vio de pronto, pasó con su sonrisa de siempre, sin embargo ahora no se detuvo ante ella, continuó su camino, eso sí, sin evitar regalarle esa mirada que los unía.

-¿Se han fijado?-comentaron entre ellas-Ya casi no le habla.
-Sí lo hace, pero lo hace de otras formas-contestó quien más conocía de la historia.
-¿Se habrán olvidado?-preguntó en murmullo quien se había alejado más del grupo.
Fue ahí, cuando las escucho hablar, que corrió tras de él para buscarlo, no lo encontró, pero sabía dónde hablar con él, no había mucho tiempo pero sí una eternidad por delante.

Ahora las amigas estaban con ella, y así prefería mantener esas conversaciones previas a un nuevo destino donde quizá se verían involucradas a la distancia, donde se pintaba en un lienzo unas puertas invisibles pero abiertas siempre a cada una de ellas.

Al regresar a casa lo difícil era mirar hacia atrás, cada vez que lo hacía se detenía, cada paso sería agotador, entre espejismos logró ver una luz encendida de forma permanente, unas manos le ofrecieron de esa misma luz, sin palabras, en silencio, era un regalo especial, era una luz que no se apagaría cuando comaenzar a escribir en el nuevo libro, y así frente a esa luz sabía que podría reconocer la importancia de crear letras nuevas sin olvidar la esencia de cada trazo.

Volteó una vez más y observó que a pesar de la distancia la luz brillaba igual, no era lejana y su calor se sentía caer envolviendo el camino.

Finalizada la botella, aquellas amigas, decidieron despedirse, alcanzaron a notar la luz encendida dentro de la casa, ahí estaba junto al nuevo libro, lo había comenzado, murmuraron entre ellas lo que ante sus ojos veían- ¡Qué más da, esa botella se terminó, pero necesitaremos unas cuentas más para usarlas en este mismo lugar!-riendo entre ellas lentamente se alejaron.

Las siguió con su mirada, al tiempo que unas manos tocaron su hombro.
-¿Lista?-le preguntó sonriendo a su oído.
-¿Lista?…nunca…-muy lentamente lo abrazo para murmurarle en su corazón-pero con esa luz encendida estaré dispuesta y abierta… siempre.

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