Sábado de cuentos: Los cuerpos mueren, las almas despiertan

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No descansa, viaja casi a diario, lleva en su maleta un par de blusas que reflejan su esencia, sus tenis desgastados por suelos de diferentes culturas y con ella también un gran libro de historias interminables, sí,  no terminaron de escribirse, al menos no como hubiera querido, pero sin estas historias su viaje estaría truncado.

Siete de la mañana, el aeropuerto, un café y su mochila.

Despegar y añorar su tierra, pero la ilusión la espera, aun no ha fijado destino pero sí tiene en mente lo que hará: tejer historias breves o largas, quizá otra historia interminable, pero allá donde va, se encontrará con la esperanza envuelta en incertidumbre para no caer en el conformismo.

Junto a su asiento, la observa un amable joven quien le cuenta unas historias en lo que dura el vuelo, al llegar no lo vuelve a ver.

Pone atención en su conexión, necesita regresar a donde un día fue feliz, ahí deja que sus pies en pasos cortos le recuerden la sensación de libertad, al tiempo que una pareja se besa lentamente frente a ella –“Son solo momentos”, piensa internamente. Sigue su misterioso camino en un silencio con esa sonrisa que solo la libertad mezclada con la esperanza pueden dar, ya que al otro lado del mismo destino alguien la espera con un regalo en sus manos que solo ella puede recibir, pasará tiempo para su encuentro, entre tanto sus besos se convierten en aves libres sin destino, sus pies se mantienen arraigados al piso. Sus alas, que se mueven constantemente, no la llevarán sin rumbo, su mochila ya desgastada se va llenando de recuerdos vividos que la alimentan en tiempos de soledad.

Bajo la sombra de ese cerezo con una gran copa está la banca donde ella espera…silencio…los cuerpos mueren, las almas despiertan.

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