Me he topado últimamente en textos, videos, imágenes y comentarios, el ya famoso “síndrome del cangrejo mexicano”. Que es, prácticamente, que cuando a alguna persona le empieza a ir bien en algún aspecto de su vida, pocos son los que se alegran de corazón, de verdad, muy pocos. Los demás son la parte que se cuestiona por qué a ellos sí les va bien, incluso hasta se podría pensar en que dicho éxito se deba a ilegalidades. Pues bien, de tanto ver este síndrome representado a la sociedad y la vida diaria, yo decidí pasarlo al ambiente musical o a la “escena”, como tanto se le dice.

No son desconocidos los casos en los que a algún artista o banda ya sea local o nacional tenga más éxito que otra, ya sea siendo más reconocida por la gente, más coreada en los eventos, que venda más mercancía o que salga a tocar fuera de sus respectivas ciudades con más frecuencia que otras bandas, en esos casos es cuando la “competencia” empieza a difundir los malos comentarios. Que si lo que tienen es por contactos, que pagan por tocar, que ni tocan bien, no proponen nada nuevo y podría sacar cuatro cuartillas más con ejemplos.

Mi cuestionamiento es, ¿qué logran con esos comentarios? Aparte de bilis en sus estómagos. ¿Por qué querer bajar de un nivel a alguien que por “x” o “y” se lo ha ganado? ¿Por qué no te empapas de su experiencia y buscas destacar igual o mejor que ellos? Así sí te acepto que los superes, con acciones, picando piedra, no sentado y tirando odio a diestra siniestra.

No arruinemos algo tan bello cómo la música, ya sería el colmo acabar con ella. Acepta el triunfo de los demás, te guste lo que hacen o no, hay llaves para todos los candados, hay cuerdas para todas las guitarras y hay triunfo para todos. Deja de ser parte del síndrome del cangrejo mexicano.

 

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