¿A poco no…? De la apatía destructiva a la apatía constructiva

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¿A poco no es cierto que, frente a los países desarrollados, conscientes de que la participación cívica es clave para contribuir a crear condiciones que consoliden la gobernabilidad democrática, México está a años luz de contar con una ciudadanía que sea factor de cambio? Analistas observan dos dimensiones en la participación: como medio de socialización política y como forma de ampliar el campo de lo público hacia la esfera de la sociedad civil.

Asimismo, dos tipos de crisis obligan a grupos a organizarse para exigir acciones y resultados: la crisis de representatividad del Legislativo y de eficiencia del Ejecutivo y Judicial, es decir, la crisis en los tres poderes de la Unión que, en nuestro caso, hemos padecido desde tiempos inmemoriales.

El activista Julián Lebarón, cuya familia fue nuevamente víctima de criminales al ser brutalmente asesinados 9 de sus miembros, 6 de ellos niños, desde años atrás ha hablado de la importancia de pasar de la apatía y la indolencia ciudadana a la empatía, que es la capacidad de percibir lo que otro individuo puede sentir, por lo que no es necesario vivir una tragedia que nos empuje a transitar de la apatía a la empatía, si somos conscientes que, de no actuar hoy, tal vez mañana las siguientes víctimas seremos nosotros o nuestro hijos.

Debemos despojarnos del egoísmo que justifica la pasividad bajo la falsa premisa de que eso sólo les pasa a los demás y mientras no me pase a mí, no hay problema. La participación cívica se alimenta de la insatisfacción de las expectativas ciudadanas por parte de las autoridades.

Lectura recomendada: ¿A poco no…? Peligrosas consecuencias del engaño y autoengaño.

Si la clase gobernante no cumple con su papel de solucionar los problemas de la sociedad, ésta debe participar activamente para corregir las deficiencias de quienes la representan y debe influir en sus decisiones, asegurándose que obedezcan a sus expectativas.

Así es como se puede cambiar el grisáceo y paralizante panorama de la pasividad y el valemadrismo por el luminoso y vivificante horizonte de la activa y  comprometida participación ciudadana, que es esencial para dar el paso de la apatía destructiva a la empatía constructiva. Cuestión de estar dispuestos a reflexionar en ello y, lo más importante, actuar en consecuencia ¿A poco no…?

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