¿A poco no…? El invaluable valor de la educación

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¿A poco no es pertinente reflexionar, a propósito del regreso a clases, en el valor invaluable de la educación? Y es que en el debate sobre el factor fundamental que le permite a una nación salir del subdesarrollo para acceder al primer mundo, hay quienes mencionan la riqueza de los recursos naturales; sin embargo, Japón no los tiene y es una de las primeras potencias económicas, mientras que en México proliferan y no salimos de la pobreza. Otras opiniones se refieren a la abundancia de infraestructura urbana e industrial, a los adelantos en ciencia y tecnología, a los gobiernos que nos son corruptos y a factores similares.

Pero la mayoría de los especialistas en el tema coinciden en que la educación es el pilar esencial de las naciones desarrolladas. Por ende, tiene razón quien dijo que la ignorancia es la más peligrosa de las enfermedades, y el origen de todas las demás. El escritor español Javier Marías lamentó que estamos viviendo una especie de enorgullecimiento de la ignorancia, de la bruticie. Otro español, Paco Álvarez Molina, advirtió que mientras el sistema mantiene a las personas en la ignorancia, conserva el poder.

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Por desgracia, en este país nuestro los diversos gobiernos del siglo pasado y del actual parecen corroborarlo al no mostrar el menor interés de proporcionar la medicina que cure la galopante ignorancia que nos aqueja, lo que nos recuerda a Santa Teresa de Jesús que decía: Lee y conducirás; no leas y serás conducido. De ahí la importancia de conjurar la advertencia de Herbert Marcuse: La catástrofe verdadera es la perspectiva de idiotización y manipulación total del hombre.

El despertar de la conciencia cívica debe impulsarnos a que el oscuro y desolador panorama de ignorancia y subdesarrollo intelectual se pueda convertir en un horizonte de sapiencia, preparación y capacidad de análisis crítico, en el que las lecciones de nuestro pasado pongan los cimientos en el presente para un futuro cercano en el que renazca la fe y la esperanza en un México fuerte y desarrollado al que podremos aspirar cuando todos -sociedad y gobierno- tomemos conciencia y actuemos en consecuencia en torno al invaluable valor de la educación. Se vale soñar. ¿A poco no…?

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