¿A poco no…? La crucifixión de la indiferencia y la resurrección de la espiritualidad

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¿A poco no despierta la Semana Mayor la necesidad de reflexionar en el acelerado desgaste de todo lo que tiene qué ver con lo que se denomina espiritualidad y, que ahora, suena a viejo, anquilosado y obsoleto? El materialismo que se manifiesta en la desmedida ambición del tener, más que del ser, nos ha ido apartando de la aspiración a alcanzar metas que tienen que ver con la autorrealización, la superación humana y la solidaridad social. El prójimo, para muchos, ya no es alguien a quien escuchar, con quien convivir y, en su caso, ayudar, sino alguien de quien podemos aprovecharnos para obtener beneficios personales, sin que importe si, para ello, tenemos que pasar por encima de él.

Conviene reflexionar en qué medida la pérdida de esos valores espirituales está relacionada con el acelerado incremento de los delitos, el alcoholismo, la drogadicción, el pandillerismo y el despertar temprano de la actividad sexual carente de orientación, responsabilidad y educación queha derivado en un creciente número de embarazos no deseados, madres adolescentes y abortos. Cuestión de preguntarnos, en un sincero análisis autocrítico, qué hemos hecho como padres para dar una educación espiritual a nuestros hijos, predicando con el ejemplo.

Qué hemos hecho como hijos para seguir la huella de trabajo, dedicación, honestidad y  amor a la tierra que nos heredaron nuestros padres y abuelos; qué hemos hecho como ciudadanos para contribuir a mejorar nuestra patria chica y nuestra patria grande, cumpliendo con el pago oportuno de impuestos y obligaciones fiscales, así como respetando leyes y reglamentos, cuidando el medio ambiente y participando en actividades que ayuden a la superación de nuestra sociedad y el mejoramiento de nuestro entorno.

Muchos mexicanos –en particular, los laguneros- somos expertos en justificaciones para negar nuestros errores y proyectar nuestras culpas en los demás, sin aceptar las fallas que cometemos, lo que nos impide empezar a superar nuestras limitaciones mediante el reconocimiento de las mismas yel firme propósito de corregirlas. Este es un buen tiempo para reflexionar que los valores espirituales no son cuestión de moda o de costumbre que se pueden adaptar a los nuevos tiempos, haciéndolos más liberales y acordes al mandato que rige la negación de lo anacrónico, lo obsoleto y “fuera de onda”.

Resulta lamentable que lo de hoy, para ser cool, es dar la espalda a los valores inmanentes que han regido desde el inicio de la civilización. Por el bien de uno mismo, de la familia, de la patria y de la humanidad vayamos al rescate de esos valores que son la base de una mejor sociedad y nos alejan de lo bestial que, como animales que somos, también llevamos dentro de nosotros. Sería positivo a propósito de este tiempo de Semana Mayor proponernos lograr la crucifixión de la indiferencia  y la resurrección de la espiritualidad. ¿A poco no…?

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