¿A poco no…? La razón del poder sobre el poder de la razón

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¿A poco no tiene razón el español José Antonio Marina que escribió: “¡Qué difícil es actuar inteligentemente si la sociedad se vuelve estúpida!”? En su ensayo Las culturas fracasadas, cuestiona por qué los seres humanos involucionamos en lugar de evolucionar. Somos proclives a destruir lo que nos fortalece, como el Estado de Derecho; a contaminar lo que nos da vida, como el medio ambiente; y a dificultar el camino que debe llevarnos al progreso. Lo que sucede en el mundo –México incluido- da cuenta de la falta de sentido común del género humano y su empeño en complicarlo todo:

Desde el ancestral conflicto en Medio Oriente y el terrorismo del Estado Islámico, hasta el calentamiento global y la deforestación, pasando por la crisis mundial del petróleo, la crisis migratoria y la violencia del narco, todos ellos son signos de los tiempos actuales de una sociedad despolitizada, descerebrada y manipulada. Salvo honrosas excepciones de una minoría comprometida y participativa, la mayoría de la comunidad regional y nacional vive ajena al entorno social, político y económico, desinteresada en lo que realmente le debería importar.

Lectura recomendada: ¿A poco no…? País de ciegos.

Díganlo si no los millones de mexicanos que conocen a los personajes de la series de Netflix o de las películas The Avengers, pero no saben quién es su diputado federal y menos aún quién lo representa en el Congreso local. ¿Usted lo sabe? O los que se indignaron más por el final de Game of Thrones (Juego de Tronos) y exigieron que lo modificaran, pero nada dicen ni hacen para manifestarse contra la corrupción, impunidad, ineficiencia e ineficacia de la clase política gobernante.

De ahí la necesidad de insistir en acelerar el despertar ciudadano para que rompa el paradigma de dejarse llevar por la forma y cambie su visión enfocándose en el fondo, para que sea más importante la esencia que la presencia y el regalo que la envoltura, lo que implica el regreso del sentido común –por lo general, el menos común de los sentidos- y que el poder de la razón se vuelva a imponer sobre la razón del poder. Difícil… pero no imposible. ¿A poco no…?

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