¿A poco no…? País de ciegos

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¿A poco no...? País de ciegos

¿A poco no es cierto que, al dicho: En país de ciegos el tuerto es rey, se suma este otro: No hay peor ciego que el que no quiere ver? Y es que en este México nuestro, por más positivos que pretendamos ser y ver la realidad con ojos optimistas, el peso de las evidencias aplastan a las buenas intenciones. Porque un día sí y otro también, el gobierno de la 4T o cuarta transformación parece bailar al son de la cumbia un pasito pa’ delante y 2  pasitos para atrás -y en no pocas ocasiones, hasta 3-. Para muestra, algunos botones.

Pasito pa’delante: el combate al huachicoleo; pasitos para atrás: el desabasto de gasolinas, la compra de pipas caras y sin licitación, y la impunidad hacia quienes se beneficiaron con el robo de combustible. Pasito pa’delante: anunciar el combate a la corrupción en estancias infantiles; pasitos para atrás: quitarles el apoyo a estas instituciones y dárselo –reducido-directamente a los padres de los niños, y hacer que paguen justos por pecadores, ya que sólo el 3% de las estancias presentaron irregularidades y el otro 97% no.

Otro pasito pa’delante: el anuncio de garantizar educación para todos y buscar la excelencia en el sistema de enseñanza; pasitos para atrás: desaparecer el INEE, Instituto Nacional de la Evaluación Educativa que ha dado excelentes resultados por su autonomía e independencia de la SEP, y la intención de desaparecer los exámenes de admisión. La consejera presidenta del INEE Teresa Bracho González advirtió que “no se puede eliminar al Instituto por una supuesta percepción basada en mitos y mentiras”, y que “no contar con un organismo autónomo que evalúe de forma imparcial la educación es volver al oscurantismo”.

Y así podríamos continuar con una larga lista de ejemplos de la 4T que nos recuerda aquello de: te tengo dos noticias: una buena y una mala, pero aquí es una buena, aunque 2 o 3 malas, como lo vimos en los casos citados, por lo que la comunidad nacional, que ve lo positivo de este gobierno, pero también reconoce las fallas en que ha incurrido, debe ejercer presión para hacerle ver la toma de decisiones erróneas y exigirle ejecutar acciones acertadas en las que no salga peor el remedio que la enfermedad ni el caldo más caro que las albóndigas. Sin embargo, esto sólo será posible hasta que las grandes mayorías se decidan a que México deje de ser país de ciegos. ¿A poco no…?

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