¿A poco no…? Peligrosas consecuencias del engaño y autoengaño

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¿A poco no es cierto que, como decía Abraham Lincoln (y decía bien), “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.? Esto lo han experimentado en carne propia los gobernantes empeñados en mantenerse en el poder jugándole el dedo en la boca a sus gobernados y dándoles atole con el dedo, a sabiendas de que las falsas promesas y los castillos de arena cimentados en mentiras les reditúan dividendos políticos en el corto y tal vez en el mediano plazo.

Pero cuando el peso de la realidad impide sostener el engaño, el castillo se viene abajo y no les queda más remedio que renunciar o peor aún, mantenerse en el poder mediante la fuerza. Sin embargo, hay otro tipo de gobernantes, igual o peor de peligrosos: los mitómanos que se creen sus propias mentiras y se autoengañan, convencidos de que traen la verdad en su palabra como si fueran elegidos de los dioses para llevar a su pueblo a la tierra prometida, donde ya no habrá corrupción ni inseguridad ni pobreza y toda la gente será feliz, feliz, feliz.

Parafraseando a Bertold Brecht: Hay hombres que engañan un día y son malos; hay otros que engañan un año y son muy malos; pero hay los que pretenden engañar toda la vida… Esos son los más peligrosos. Pero no tiene la culpa el mesías, sino el que lo hizo profeta, en este caso, el pueblo bueno y sabio que, en su ceguera y sordera, no puede o no quiere darse cuenta de que los sueños de opio que pintan el paraíso en esta tierra, se pueden convertir en una pesadilla con un dantesco e infernal final.

Lectura recomendada: ¿A poco no…? Las contradicciones de la 4T.

Lo hemos dicho en este espacio y lo repetiremos hasta que se concientice en ello: no hay peor ciego que el que no quiere ver, por lo que, quien tenga ojos y oídos alertas, por amor a la Patria, deberá cambiar el fraudulento e ilusorio panorama de un país dominado por las verdades a medias y las mentiras completas, por el confiable y promisorio horizonte de una nación donde impere la sinceridad con el honesto reconocimiento de los alcances y los límites que los gobernantes tienen como seres humanos y como políticos, conscientes de las consecuencias tan peligrosas del engaño y, peor aún, del auto engaño. ¿A poco no…?

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