Amorcito corazón: un tributo noir a Pedro Infante

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Año de 1957. Los detectives Ezequiel Rocha y Pánfilo Díaz — originarios de Tabucahui, Sinaloa y Bavispe, Sonora, respectivamente — no ven algo fuera de un caso normal en dos cuerpos que aparecieron medio calcinados en un lote baldío a las afueras de la Ciudad de México. Los muertos son un hombre y una mujer. Los detectives están cargados de trabajo, pues vienen de atender el caso de una mujer semidesnuda que fue encontrada estrangulada en su departamento de la colonia Doctores. Un día normal de trabajo.

Hasta que las cosas comienzan a ponerse raras para los detectives cuando en el bolsillo trasero del muerto aparece una fotografía de esa misma mujer estrangulada, y tiene una esclava de la Fuerza Aérea Mexicana que el reportero/fotógrafo de El Espectacular El Niño Palencia — amigo de los detectives, presente en la escena — dice que pertenece a un tal Capitán Cruz. Las sospechas sólo aumentan cuando, de vuelta en la Dirección General de Investigación, el Jefe Córdoba manda llamar a los detectives sólo para presentarles a un agente estadounidense que se identifica como Elvis y les dice que los cadáveres calcinados ya no son de interés ni propiedad de la policía mexicana.

Al día siguiente, esos dos mismos cuerpos aparecen en un accidente aéreo en Mérida, Yucatán. Es 15 de abril de 1957, y el muerto no es otro que el ídolo de México, Pedro Infante.

Esta es la premisa del misterio que nos golpea en cada página de Amorcito Corazón (2016), novela del sonorense Carlos René Padilla, ganadora del Concurso del Libro Sonorense en 2015, y publicada por la editorial NITRO/PRESS.

Padilla no es un desconocido en este espacio, así que sólo hay que decir que el mismo estilo que caracteriza a No toda la sangre es roja está presente en esta novela de intriga a la vez policial y política sobre lo que, para muchos, es el misterio de la muerte de Infante. Los detectives Díaz y Rocha, ambos forjados en la buena escuela de los detectives noir pero a la mexicana, se verán forzados a raíz de estos acontecimientos a luchar por descubrir qué pasó en realidad con Infante, por qué les interesa a las autoridades estadounidenses que no se sepa la verdad y qué relación tiene todo esto con la mujer estrangulada de la Doctores, cuyo caso tiene sus propios problemas para resolver.

Los personajes quebrados, excéntricos, desinteresados o cínicos — estandartes de los arquetipos del género negro — se ven aquí envueltos en una trama compacta, rápida, no sólo por el desarrollo de los hechos, sino incluso por la misma narración. No hay punto y aparte en Amorcito Corazón. Los veinticuatro capítulos y el epílogo de la obra — que van desde las dos hasta las trece páginas — son un solo párrafo en el que la descripción parca pero a la vez sórdida se cruza con el diálogo de los personajes, los cuales no están separados siquiera por un renglón largo, pero que Padilla logra no sólo mantener legible, sino que nunca se pierde el hilo de quién es el que está hablando en un determinado momento de la historia.

Y es más que esencial que se sepa quién habla en esta historia. En las 126 páginas de Amorcito Corazón desfilan algunos de los personajes de la historia de México, como Ismael Rodríguez y María Félix, y hasta se hace referencia a un tal Filiberto García, colega de Rocha y protagonista de El Complot Mongol (1969), la novela fundacional del género negro mexicano, producto de la pluma de Rafael Bernal.

En el caso de la obra de Padilla, la misma sabe lo que es. No pretende ser una novela de introspección con monólogos internos en realidad vacíos o un estudio sociológico de la sociedad mexicana de los cincuentas — aunque claro que se hace un muy buen trabajo en que las páginas suden esa época de la historia mexicana —. No. Rocha y Díaz tienen su historia, sí, pero son antes que nada hombres de acción, prácticos y que no temen soltarse un chascarrillo cáustico con tal de que se sepa bien a bien qué es lo que piensan y qué no les parece. Dos ejemplos bien trabajados del antihéroe arquetípico del noir. La escena inicial del primer capítulo es más que suficiente para introducirnos en esta mentalidad:

El carro se detuvo a escasos metros de los cuerpos. El agente Pánfilo Díaz dejó las luces encendidas y descendió del Lincoln negro. Se acomodó la camisa vaquera bajo su vieja chamarra de piel café. El Niño observó como tocaba por inercia la Smith and Wesson calibre .45 que mantenía oculta en una sobaquera en su costado izquierdo. Fue dejando la marca de sus botas en la tierra con cada paso que daba hacia los cuerpos El detective Ezequiel Rocha bajó por el lado del copiloto y cerró la puerta con un gran estruendo. El pelo engominado con brillantina Wildrot apenas se movió cuando una ráfaga de aire helado recorrió el terreno. Alisó su gabardina negra con ambas manos. El Niño sabía que también en una funda sobaquera portaba Rocha un revólver calibre .38 especial. (pp. 13 -14)

Amorcito Corazón es un libro que se disfruta leerlo. Y esto no es únicamente por la trama. Es raro cuando se puede hablar del apartado gráfico en un libro tradicional más allá de una portada excelente o una edición coleccionable, pero el equipo editorial de NITRO/PRESS ha sido desde sus inicios una excepción a la regla, y su directora de arte, Lilia Barajas, merece una felicitación por el trabajo en la obra de Carlos René Padilla. La portada remite al colorido y al mismo tiempo oscuridad de una revista pulp, hay gruesos límites negros que rodean el texto y los capítulos que empiezan en página par tienen debajo del número alguna edición de fotogramas de películas clásicas del cine negro, como Atraco Perfecto (The Killing, 1956) de Stanley Kubrick y El halcón maltés (The maltese falcon, 1941) de John Huston, alteradas para exagerar las sombras y dejar sólo tenues siluetas que nos permiten reconocer dichas escenas.

Y ante todo, está el misterio. El buen misterio que lleva a la adicción de “una página más.” Esto vuelve a Amorcito Corazón una obra rápida para leer, con un toque de nostalgia para quienes aún tienen un lugar especial en sus recuerdos para Pedro Infante, y con una historia sólida para todos los amantes del género negro mexicano.

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