Así en la vida como en el porno

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—Güey, el otro día estaba viendo una porno, era un trío: una morenita, una güerita y un pitudo…

—¿Y a mí qué?
—Ya sé que a ti qué te importa, pero pasó algo que me sacó un chingo de onda, bien cabrón…
—¿Qué pedo, duraste más de dos minutos jalándotela?
—No seas pendejo, espérate. Resulta que el pitudo tenía empinada a la morenita, y a su vez, ella se estaba comiendo la concha de la güerita. Plaf, plaf, el vato bombeaba bien duro a la morena; la embestía tan fuerte que a la morra se le olvidó por completo que tenía con las patas abiertas a la güera frente a ella. Empezó a gritar bien rico, la morena estaba disfrutando de verdad de la cogidota…
—No mames, pues mínimo que hiciera eso. Bien que les han de pagar un buen de lana para que finjan que les gusta tener un pito en la boca y el pelo lleno de mecos.
—No, güey, ese no es el punto, ¡la vieja estaba disfrutando!, eso no se hace en el porno. Deberías ver el video también para que entiendas lo que te digo. Mira, aquí lo traigo en el celular.
—Orita no quiero ver porno, menos contigo.
—Pues qué puto, para eso me gustabas. Pero ya, fuera de broma, la güerita que te cuento estaba bien sacada de onda porque la otra la dejó ahí abiertota, como novia de rancho: pero encuerada y alborotada. ¿Por qué disfrutaba la morenita?, no mames, es como ir a la lucha y ver que se están madreando de a de veras.
—Estás bien pendejo. Ya mejor me voy, tengo que arreglarme. Iré a cenar con Cinthya, hoy es nuestro aniversario.
—¿Ya cuánto tiempo tienen juntos?
—Cinco años.
—Tss, es un buen. Ya mejor róbatela antes de que se les acabe el amor. Dicen que nomás dura cuatro años…
—No seas güey, estamos bien enamorados. Te veo el fin para echar unas cheves.
—Ya estás, nos vemos.

***

—Amor, ¿te gusta el restaurante?
—No.
—Pero insististe mucho en venir a aquí.
—Pues no me gusta y ya.
—De haber sabido que te ibas a poner así ni la vuelta para venir hasta acá.
—Ya, Raúl, qué hueva das.
—Pero, mi amor, estamos celebrando otro año juntos, ¿no te da gusto?
—Sí, sí, me da gusto.
—Cinthya, te amo.
—Yo también.
—¿Tú también qué?, no tienes madre, se supone que hoy es una fecha importante para nosotros. Antes me decías que me amabas, no nomás eso de yo también.
—Ya, ya, no hagas panchos. Te amo, mi amor, ¿así está bien?
—La cagas, de veras.
—Querías que te dijera que te amaba, ¿no?
—Sí, pero no así.
—Jajaja, eres toda una nenita, pinche Raúl.
—Pinche vieja, no te rías. No sé porque te he soportado tanto.
—Porque quieres. Ya, si no estás a gusto conmigo consíguete a otra vieja.
—Sí, es lo que he pensado hacer.
—Pues te estás tardando… Oye, ¿te acuerdas de David?, ¿está guapo, no?
—¿Eso a mí qué?
—Es que me invitó a salir y le dije que sí.
—Pinche cínica.
—¿Qué?, no estás diciendo que sí piensas conseguirte a otra.
—Ya, vamos a comer y nos vamos a la chingada, ya traen lo que ordenamos.
—No te exaltes, la gente nos está viendo, qué vergüenza.
—Ya, cállate y ponte a tragar.

***

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—Estaba rica la comida, ¿no, gordo?
—No me gustó.
—Pero te la acabaste toda.
—Pero sabía a cagada.
—Payaso.
—Ya, Cinthya, no estoy de humor.
—Uy, qué delicadito… Oye… Hazme caso, oye…
—¿Qué quieres?
—Te amo.
—¿Eso qué?, no dices que te quieres revolcar con David.
—No es cierto, yo no dije eso, pero sí estaría bien… No es cierto, mi amor, es broma.
—Estás bien pendeja, Cinthya.
—El pendejo eres tú si en verdad crees que soy capaz de irme a coger con otro nomás así porque sí. Quiero estar contigo, ¿estás idiota o qué?
—Es que te pasas mucho conmigo.
—Perdóname, mi amor, es que me gusta tratarte mal, ¿me perdonas?
—Eres bien pinche.
—Pero así me amas, ¿o no?
—Sí, te amo.
—¿En serio me amas?
—Sí, en serio te amo.
—Ves, me amas aunque te trate con la punta del pie. Siempre de pinche complaciente. Ya no quiero estar con una persona así. Das hueva, Raúl. Ya me voy a la chingada. Te faltan huevos, cabrón.

***

—¿Qué onda, cómo te fue?
—Bien.
—¿Viste la porno?, está cabrona, ¿no?
—Sí, güey. La güerita se ve bien sacada de onda cuando la otra ya no le hace caso. Parece que no entiende lo que está pasando.
—No mames, ¿y quién entiende lo que está pasando?
—Carnal, nadie lo entiende.

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