El azul de las montañas  pintó el horizonte y con ello las casas pasaron de ser hogares a solo  cemento azul y ladrillo azul, los carros lujosos se volvieron fibras y metales pulidos con el azul, la ropa de marca se convirtió en solo hilos azules, las empresas se volvieron una acumulación de personas ausentes, los semáforos se volvieron aparatos de administración de mentes por tonos de azul, los días perdieron sus nombres y los números, las iglesias se volvieron solo monumentos arquitectónicos con rituales sin significado, las escuelas pasaron a ser solo programas obsoletos que no conseguían mejorar la economía cambiante del mundo o las desigualdades sociales.

Yo manejaba a mi trabajo cuando la calle y mi carro se volvieron azules, después yo me volví azul, pero esta vez ya no me asusté. Otras veces me dio pánico y me metí a bañar para quitarme ese color tan nihilista y para la quinta vez que me tallé, me empezó a salir sangre de ese mismo color y vi que no tenía caso seguir tallándome. Decidí ponerme unos lentes que recordaba eran rojos pero al encontrarlos ya habían perdido su color original, le pasó lo mismo al rímel rosa que tenía  y los pupilentes verdes que ahora eran azules también.

Desesperada no solo de ver todo azul, pero de sentir todo en azul, me fui a beber con mis amigos y como me entraba la michelada y me comía un hot dog, todo regresaba a su color normal,  me tenía que tomar más de tres mezcales para que se quedara todo de ese color por un buen rato.  En el día cuando todo se volvía azul y tenía tiempo me ponía a ver una película de comedia y el efecto duraba unas cuantas horas.

Si dejaba que el azul se apoderara de mí llegaba un momento en que los contornos de todo se disolvían y éramos una mancha azul absurda con movimiento de olas, y sabía que me ahogaría en la profundidad del azul.

 Pero esta ocasión fue diferente, porque no traía dinero para ir por unas cheves y no había películas nuevas que ver, tenía que aguantar el  azul y relajarme, no me iba a asustar más, tenía que empezar por no victimizarme por ser una pitufina,  mimetizarme con el azul de todo, rendirme al azul, ser parte de una ola y flotar de muertito,  sin protegerme de la unidad divina azul, inhalar y exhalar. Y así lo hice.

Todo hubiera salido ideal de no ser porque hoy me levanté y el rojo del amanecer pintó todo de nuevo. Las casas pasaron a ser grupos de personas disfuncionales agrediéndose todo el tiempo, los carros se convirtieron en una lucha de velocidad, la ropa de marca se volvió un letrero para separar clases sociales, las empresas un bombardeo de publicidad. Las escuelas un lugar donde los adolescentes pueden bullearse mutuamente por su aspecto físico, ¡mierda! ¿Cuántos colores tenía el  arcoiris? Inhala y exhala, me dije.

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