Cállate y rema. Instrucciones para morir: la vida a través de la muerte

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“¡Aquí sólo hay muertos!”. Con estas palabras, dirigidas por el personaje sin nombre de Ángeles Marín al público mientras lo examina con la luz de una linterna, comienza la obra de Cállate y rema. Instrucciones para morir, presentada por última vez la tarde del domingo en el teatro Salvador Novo, parte de las instalaciones de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), ubicada en Río Churubusco, esquina con Calzada de Tlalpan, Ciudad de México.

La obra comenzó en punto de las 18 horas. La trama de la misma gira en torno al personaje de Marín y su compañero – sin nombre también –, interpretado por Luis Cárdenas White, mientras buscan en un cementerio algo que pueda otorgarles la inmortalidad, pues ambos temen a su propia extinción.

Escrita en 2011 y dirigida por Ricardo Rodríguez Carnero, Cállate y rema se transforma a partir de la premisa en una exploración del significado de la vida y la muerte a través de su pareja de protagonistas, que proceden a alternar personalidades conforme “desentierran” a los muertos – representado por escotillas en el suelo del escenario –, buscando el pasado, presente y futuro, “las tres caras de la moneda”, según dice el personaje de Marín.

Este cambio de personalidades no sólo afecta su comportamiento, si no la dinámica entre los dos protagonistas.

En los saltos de una subtrama a otra, que logran por medio de entrar y salir de las escotillas y ayudados por los puentes musicales de Juan Pablo Villa – quien todo el tiempo está en un segundo piso, con el rostro cubierto por una capucha –, la pareja se transforma en una adivina ofreciendo sus predicciones a un musulmán, un doctor diagnosticando a una anciana judía y un sacerdote católico con serios problemas con su madre olvidadiza y sobre-protectora.

Así, la pareja tiene una serie de diálogos – a veces coherentes, a veces no – en el que ofrecen frases al público para su reflexión sobre la vida, la muerte, las relaciones humanas, entre otros temas. Frases como “los antecedentes no le importan al corazón”, “todos los que escriben son extremistas”, “la crueldad es el escudo de los débiles” y “el fracaso es bueno. Cuando los hombres se acostumbran al fracaso, es que están muy lejos del umbral.”

La obra se presentó del 13 de febrero al 10 de marzo. Como parte de la última función de la temporada, Gabriela Pérez Negrete, directora de la ENAT, y el actor Alberto Estrella, develaron la placa de reconocimiento a la obra de Robles, la cual será añadida a la lista de obras que se han presentado en el teatro de la institución.

Tanto Pérez como Estrella agradecieron al público presente, a Robles, Carnero, los actores y el equipo de producción por hacer de la puesta en escena de Cállate y rema. Instrucciones para morir una realidad. Estrella por su parte aclamó el resultado de la obra, y la comparó con el trabajo del escritor irlandés Samuel Beckett (1906 – 1989), especialmente su obra de teatro Esperando a Godot (1952).

En entrevista con Red es Poder, Robles explicó que, a pesar de que la obra fue escrita en 2011, “fue hasta 2015 que la platiqué con Ricardo [Carnero]” y le propuso que montara la obra. “A partir de ahí, me dediqué nomás a ser invitado y ver cómo iban ellos desarrollando su idea de la obra”, bromeó.

El dramaturgo detalló que el constante cambio en las personalidades de sus protagonistas en la obra no fue designio original suyo, si no de Carnero, pues “originalmente los cuentos estaban separados” de la trama principal. Sin embargo, Carnero “no alteró lo que dicen, simplemente el orden.”

Comentó que “yo la verdad es que no trato de imponer, mi texto tiene muy pocas acotaciones, y no trato de ponerle una idea a ningún director. Creo que esta obra es de Carnero y de los actores, y ahí es un proceso que hicieron ellos.”

– ¿Alguna frase o pensamiento que considere su favorito, algún diálogo que le haya gustado más escribir?

– Híjole, pues mira, hay muchísimas emociones, hay algunos buenos chistes y otras partes que me parecen muy dolorosas. A mí me gusta muchísimo el monólogo del musulmán, porque habla de esto que la obra es un canto a la vida. Hay un monólogo donde él empieza a hablar, dándole vueltas a un verso, “desperdiciando el tiempo que me queda, malgastando los afectos como si mis padres tuvieran la obligación de hacerlo y mis amigos fueran eternos.” Eso a mí me gusta mucho. No es muy chistoso, pero ese me gusta mucho [ríe].

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