Corrupción, la historia interminable

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¿Cómo es posible, que habiendo tantos organismos anticorrupción, sea un problema cada vez más profundo?

Con la publicación del Índice de Combate a la Corrupción, elaborado por Americas Society/Council of the Americas, se vuelve a hacer visible la inutilidad de los organismos que tratan de erradicar este fenómeno, tan arraigado a nuestra cultura.

México reprueba en combate a la corrupción; antepenúltimo de Latinoamérica.

Empezando con la manera en la que se trata de erradicar el problema, la cual tiene un enfoque completamente equivocado,  el combate a la corrupción en México, es el equivalente a la lucha que se lleva contra la diabetes en el país. Se tratan las consecuencias, miles de personas sufren malestares provocados por un estilo de vida, que pudo haber sido prevenido.

En vez de procurar, desde temprana edad, la correcta alimentación y evitar la vida sedentaria, hasta que no se diagnostica al paciente con diabetes, se empiezan a tomar los cuidados necesarios. Pero el mal ya está ahí.

De esta misma manera, la corrupción trata de ser terminada después de ser ejecutada, en vez de ser prevenida para que no llegue a suceder; en vez de educar y enseñar a los políticos y servidores públicos, bajo el correcto ejercicio de sus obligaciones hacia con la sociedad, se ha llegado a la conclusión de que aquellos que trabajamos para el Gobierno, estamos ahí para servirnos de él; por ello, desde el enfoque del problema, hay complicaciones en su resolución.

Otras circunstancias notables de este fracaso son las herramientas que usa el sistema para combatir la corrupción. ¿De qué nos sirve, tratar de castigar los actos de corrupción, llevándolos a instancias conocidas por esas mismas prácticas?

Las fiscalías y el poder judicial son, desgraciadamente, un ícono del mal uso del poder en México y dependemos de ellos para llevar a cabo las reprimendas hacia los políticos y servidores públicos, que son acusados de ello.

Entonces, ya no solo tratamos de resolver la diabetes después de enfermar, sino que aparte, al ir al hospital, te dicen “claro, venga por su medicamento en tres meses” y a la hora de llegar, no hay sistema, no hay medicamento, no hay quien te atienda, o alguien con injerencia en el lugar, se llevó todo el medicamento.

En Coahuila, tenemos el ejemplo de los 200 millones de pesos que fueron desviados de un fondo federal, el mismo que debía de ser aplicado en el sector salud. ¿Por qué las autoridades en materia anticorrupción no están ocupadas en resolver ese asunto? ¿Por qué, a pesar de que Javier Duarte está involucrado en la desaparición de 300 millones de pesos en Veracruz, su multa es de solamente 80 mil pesos? Pareciera que la búsqueda de justicia es un discurso vacío, que además, genera un gasto extra al erario, pues la labor de aquellos que conforman estas instituciones no es gratuita.

¿Sirven de algo las instituciones dedicadas al castigo de la corrupción?

Deben de servir para que la sociedad tenga una idea más clara de cuáles son sus circunstancias, y de que si bien la justicia pudiera seguirse simulando, debemos de involucrarnos activamente en su búsqueda, porque mientras la continuemos dejando en las manos de otros, aquello de lo que también somos responsables, nada cambiará; y no solo desde la búsqueda del castigo al corrupto, sino desde la prevención de que, en nuestra propia consciencia, esos actos que afectan a nuestra sociedad, no los llevemos a cabo.

Información adicional en Reforma.

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