De contradicciones y desencuentros…

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La Real Academia de la Lengua Española, define el concepto de contradicción como una afirmación y negación que se oponen una a otra y recíprocamente se destruyen.

Aristóteles hablaba acerca de la contradicción mencionando que para que ésta exista la primera afirmación tiene que descansar sobre la otra que es opuesta, y ésta otra hace su efecto en la primera, aceptando la codependencia o correspondencia de ambos postulados.

Hegel, contrario a Aristóteles, sostenía lo siguiente; “todo es inherentemente contradictorio”, donde para el mismo no solo la contradicción es una característica del pensamiento sino uno de los agentes sobre el que se configura la naturaleza dialéctica del mundo; es decir, la contradicción viene a ser el recinto sobre el que transcurre el raciocinio conjunto a sus leyes, formas y habitualidades de expresión.

Para Jacques Lacan, el inconsciente está estructurado como el lenguaje, por tanto, el inconsciente es lenguaje. En la operación del lenguaje proliferan elementos que propiamente se contradicen, se “desdicen” uno de otro, pero que suelen encontrar una verdad que no está dicha, que escapa a los lineamientos en los cuales el sujeto a aprendido en su “decir” del lenguaje. Para entenderlo de mejor manera, el lenguaje es lo que veríamos si nos paramos en una playa, donde contemplaríamos que hay un inicio pero no un final (al menos no perceptible), donde veríamos que hay una capa de agua más no veríamos la profundidad; es entonces que lo que podemos percibir del mar es la capa más superficial y que es el resultado de lo que en profundidad y extensión existen. Todo esto nos daría a entender que tal como el mar, el lenguaje tiene un lugar, sin embargo, ésta sería la única diferencia con el ejemplo expresado: el lenguaje no tiene un lugar fijo, por tanto, visualizar el contenido de su fondo podría darnos más de una vida para entenderlo, comprenderlo y hacerlo consciente. Lo que sí sabemos es que este contenido, en su gran medida expresa contradicciones.

Todo este preámbulo me lleva a aperturar algo que podríamos llamar “un principio de contradicción” traducido a los actos humanos.

Las redes sociales en un periodo menor a 4 meses han sido el lugar de la demostración de diversos temas sociales que se han puesto sobre el análisis de letrados hasta cualquier individuo que siente la posibilidad de opinar acerca de ese escenario mostrado, teniendo temas que van desde la aprobación de la ley del aborto en Argentina y otros países, actos de feminismo y hembrismo en diversas partes del mundo, el aborto como alternativa y/o derecho universal, los casos de pederastia de la iglesia católica, así como últimamente podríamos mencionar la posibilidad de una mujer (pasando por un proceso de transformación de fisiología de hombre a fisiología de mujer) a estar en un concurso de belleza.

Lo que resulta interesante de estas eventualidades y que pondré como foco de análisis del artículo es cómo la contradicción, estrategia de proliferación del lenguaje es expresada en aquellos modelos donde el lenguaje se comunica (el habla, la escritura, la escucha principalmente) para darle figura a lo que el fondo desde su construcción quiere mostrar. Entonces me he tomado la libertad de leer, observar e identificar los posicionamientos de diversos usuarios en redes sociales ante estas situaciones que hilan perfectamente más que lo que pensamos, aquello de lo que estamos hechos: la contradicción.

La expresión formula posicionamientos en donde se marca una notable preferencia del sector femenino hacia movimientos donde se luchan por sus derechos, enfatizando un acuerdo constante a proveer la libertad, el derecho y la equidad como fuentes de rebelión hacia el patriarcado, donde existen opiniones encontradas por las formas en que estas quieren hacer valer su presencia como mujeres que van desde actos vandálicos y que pudiesen ser catalogados como ofensivos no solo hacia el otro género sino también hacia su mismo género, hasta actos de presencia social donde desde la actividad profesional, política y/o personal, se fomentan valores de esclarecimiento en relación al término; parte de estos movimientos se enlazan con la posibilidad de que la mujer tenga el derecho al aborto y ser dueña de su propia sexualidad; tema que sí ha puesto a las masas divididas donde un alto grado de hombres y mujeres condenan el acto, lo sesgan o lo parametrizan de acuerdo en muchas ocasiones de la posición subjetiva que conlleva la creencia (religiosa, política, social o ideológica), mientras que un porcentaje menor vehiculiza el aborto como una alternativa de salud y calidad de vida.

He de destacar que este tema ha sido sensible, pues se leen desde comentarios donde la violencia es el foco de argumentación, donde se ofende la libertad sexual y de decisión que del sujeto emana o en este caso de las mujeres. He de mencionar que en muchos casos la mujer que justifica su libertad (aludiendo al feminismo), es la misma que condena la libertad de otra mujer de decidir sobre si tener o no a un ser humano. También se ha de destacar posiciones de hombres en donde la mujer es consignada como un objeto sexual, físicamente deseable pero no amable; como elemento para eludir una vida en pareja pero que es castigada por pensar en la posibilidad de que sea ella misma – sin su intervención ni aprobación- la que decida y tome riendas de su vida.

Estos posicionamientos trascienden la esfera infantil, donde constantemente han salido investigaciones donde el sacerdocio ha cometido crímenes sexuales por años en diversas partes del mundo y un alto grado de la población justifica los actos cometidos e incluso otras más los entiende como un “acto de Dios”, donde no solo se justifica, se enaltece el abuso. La presencia del mismo está tan anudado al entramado del lenguaje que la verbalización del contenido ha sigo ligado a un afecto de goce en el ser humano, entonces escuchamos constantemente palabras como “puta”, “piruja”, “lencha”, “machorra” dichas con el fin de agredir y siendo introyectadas como gratificación, (anudándose el amor a partir del odio) mostrándose la paradoja “para demostrarte que te amo, he de demostrarte que te odio y para demostrarme que me amas, haz de demostrarme que me odias”.

Tan profunda es la contradicción que lo que podemos defender puede ponerse en tela de juicio ante aquello que en sola apariencia no conocemos dimensionando la explicación de que la mujer es existencia natural por biología y parcializándola nuevamente de todo aquello que la forma, con argumentos que se encierran en la contradicción de: “Defiendo la libertad de la mujer, pero solo la tan llamada mujer natural, aquella que no lo es la condeno.”

¿Dónde se encuentra la contradicción? Se fundamente donde aquello que defiendo, lo condeno; donde la experiencia 1 acota a la experiencia 2 y entre ellas coexisten perturbándose de manera que nos resulte imposible pensar que verdad están encubriendo ambas.
Si los ejemplos aun no clarifican la contradicción puesta en el lenguaje, pongámonos en nuestras vivencias del día a día, donde probablemente aparecen un sinfín de contradicciones como, por ejemplo, sentirme en la necesidad de preservar una relación de pareja cuando es insostenible la lealtad, confianza y comunicación; el verbalizar que en mi trabajo no estoy logrando la satisfacción necesaria y decidir constantemente quedarme; mencionar que mi atracción sexual va dirigida hacia mi mismo sexo, pero constantemente acepto tener relaciones sexuales con mujeres. El querer constantemente no ser abandonado, pero hacer todo lo posible para que el Otro se vaya, etc.

Ejemplos hay muchos, si nos ponemos a analizar, nuestro lenguaje siempre expresará la contradicción en todas las formas que pueda. Tantas de estas contradicciones son necesarias mientras que el sujeto no aperture la verdad que esconde la contradicción. El objetivo entonces del sujeto es llegar a la verdad que enmascara la contradicción.

Entonces, si somos seres contradictorios, pongámonos a predecir cómo será la calidad de nuestros encuentros con el Otro, siendo que ese Otro también guarda sus propias contradicciones.

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