Del Toro aún no decide si hará película basada en libro de Lydia Cacho

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Luego de que el año pasado la periodista Lydia Cacho aseguró que Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro producirían un filme basado en su libro Los demonios del Edén, esta semana Guillermo del Toro declaró que confirmará su participación como productor en la cinta “hasta que lea la versión final del guión”.

“Bertha (Navarro, su socia) lleva todas las producciones de Latinoamérica y México, aún se está haciendo el guión, puede ser que lo produzca, tengo que leer el guión. He platicado con Lydia, pero platicar es platicar y un guión es un guión”, destacó el cineasta y confirmó que Patricia Riggen (directora de La misma luna) dirigiría la historia.

Los demonios del Edén es una investigación periodística de Lydia Cacho publicada en 2005, en la que la feminista denuncia, a través de fotografías, audios, evidencias documentales y testimonios de las víctimas, una gran red de corrupción, lavado de dinero, trata, prostitución y pornografía infantil en la que estarían involucrados políticos y empresarios hoteleros e industriales, principalmente de Cancún y Puebla. Asimismo, la también activista expuso a diferentes personajes de la política y la clase empresarial mexicanas que protegen esas redes criminales.

El líder y la figura central de estos delitos era el empresario hotelero libanés Jean Succar Kuri, el cual reconoció en un vídeo haber tenido relaciones sexuales incluso con niñas de cinco años de edad. Fue detenido a mediados de 2004 en Chandler, Arizona, a petición de la PGR y la Interpol. Un año después, fue extraditado a México donde fue recluido en un penal de Cancún.

En 2007, Succar Kuri fue trasladado al CEFERESO de máxima seguridad “El Altiplano”. En 2010 se le trasladó nuevamente a Cancún, donde fue condenado a 13 años de prisión. El de 3 de mayo de 2011 fue nuevamente enviado al Altiplano, donde finalmente se le condenó a 112 años de prisión. En 2018 un juez ordenó su traslado nuevamente a Cancún, aunque diputados de Morena pidieron a la PGR impedirlo ya que ello significaría aminorar su condena.

A consecuencia de este trabajo, la periodista Lydia Cacho ha sufrido persecución y amenazas de muerte, entre otras represalias.

El 22 de junio de 2005 fue acusada de difamación y calumnia ante medios de comunicación y autoridades de Puebla por el empresario textilero Kamel Nacif Borge “El Rey de la Mezclilla”, tío y primo respectivamente de los exgobernadores de Quintana Roo, Miguel Borge y Roberto Borge. El 16 de diciembre del mismo año Cacho fue detenida por la policía judicial de Puebla en Cancún, Quintana Roo. Desde aquel estado fue trasladada vía terrestre a Puebla –donde se le buscó procesar por difamación– a lo largo de mil 500 kilómetros, esposada, en un viaje de 30 horas. Se le liberó tras pagar una fianza de 70 mil pesos.

Lydia Cacho aseguró que durante el tiempo que duró su traslado de Cancún a Puebla, los agentes que la detuvieron la torturaron de diversas formas y amenazaron con violarla.

El 14 de febrero de 2006 el periódico La Jornada sacó a la luz una grabación telefónica donde Kamel Nacif felicitaba al entonces gobernador priista de Puebla, Mario Marín, por la detención de Cacho. Ésta fue la primera de una serie de conversaciones de Nacif reveladas por el mismo diario, que daban cuenta del papel del empresario en lo ocurrido.

De igual forma, Cacho continuó enfrentando acoso jurídico del empresario, a la par que libraba una batalla judicial en busca de un castigo a los responsables de su detención arbitraria. En 2017 la autora de Esclavas del poder logró que se le dictara sentencia al policía José Montaño, comandante de la policía de Puebla cuando la detención. En agosto de 2018 la ONU-DH ordenó una investigación exhaustiva y ese mismo año fue capturado otro de los agentes ministeriales involucrados.

En enero de este año la periodista recibió una disculpa pública por parte del Estado mexicano, en una ceremonia presidida por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas.

Otro de los trabajos que han puesto en riesgo a la periodista fueron sus investigaciones sobre un presunto caso de despojo de tierras en Tulum y Puerto Morelos, Quintana Roo. Los reportajes, publicados en Aristegui Noticias, le trajeron nuevas amenazas en 2017.

La ganadora del premio Reporteros del Mundo 2018, dibujó su visión del periodismo en una entrevista de Rafael Cabrera para la revista Gatopardo:

“Cada vez que salgo a la calle a documentar cualquier tipo de historia, tengo que quitarme la coraza para tratar de comprender a la otra persona y no prejuzgarla. Para mí ése es el buen periodismo. No hablo de empatía hacia un pederasta o un asesino, pero sí hay que atreverse a buscar en la historia de los personajes qué los hizo convertirse en lo que son. Si no lo haces, tu pieza periodística será un cliché. Nunca he estado encantada con los grandes medios. Me parece que les estorbo. El cinismo vuelve crueles a las personas. Yo tuve claro que no quería ser así porque te ciega de la realidad”.

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