Dispárenme como a Blancornelas: ser periodista en un país donde no pasa nada

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La reportera Belén Arazaluz sueña que mata a George Bush durante su visita a Los Cabos, Baja California Sur; un reportero gráfico de Ensenada se convierte en escritor, y de la nada, es invitado a una reunión de Bibliocleptómanos Anónimos en La Paz; Marcelo Cota, un biógrafo de empresarios ególatras y autoindulgentes del Norte, decide escribir sobre la vida de Argemiro Montaño, un poeta político caído en las garras del alcohol y muerto en extrañas circunstancias.

Estas son sólo tres premisas de la colección de seis cuentos Dispárenme como a Blancornelas (NITRO/PRESS, 2016), del autor Daniel Salinas Basave y ganador del Premio Regional de Cuento Ciudad De La Paz en 2014.

También autor del libro de cuentos Días de Whisky Malo (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2014), ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2014; el libro de ensayos El lobo en su hora: la frontera narrativa de Federico Campbell (Centro Cultural de Tijuana, 2016), ganador de Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Literario 2015; y el libro de cuentos Juglares del Bordo (Fundación El Libro, 2018), ganador del premio de la Fundación El Libro Argentina 2018, Daniel Salinas Basave nació en Monterrey, Nuevo León en 1974. Su camino por las letras comenzó en el periodismo, como reportero en El Norte de Monterrey. También ha colaborado en Esquire, Gatopardo, Milenio y Replicante, y pertenece a la generación fundadora del Diario Frontera de Tijuana, donde reside desde 1999. Otras participaciones suyas incluyen el cuento Una ristra de plomo para Jericó Baltazar, incluido en la colección Latinoir (NITRO/PRESS, 2018), y el prólogo de No toda la sangre es roja (2017), del sonorense Carlos René Padilla, obra también reseñada en Red es Poder.

A pesar de ser licenciado en Derecho, su largo paso por el periodismo pagó con creces en Dispárenme como a Blancornelas. Con 190 páginas en total y una narrativa contundente, directa, en ocasiones salpicadas de datos o referencias a hechos históricos – lo que le da un aire de crónica periodística -, el libro ofrece a través de sus seis historias a reporteros o ex reporteros de tropa, la infantería, que viven en carne propia las vicisitudes del periodismo, sus contradicciones, hipocresías, su unión con una u otra cara del Estado burgués, y sobre todo, sus personales sueños y deseos de gloria – o lo que consideran gloria –, “aunque al final del día todo quedara en una notita de cuatro párrafos refundida en las inexploradas páginas interiores”, como declara desilusionado el protagonista del relato que titula el libro.

Esta búsqueda de sentido en un ambiente tan concentrado en el día a día de la sociedad humana, en la “Historia con mayúsculas” como dice uno de los compañeros de redacción del cuento Cita con la historia, y a la vez paradójicamente semiaislado de la realidad – atado a intereses políticos y económicos, muy alejados de la ilusión abstracta del “amor a la verdad” –, aunque es representado de una u otra manera por todos los protagonistas de la obra de Salinas Basave, halla sus dos mejores portaestandartes en su cuento de obertura, y el de cierre: Dispárenme como a Blancornelas y Muerte accidental de un pasquinero, los cuales pueden ser considerados dos caras de la misma moneda de esta “escritura fronteriza”, como le llama Salinas Basave, no sólo por concentrarse en la zona del Norte mexicano más cercana de la frontera (ejemplo, su querida Tijuana), sino “también porque el lenguaje de esas historias es el slang de la frontera, de la calle, muy diferente del que se habla en Ciudad de México”, como dijo al medio La Nación.

En Dispárenme como a Blancornelas, un reportero de nota roja tijuanense ascendido a coeditor contempla su vida conforme se transforma en el lobo más viejo de la redacción, acumulando sobrepeso mientras otros salen a la calle y graban su nombre en la pared de la historia, cosa que él siempre ha soñado con hacer. En su monólogo aparecen grandes nombres del periodismo mexicano caídos o atacados por su ejercicio de la libertad de expresión, como Manuel Buendía, Héctor Félix Miranda, y por supuesto, Jesús Blancornelas, a quien desea imitar por sobre todos los demás. La búsqueda aquí se da desde la negación a una vida completamente intrascendente, debatida entre una familia en lenta descomposición, amigos que se van o empiezan sus propios sueños, y una empresa que intenta de todo para hacerlo renunciar para ahorrarse el dinero de su jubilación. Sólo el sueño de ser el nuevo Blancornelas queda para este reportero añejado en el escritorio de la redacción, y antes que el reloj llegue a la medianoche de su vida, decide que intentará cumplir su última esperanza de eternidad. Como sea.

Por otro lado, Muerte accidental de un pasquinero, el cuento más largo de este “six pack” narrativo – como Salinas Basave llama a sus compendios –, se centra en el otro lado de la búsqueda de sentido, la búsqueda del otro y en el otro. Marcelo Cota, el protagonista, se lanza a rescatar la vida tórrida y golpeada de Montaño, hijo de un guerrillero de Nacozari de García, Sonora, un gran lector y poeta convertido en un periodista contestatario e irónico cuyo carácter explosivo lo llevó a una lenta caída, a una muerte inreclamada e indiferente, aún rodeado de una sociedad indignada por los crecientes asesinatos de reporteros, las buenas lenguas del periodismo. O las malas, pues como Marcelo concluye: “las malas lenguas, que en el mundo del periodismo son todas…” La búsqueda por este genio olvidado en perpetua desgracia, a través de los ojos de Marcelo, se vuelve una cacería por la grandeza, la congruencia y el absurdo engranados en el personaje de Montaño, tal vez demasiado (in)consciente para su propio bien.

El absurdo y la cordura se encuentran en las páginas de Salinas Basave. El regiomontano alguna vez dijo sobre su literatura y sus personajes a SinEmbargo:

Generalmente, son personajes que están en la frontera del absurdo, suelen ser personajes tristes, pueden ser personajes fuertes, a mí me gusta mucho el rock y trato de escribirlo así. La misma experiencia que tengo con un disco metalero es lo que quiero que tenga el lector con un libro mío. Quiero una literatura de puño cerrado, de enseñar dientes, de patear las calles, me gusta ante todo contar una historia, con personajes que tengan sangre en las venas y que suden. Yo siempre he sido lector, para mí el personaje más importante es el lector, siempre trato de mirarlo a los ojos, porque leer es un acto de generosidad y de fe.

“La lectura es un acto de embrujo, un viaje que nunca termina”, dijo a su vez el escritor al periódico digital Vanguardia. Su máxima es probada con satisfacción en Dispárenme como a Blancornelas, un viaje por la realidad y la ficción que involucra el periodismo en México, y se sostiene como una lectura recomendable para los reporteros y ciudadanos que gusten de una reflexión sobre lo que es ser periodista en un país donde, como dijo la periodista colombiana Margarita Solano, “como que no pasa nada”.

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