El Rey Criollo: la onda de la clase media mexicana

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El Rey Criollo, el primer libro de relatos de Parménides García Saldaña, uno de los autores titulares de la llamada “Literatura de la onda” – fue el único que aceptó el término, de hecho –, es un texto que aborda uno de los temas recurrentes en la literatura moderna: la juventud, la juventud perdida, la juventud juzgada. La juventud que se rebela, a veces – pero no siempre – por el puro deseo de rebelarse.

Este tema, como muchos otros, ha sido tratado de tantas maneras y de formas tan variopintas, que se hace necesario conocer el contexto en que vivió García, de forma que podamos entender el punto que se encontraba la juventud en nuestro país. Parménides García Saldaña nació el 9 de febrero de 1944 en Orizaba, Veracruz, y murió el 20 de septiembre de 1982 en la Ciudad de México, donde estudió economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Ciencias Sociales en la Universidad Iberoamericana.

García vivió, pues, la expansión de la Ciudad de México – las colonias Narvarte y Nápoles son las favoritas en sus cuentos –, presagio de la enorme mancha gris que es hoy; el rápido crecimiento de una clase media urbana mexicana, producto del “milagro mexicano”; y el punto de quiebre de este modelo con las protestas estudiantiles de 1968, que acabaría con sangre sobre la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Así pues, no extraña para nada leer en El Rey Criollo la hegemónica perspectiva de protagonistas con todo el corte pequeñoburgués, a saber: hablar el inglés fluidamente – hasta francés en un par de ocasiones –, tener albercas, carros, tragos de buen gusto, un lenguaje altisonante pero que a la vez utiliza términos considerados “fresas” (como “padre” para referirse a algo bueno o agradable), familiares o amigos en el extranjero, noches de fiesta sin apenas preocupación por la seguridad laboral, y por supuesto, mucho rocanrol. Los personajes – jóvenes en su mayoría –, se encuentran en un punto de comodidad.

Sin embargo, no es simplemente la vida loca lo que García retrata en los once cuentos que componen la colección, publicada originalmente en 1970 por Editorial Diógenes S. A.

El Rey Criollo es también el grito de una clase media confundida en su rápido ascenso, la juventud quebrada ante la incertidumbre que sería 1968 – nada se menciona de los famosos movimientos que ocurrieron en Francia, Japón y por supuesto México, pero es evidente que la misma desilusión con lo tradicional que caracterizó a las protestas, está presente en las actitudes de los personajes de García –; quebrada ante sus contradicciones, su máscara de progresismo tras la que están unos profundos valores reaccionarios, como la misoginia y la homofobia (expresada en los cuentos Aquí en la playa, donde Pablo, el protagonista, se refiere a un prostituto vestido de mujer como “maricón”, y Good Bye Belinda, en la que los amigos del protagonista planean literalmente violar a una mujer, aunque no llevan a cabo sus intenciones); quebrada por la glorificación de una revolución por parte del gobierno que ellos ya no entienden, con el cine ranchero del cual Pedro Infante y Jorge Negrete fueron sus reyes indiscutidos; quebrada por sus noches de borrachera, algo que Parménides García conoció íntimamente, pues su alcoholismo lo persiguió toda su vida, boicoteando su propio arte; quebrada por sus peleas intestinas, como en el cuento que da nombre al libro, el último, donde una riña en el cine está fondeada por la música de Elvis Presley, El Rey Criollo.

La música no es algo accidental en este cuento. De hecho, es algo fundamental de la narrativa, no sólo de García, no sólo de la Onda, si no de la literatura subversiva de la época, como las famosas novelas de los Beatniks, Aullido (1956) de Allen Ginsberg y On the Road (1975) de Jack Kerouac, ejemplos de los esfuerzos por el movimiento Beat (que podríamos considerar hermano distante de la onda) por hacer de la prosa una canción de bebop, como García hace de sus cuentos una canción de los Rolling Stones (de hecho, cada relato empieza con la letra de una canción de dicha banda). Hay referencias a canciones de otros géneros, como Sombras de Javier Solís, pero fundamentalmente, El Rey Criollo es la expresión de una cultura juvenil que está comenzando a recibir las influencias externas, en especial de los Estados Unidos, y de los inicios del rock que habría de generar muchas tribus urbanas, credos y enemigos. No por nada, el Primer Concurso de Cuento Breve de Rock, que publicó su antología el año pasado, llevó por nombre Parménides García Saldaña.

Y, entre todo lo mencionado, permanece el ser joven en una época confusa, ser joven y querer permanecer joven, ser joven y no saber para qué ser un adulto. Como dice el protagonista de En noches como esta:

Somos jóvenes. Nos deseamos. Podemos desearnos siempre. A todas horas, en todo instante, una y otra vez sin conocer el cansancio, el tedio, la aceptación forzosa. En un momento nuevas sensaciones se revelan en cada uno de nosotros. ¿No es verdad, Susana? ¿No es verdad? Aunque sea durante dos semanas. Dos semanas del mes de enero. Vamos a separarnos. Nos alejaremos. Vendrá el olvido como los meses. Y todo terminará cuando la rueda de la fortuna vaya deteniéndose en la última vuelta. Todo se irá. Iremos olvidando, Susana.

Parménides García – quien aparte de El Rey Criollo, publicó la novela Pasto Verde (1968) – falleció en 1982, prácticamente olvidado, a pesar de su contribución a la literatura mexicana, como pasó con algunos de La Onda, rechazada en su tiempo por los círculos literarios del oficialismo. Pero, a pesar de sus miras un poco estrechas, El Rey Criollo es un ejercicio realista por retratar las ansiedades de una población siempre bajo el vilipendio, un esfuerzo narrativo que por momentos retrata perfectamente problemas que se traducen al hoy (por ejemplo, una conversación por teléfono entre dos novios en Bye bye love, que escala rápido de tono), y una lectura digna para los jóvenes de la era digital.

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