La idea de Nietzsche que cambió toda mi vida (y la tuya también)

0
430
La idea de Nietzsche que cambió toda mi vida (y la tuya también) red es poder

Antes de comenzar con la exposición del texto, es preciso aclarar la necesidad de tener cuidado al acercarse a los conceptos de Nietzsche, ya que sus ideas pueden ser fácilmente malinterpretadas o malamente radicalizadas. Su lenguaje cargadamente metafórico y simbólico hace más proclive la malinterpretación de sus ideas, y una lectura literal de sus textos nos conduce a extremos ingenuos y alejados de las verdaderas intenciones del filósofo alemán. El mayor ejemplo de lo anterior se vio en cómo, tras su fallecimiento, su hermana manipuló sus escritos, haciéndolos pasar por más simpáticos al ideal del movimiento nazi, que no dudó en interpretarlos a su conveniencia. Se sabe que Hitler fue un gran (gran mal lector) de Nietzsche. Quizá el hecho irrefutable es que es imposible ser el mismo antes y después de leer y conocer aunque sea un poco de Nietzsche

Como hemos escuchado varias veces, Nietzsche pensó que dos mil años de cristianismo ha sido un camino errado por el que el hombre se ha enajenado a sí mismo. Y ante esto, será necesario renunciar a todo lo que hasta ahora se ha considerado “bueno”, “santo” y “verdadero”. Nietzsche representa así la crítica más extrema de su época contra la moral, la religión y la filosofía. Como sabemos, para poder entender a un filósofo es indispensable conocer su contexto, es decir, conocer aquellas circunstancias que lo rodearon durante su vida y lo llevaron a pensar lo que pensó y, sobre todo, «cómo» lo pensó. En el caso de Nietzsche, su abuelo y su padre fueron pastores protestantes, por lo que se educó en un ambiente estrictamente religioso. Este es el caso de aquellos genios que por conocer tan bien la religión, por vivirla tan en carne propia, pudieron apreciar en primera fila toda su hipocresía y vacuidad existencial.

El eterno retorno

Para Nietzsche, como buen ateo, el cielo prometido por los cristianos es una creación conceptual absurda. El eterno retorno propone una concepción de la vida y de la existencia totalmente materialista: esta vida, este presente es verdaderamente lo único que existe.

Nietzsche dice que no existe más que el presente, el aquí y ahora, el mundo que vivimos hoy. El pasado ya fue, ya no existe, y el futuro todavía no existe, por lo que el hombre debe ser fiel al presente que vive, la única realidad que podemos vivir realmente.

En términos sencillos, la idea del eterno retorno es la siguiente: Lo que quieres, quiérelo de tal manera que quieras también su eterno retorno. Haz cada cosa, por insignificante que parezca, de tal forma que, si tuvieras que volverla a vivir un número infinito de veces, lo harías con gusto y no deseando que nada fuera diferente. La pregunta que nos dirige Nietzsche es: Si tuvieras que volver a vivir tu misma vida un número infinito de veces, ¿sería esto para ti una condena o una dicha?, es decir, ¿te encontrarías como alguien dichoso que pudiese decir «¡Qué dichoso es volver a vivir esta existencia una y otra vez!» o esto significaría para ti una condena y dirías «¡Qué tormento es volver a vivir esta miserable vida una y otra vez un número infinito de veces!»?  La reacción que cada persona tenga a esta pregunta podemos considerarla como el criterio que nos indica si realmente estamos aprovechando, viviendo, disfrutando nuestra vida o si, por el contrario, la estamos desperdiciando, viviendo sin sentido y sin verdadera pasión. El eterno retorno nos advierte que hay sólo una realidad (la presente) y que no existe ningún paso hacia “otro” mundo en un sentido religioso (el cielo cristiano). Es decir, no hay que desperdiciar la vida consolándonos con la falsa esperanza de un cielo donde todo será diferente y mejor, sino que ¡la verdadera eternidad es aquí!

Lectura recomendada: Reflexión (ilegítima) de un hombre sobre el feminismo.

Se cuenta la anécdota de un hombre que, al borde del suicidio, con la soga ya puesta en el cuello, listo para sólo dar el paso mortal hacia la nada, en el preciso momento en que iba a dar su paso final, pensó: «Estoy a punto de morir, ya todo se acabará para mí, ya no habrá para mí más nunca nada, ninguna experiencia, ningún sabroso alimento, ninguna melodía, ninguna sensación en absoluto. Ahora que lo pienso, siempre fue mi sueño ir a África, siempre quise ir allí y recorrer sus frondosas selvas, caminar por sus desiertos y perderme en sus infinitos mares de arena. Si ya me voy a morir y no tengo ya nada que perder, ¿por qué no voy y tengo el viaje de mi vida?». Se cuenta que durante ese viaje, aquel hombre fue el más feliz sobre la Tierra, se maravilló con todos los animales que pudo, convivió y comió con los pobladores, jugó con los niños, etc. Al regresar del viaje, volvió a poner la soga sobre su cuello, y justo antes de suicidarse, pensó: «Estoy a punto de morir, ya todo se acabará para mí, ya no habrá para mí más nunca nada, ninguna experiencia, ningún sabroso alimento, ninguna melodía, ninguna sensación en absoluto. Ahora que lo pienso, siempre soñé con ir a Roma, caminar y ver sus viejas iglesias, perderme en el mágico renacentismo de la Basílica de San Pedro, ver con mis propios ojos el David de Bernini». Si ya me voy a morir y no tengo ya nada que perder, ¿por qué no voy y tengo el viaje de mi vida?». Durante ese viaje, aquel hombre volvió a ser el más feliz sobre la Tierra, se conmocionó con los solemnes cantos gregorianos, experimentó el milenario aroma a crisma de los templos, visitó el Coliseo donde su imaginación asistió a los más magníficos y cruentos combates de los gladiadores, etc. Se dice que aquel hombre vivió durante diez años más. Siempre que estaba a punto de poner su soga al cuello, decidía hacer algo que significara para él vivir el instante con toda la riqueza posible que la vida le pudiera ofrecer. Finalmente murió de causas naturales, feliz de haber vivido la vida que siempre soñó tener.

La idea de Nietzsche es que, si llenamos esta existencia de valor, esta vida debe ser tan intensa, apasionante y significativa que debemos sentirnos dichosos con la idea de un eterno retorno de la misma. En cada momento nos jugamos el todo, y por eso, la medida de lo que somos es la medida de lo que hacemos. Nietzsche reivindicó el valor del momento presente como nadie jamás lo ha hecho. Tú, que estás ahora, en este presente, leyendo esto, comienza a vivir tu existencia y ten en cuenta que siempre tenemos puesta una soga al cuello, ya que nunca sabemos cuándo llegará nuestro último día.

Quiero hacer un agradecimiento especial al maestro Armando Garza Saldívar quien fue el que me enseñó este maravilloso sentido de la vida. Justo una semana antes de su fallecimiento, en su clase nos habló sobre la muerte en Heidegger y Nietzsche. Su muerte fue para mí la invitación a vivir el presente como nunca lo había vivido. Descanse en paz, querido maestro, aunque en realidad siento que usted no descansa ni descansará nunca, pues vive y vivirá siempre en mis ideas y en las de todos aquellos a los que ayudó a encontrar el sentido nietzscheano de la vida.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here