Texto vía El Pensador Amateur

Nos llaman conflictivos aquellos, los obedientes, los ordenados, los estructurados, los estériles. Tan solo porque nuestra voz se escucha fuerte y clara, desgarrada por la sequedad y el abandono pero alimentada por nuestra esperanza, nuestro empeño y nuestra irrestricta libertad, nuestra voz surge de la entraña.

No es por nuestros méritos cívicos, ni siquiera por nuestras humanas cualidades, menos por nuestras mermadas fortunas. No importa nuestra historia, ni nuestra cultura, tampoco nuestra peculiar idiosincrasia.

No, no hacemos cálculos aunque los hay y muy certeros.
Tan solo queremos vivir de acuerdo a la realidad y la realidad es que La Laguna es una,
única e indivisible.

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Los laguneros, gentilicio que nació plural e incluyente, desde el principio, cuando los jesuitas miraban las innumerables charcas provistas de peces que servían de sustento a las tribus de la comarca, a los irritilas, a los tobosos, a los salineros, a los cocoyomes, a los patas prietas, a los zacatecos, a todos esos hombres, mujeres , niños y ancianos que habitaban nuestro entorno y que fueron englobados bajo el gentilicio de “laguneros”.

Nuestra voz representa la erupción de la tierra, de la realidad. No importa quien empuñe la palabra, si es hombre, si es mujer, si es joven, si es viejo, todos cuentan, todos valen, sobretodo en este lugar, en donde quien no trabaja no merece una sombre que le proteja de la inclemencia.

Vamos todos, a una voz, adelante. Qué importa quien grito primero, quien gritó más alto, más rudo, más terso. Aquí en La Comarca, en La Laguna, todos, absolutamente todos tenemos voz, hay que usarla.

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