Texto vía Ruta Norte Laguna

El argot deportivo es un gran benefactor del habla cotidiana, tanto que a veces no advertimos la presencia de una locución de ese tipo en nuestros diálogos. No sé qué deporte deposita más monedas en las conversaciones, pero es un hecho que, unos más, otros menos, todos apoquinan. Se trata, pues, de empréstitos frecuentes y muy expresivos.

Tengo para mí que la tauromaquia —en caso de que sea un deporte— ha logrado colocar en el habla coloquial muchas imágenes de su tremendo argot. Quizá la más famosa sea “entrar al quite”, que usamos cuando ayudamos o defendemos a alguien ante cualquier situación adversa; también está el verbo “capotear”, usado para referirnos a eludir con ingenio alguna situación que si se da con éxito termina en “hacer la faena”; cuando decimos que alguien entra, no sobra afirmar que “parte plaza”; cuando alguien asume un problemón, “agarra el toro por los cuernos”, y cuando alguien ha sido vapuleado sin misericordia, no es poco común señalar que “queda para el arrastre” quizá luego de “darle la puntilla”.

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El beisbol, otro hervidero de imágenes afortunadas, ha cooperado con algunas que reaparecen con frecuencia en los diálogos de aquí y allá: “volarse la barda”, usado cuando alguien hace algo que rebasa lo ordinario; “ni picha, ni cacha, ni deja batear”, enunciada para resumir la condición de alguien destacado por su ineptitud; “llagar safe en home”, cuando aterrizamos justo a tiempo para comenzar alguna actividad; el verbo “pichar”, empleado en México para describir el acto de pagar consumos ajenos, es totalmente beisbolero.

Del futbol he notado que hay varios empréstitos en el habla argentina, todos entendibles acá, aunque poco usados. Uno de ellos es “parar la pelota”, enunciado mucho para significar que es necesario serenarse, levantar la cabeza y proceder con prudencia; “pegar al palo”, dicho cuando alguien casi atina a algo; “juga en la Premier”, frase que magnifica el nivel en el que alguien desempeña cualquier actividad; “patear para delante”, enunciado si alguien pospone la atención de un asunto; “rematar como viene”, cuando respondemos a algo sin pensar demasiado; y “bajar bien el balón”, si respondemos con tino a un cuestionamiento.

Hay también muchos préstamos del box, como “aventarse unos rounds”, cuando discutimos con alguien reiteradamente; “tirar la toalla”, si desistimos de proseguir en cualquier emprendimiento; “estar en la lona”, frase con la que ilustramos la circunstancia de quien toca fondo; “tener contra las cuerdas”, cuando dejamos al rival sin escapatoria fácil.

Hay muchos más, claro, pero aquí suena ya el silbatazo final.

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