Mira la luna

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Mira la luna, mi amor. Por favor, no cierres los ojos.

          Mira la luna. No no, no te pierdas por favor. Mírala. Está bien bonita, ¿no? Tú siempre decías que octubre tiene las mejores lunas, ¿te acuerdas que bromeábamos que nomás lo decías porque tú naciste en octubre, que yo sólo estaba celoso? Ja, jaja, ¿te acuerdas? ¿Mi amor? ¡Mi amor! Mantente despierta, no te me rajes. Ya vamos llegando, le estoy pisando al acelerador con todas mis ganas, ¡esta carcacha nomás no quiere dar para más! Pero no te me rajes, mi vida, no lo hagas, te lo ruego. Perdóname, mi amor. Perdóname que todo terminara así, ¡peor hoy por sobre todos los días! Te amo, lo he hecho desde que te conocí, lo sabes ¿verdad? El día que nos casamos fue el más feliz de mi vida, en serio. Tan bonita que te veías en el vestido que te heredó tu madre. Quería darte lo mejor desde ese primer momento, hacerte la más feliz. Pero ya sabes; ya le entraba a la bebida desde que éramos novios. Tenía problemas y no fui bueno para platicarlos, lo confieso ¿sí? Conoces de dónde vengo, en qué casa crecí. Me ayudaba a olvidar, limpiarme para ser mejor para ti. Así le entré a las apuestas. Juegos de cantina, algo para acompañar las cervezas, pero ¿te imaginas siquiera cuánto se puede perder en una mesa de bar? Terminé con el agua al cuello así, en un chasquido. Y me ahogué con las peores personas, ¡te lo digo, mi amor! ¡Pinchi Raúl! ¿Te acuerdas de él? ¡Pues él me terminó de meter en la cagada! Mi amigo, mi carnal del alma del barrio. Podía confiar en él ¿no? Que no pasara de la broma, algo entre compas. Pero no. No me la perdonó el desgraciao. Quería su pinche varo, y yo no tenía ni por dónde, ¡iba a vender la tienda para pagar, me avergüenzo en confesarlo, mi amor! Pero el hijodesuputamadre ya tenía su respuesta. Me la pintó pero sencillísima: le ayudaba a su bandilla a vender unas palomas de droga que necesitaban sacar, recogía unos paquetes y santo remedio ¡así de huevos me lo dijo! Quise negarme, créeme que lo quise. Pero con tanta deuda; y te soy sincero, le tuve miedo a Raúl ¡miedo a mi amigo! ¡Te lo juro! Acepté, me dolió pero acepté el trabajo. Al principio fue exactamente como dijo Raúl. Él me conectó con el Luis y el Javi, compas también del barrio; ellos me pasaron la merca, y yo me puse a distribuirla, venderla. Créeme por favor cuando te digo que me sentí puerco vendiendo esas madres ¡de veras! Llegaban de todos conmigo por un pinchi churro o una aspirada, ni los chamacos faltaban, buscando probar o llevarse su dosis de siempre. Me daba asco, traté de negociar mi salida en chinga, ¡tienes que creerme que yo no quise esto! Hasta un momento que tuve una escuadra viendo a mi jeta ¿qué podía hacer yo, amor, qué? Encañonao, seguí. Les di a sus pinches clientes lo que querían. Y pagué la deuda. La pagué mi amor, jaja, ¿amor? ¡Amor! ¡Despierta! Ay, bendito se- ¡a la verga! ¡Fíjate estúpido! ¿¡Si me prestas la puta carretera!? Tranquila, mi amor, estamos bien. Sólo un pendejo. Ya vamos. Pinchi ¡pinchi Raúl! ¡Voy a matar a ese hijo de la chingada! No le bastó con que pagara lo que debía ¡no, claro que no! Como vio que le vendía chido la merca, poquito después Raúl comenzó a amenazarme para seguir distribuyendo ¡mi propio amigo! Llegaba así de huevos a mi tienda o a la cantina y me exigía (¡me exigía!) presentarme en tal lugar al otro día para recoger tales o cuales pendejadas para los drogadictos. Me negué, claro que me negué, mi amor. Ya le había pagado ¡ya no era pedo mío! ‘Ora sí no estaba dispuesto a dejarme pendejear, ni cuando vi el ojo negro del cañón. Hasta que me pateó mi pata floja. Una comisión por venta, tragos de parte de la casa y perdón a futuras deudas en la baraja. Mi amor, perdóname ¡era tan buena oferta! No sé dónde tenía la cabeza, mi razón estaba fundida. Plata o plomo ¿qué más podía hacer? ¿Qué podía…? Perdón, ya sé que no debo llorar. Pero no puedo. Seguí vendiéndole. Y seguí tomándole. Y seguí apostándole. No podía parar. Por eso falté tantas noches, mi amor. Tienda cantina venta, tienda cantina venta, tienda cantina venta. Sniff, me repugnaba. El dinero era bueno, los tragos chingones, pero me repugnaba ¡me repugno! Seguí vendiéndola. Así me agarraron, mi amor. Una patrulla, hace como tres semanas. El miedo que tuve, mi vida ¡el miedo que tuve! Pero los pinchis policretos me atoraron con un trato perdido: si cooperaba a entambar a Raúl y su raza, me zafaba del bote. Si no, no quise pensar siquiera en “si no”. Los imbéciles tuvieron lo que quisieron. Me volví una rata, un puto chismoso. Las cosas se volvieron tienda cantina venta informe. Los azules comenzaron a contactarme y citarme en lugares como un maldito agente del gobierno. Tan pomposos los culeros, hipócritas, hablándome del deber civil y el bienestar nacional ¿y mi bienestar? ¿El nuestro? ¿Quién velaba por eso? Por esas fechas conseguí la pistola, a mentiras, excusas y billetes. Yo sé que debí decirte, mi amor ¿pero qué querías? Creí que te pondrías toda loca y así era mejor, calladito. Como estoy pendejo ¡pendejo de veras! En una semana y cacho les dije suficiente a los polis para empinar a Raúl y esos güeyes. No se quisieron esperar a más, pinches vatos no querían saber dónde terminaba el hilo, con tener a alguien para agarrar frente a la cámara de tele se contentaron. Por eso el desmadre del operativo el lunes en la noche. Se los llevaron. Te digo la verdad: en el momento estaba que me cagaba de contento. Por eso llegué más pedo que de costumbre esa noche. Quise celebrar, que ya nada nos molestaría, que ya estábamos bien. Hasta planeé tirar la pistola la semana que viene. Pero esos putos, ¡ir hoy! ¡En tu cumpleaños! Debí presionar para que saliéramos a cenar en vez de quedarnos en la casa. Sniff sniff, tal vez así no hubiera pasado. ¡Cómo entraron en la casa esos culeros! Tirando balazos a lo güey, yendo por nosotros. Por mí. Bueno fue que tenía cercas la pinchi pistola. Tuve miedo, mi amor. Nunca me había tronado a alguien ¡cómo le traspasó la jeta! Me tiemblan las manos de acordarme, me duele el estómago ¡ya de por sí la chinga que es manejar estos bochos! Quiero vomitar. Mas que por que los maté, porque al principio, me sentí bien. Nos había protegido, te había salvado. Hasta que vi ese plomazo en tu pecho. No, mi amor ¡no sueltes la toalla! ¡Mantén la presión! Ya vamos llegando a la ciudad, el hospital está como a diez minutos ¡ya casi llegamos! ¡No me dejes por favor! Perdóname, sniff, de verdad perdóname. No mires abajo.

Mira la luna. Aguanta por favor. Ya mero llegamos, ya mero. Te amo.
Aguanta.

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