Narrar la verdad del ausente

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Sobre Arrullos para Benjamín de Hasam Díaz

Producción: Desierto Teatro y Plan B Estudio Teatro

Actuación: Hugo Dena y César Venegas

La infancia en el seno de conflictos filiales, el dolor de emerger a la vida y el descubrimiento de la “verdad” sobre la identidad, son los tópicos más recurrentes de la obra del dramaturgo y creador escénico michoacano Hasam Díaz. Arrullos para Benjamín (2014) no es la excepción. Ópera prima de Díaz, llegó a Torreón hace unas semanas a Plan B Estudio Teatro. Producida por Desierto Teatro y Plan B,  protagonizada por César Venegas y Hugo Dena, quien también dirige esta maravillosa pieza, se trata de una suerte de contra épica que toma como referencia a la Odisea para emprender el relato del ausente. 

Las actuaciones de Hugo Dena, en el papel de Benjamín, y de Venegas, hermano mayor de aquél, constituyen una valiosa apuesta por la complejidad del acto escénico. La profundidad del texto parece ser el desafío más importante. Montar un trabajo que oscila entre la narración y la acción, que temáticamente representa un viaje hacia los oscuros mares de la orfandad, no es menor. Hay algunos elementos del montaje, como la producción, el desplazamiento de los personajes y la hondura actoral de Venegas, que manifiestan la necesidad de trabajar de manera más paciente y compenetrada con la propuesta dramatúrgica. Y es que el trabajo de Hasam Díaz es ya un referente nacional sobre una forma de hacer teatro que busca en la niñez y la juventud una interpelación sobre el dolor y los estragos de la violencia filial y social en el devenir del “yo”.  

En el 2018 el creador morelense montó El Moco en el Teatro El Milagro en la Ciudad de México. Una obra preciosa de su autoría en la que actuó la talentosísima actriz lagunera Raquel Mijares. El Moco es un monstruo, un personaje que inventa la indolente directora de un orfanato para controlar la conducta de los niños que tiene a su cargo. Éstos deberán enfrentarse a la “verdad”, ya no sólo sobre el terror que infunden los adultos sobre ellos, sino esencialmente sobre la posibilidad de renacer a través de la revelación de un pasado agrietado y vergonzoso. Los niños del orfanato procesarán colectivamente sus temores y el maltrato para sobrevivir y restituir la alegría de encontrarse consigo mismos. 

En el caso de Arrullos, el personaje de Benjamín, el más pequeño de los hermanos –tal como el relato del génesis bíblico lo consigna- asumirá la difícil tarea de reconstruir la memoria de su padre, a quien jamás ha conocido. La afección conduce al pequeño a cavilar en su identidad hasta las inmensidades del sufrimiento, hasta las profundidades de un lago donde lo esperan las míticas sirenas que habrán de susurrarle la ¿verdad? sobre sus orígenes. Junto a su hermano mayor, Benjamín narrará la memoria de un vacío que descubre funesto. Sólo el “yo”, entendido como “identidad” y “origen”, lo rescatará de un pasado filial que no ha elegido y le representa un tormento indescifrable. La pieza, destinada a un público infantil y juvenil, enseña que los tabúes, es decir, aquello de lo que no se habla –como el abandono-, son heridas profundas que, en sociedades como las nuestras, difícilmente se confrontan y desbrozan. Arrullos para Benjamín es un trabajo que instiga sobre el eterno retorno de nuestro Odiseo mexicano, Pedro Páramo; sobre el abandono del padre y las hendiduras que las relaciones filiales se imprimen sobre una infancia dejada al albedrío de la indiferencia paterna.

Lectura recomendada: Dos años de Casita de Artes y Juegos “Iguamira”

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