No toda la sangre es roja: Un Rayuela que apesta a noir

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El libro No toda la sangre es roja, del escritor Carlos René Padilla, ganador de la categoría de crónica del Concurso del Libro Sonorense edición 2016, y actualmente bajo el sello de NITRO/PRESS (2017), comienza fuerte, con el siguiente epígrafe de Joyce Carol Oates:

Cuando la gente dice que hay demasiada violencia en mis libros, lo que está diciendo es que hay demasiada realidad en la vida. (1980)

La frase de la novelista, cuentista y crítica estadounidense no es sólo una forma de engañar al lector para intentar venderle un libro como una obra “atrevida” y “transgresora”: es una perfecta introducción al género que suscribe el autor, más específicamente, el género negro o noir, una expresión en la literatura centrada en el crimen y en la lucha contra éste por parte de las llamadas “fuerzas del orden”, aunque tengan poco de “orden” y más de opresión en la traducción mexicana, hija de autores como Dahshiell Hammet (El halcón maltés, 1930), Raymond Chandler (El eterno sueño, 1939) y Rafael Bernal (El complot mongol, 1969). No toda la sangre es roja toma estas bases literarias para traducirlas a la realidad a través de la crónica, donde la decepción con el modelo de sociedad capitalista se da de bruces contra algunas de sus contradicciones más sangrientas y trágicas.

Con esta herencia literaria, y con el escritor Daniel Salinas Basave como telonero, empiezan los relatos sórdidos de la violencia en Hermosillo, Sonora, violencia que toma mil formas, mil causas y consecuencias, todas captadas por el ojo periodístico pero también sensible – aunque suene paradójico – del reportero de nota roja, Carlos René Padilla.

En todo el mundo, y en especial en México, muchas veces es más conocido el trabajo periodístico que el periodista en sí, en especial con la infantería, los reporteros de calle. Así que ¿quién es Carlos René Padilla? La solapa del libro lo presenta como originario de Aguas Prietas, Sonora, nacido en 1977. “Su primera fechoría” continúa la biografía, “fue estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora”, y aparte de No Toda la sangre es roja ha publicado las novelas Amorcito Corazón (NITRO/PRESS, 2016), ganadora de la categoría de novela del Concurso del Libro Sonorense 2015, y Yo soy Espáiderman, ganadora a su vez del Concurso Nacional de Novela Negra “Una vuelta de tuerca” 2016. Además, ha sido colaborador de los periódicos Expresso y El Imparcial, donde obtuvo el premio de “Periodismo de Profundidad” por la Sociedad Interamericana de Prensa.

Con este perfil, el de “un narrador paciente, gran lector y preciso en el manejo del lenguaje”, como lo definió Élmer Mendoza – uno de los grandes referentes de la literatura policiaca mexicana –, No toda la sangre es roja se presenta como una promesa al abrir la primera página, una promesa que es bien cumplida por la ejecución de lo que el libro quiere ser. El libro consiste en una serie de casos criminales acaecidos en la mencionada zona de la capital sonorense, donde la sangre sobra, la vida es barata y, como dice Salinas Basave en su introducción, “los muertos son una masa anónima y las páginas policiacas son fosas comunes donde se amontonan pedazos de carne morada y negra, vestigios de anónimas anatomías”.

Como se mencionó antes, el libro pertenece al género de la crónica, que el autor arrastra por los bajos fonodos de la sociedad norteña para demostrar los límites que alcanza una comunidad herida por la violencia, la desconfianza y la desesperanza. Padilla rescata de esas fosas comunes seis historias, donde los fracasos de la convivencia humana son de lo más variopintos. El cadáver de una niña es encontrado metido en una maleta en el poblado de Miguel Alemán, a 50 kilómetros de Hermosillo; un restaurante conocido como La Gringa es la pantalla para un negocio mucho más turbio; una familia es destruida por una enfermedad mental confundida con fervor religioso; un hombre muere rafagueado por “cuernos de chivo” enfrente de su esposa y su hija de cinco años, a bordo de una pick-up Avalanch que no es suya…

Estas y otras historias sangran por las páginas de No toda la sangre es roja, así como algunas vivencias encarnadas por el propio Padilla, para quien un buen trago es su manera de olvidar el olor de la muerte y el sinsentido de la investigación policiaca en una sociedad donde la justicia no llega ni a recomendación. Los párrafos son largos, pero sumamente ágiles, repletos de datos mas también de narración, una muestra de un “cuento, pero de verdad”, como llamaba García Márquez a la crónica. Con sólo estas características, No toda la sangre es rojase vuelve altamente recomendable para quien quiera vivir a través del papel la realidad de la herida mexicana, en especial del desastre que es vivir en una zona que no es de guerra por pura formalidad, como el norte del país. Pero esto no es todo lo que ofrece No toda la sangre es roja.

Además de su estilo ágil, descarnado y humano a la vez, el libro tiene la particularidad de que está escrito de forma discontinua, con capítulos de dos o tres páginas, arriba el título de la historia a la que pertenece cada uno para identificarlos y con un “continuará” escrito al final, seguido de la página en la que está el siguiente paso del relato. “Una Rayuela noir”, le llama adecuadamente Salinas Basave, quien fue juez del concurso que ganó el texto de Padilla, y que es también un peso a considerar del noir mexicano, como demuestra su colección de cuentos Dispárenme como a Blancornelas, publicado también por NITRO/PRESS en 2016, ganador del Premio Regional de Cuento Ciudad La Paz 2014.

Y al final de cada página, está la muerte, el olor a pólvora, una sociedad para que la violencia es un espectáculo y a la vez una cotidianidad,  una guerra contra el narcotráfico que se denota a cada paso como una guerra contra la población y clase obrera mexicanas para beneficio de un estado burgués totalmente opuesto a sus intereses – ahora expresado con la famosa “Guardia Nacional” de López Obrador, como antes con las demás fuerzas represivas que conforman el estado –, un montón de tragedias que apenas alcanzan unos párrafos en los diarios, una comunidad periodística que a cada instante tiene un caído más que recordar – el libro está dedicado, entre otras personas, a las familias de los desaparecidos, en especial de Javier Valdéz Cárdenas y José Jiménez Mota, a quien Padilla conoció personalmente –, la desilusión y la incertidumbre que lleva al mismo Padilla a declarar que “sí, la vida a veces es una hija de la chingada.”

El lector podrá o no tener un desacuerdo con una sentencia tan desencantada con los tiempos que corren. Pero, cualesquiera que sean, las conclusiones deberán darse después de leer No toda la sangre es roja, un libro que demuestra que el noir no sólo es un género de las letras y el cine: es una escena de la vida mexicana, y una de sus principales expresiones para tratar de entender el estado en que se encuentra actualmente, pues nos deja adentrarnos en la sangre a la vez que nos deja ver los corazones de los abandonados, y nos deja ver que muy seguramente, el camino por el que los opresores nos han llevado como sociedad no puede llevar si no a la destrucción y la catástrofe lenta, día con día.

Bibliografía:

René Padilla, Carlos, No toda la sangre es roja (2017), NITRO/PRESS, 1ra edición, México.

https://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/columna/elmer-mendoza/cultura/2016/12/20/carlos-rene-padilla

http://cosecharoja.org/la-cronica-un-cuento-de-verdad/

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