Presentan Cantinas que merecen ser amadas y personas que no: viaje cantinero por Torreón

0
748

El libro Cantinas que merecen ser amadas y personas que no, es un intento por “abordar la historia de Torreón, pero no de la historia que depende de algunos apellidos o de algunas empresas” sino desde la cotidianidad, declaró su autor Nazul Aramayo durante la presentación de la obra la noche de ayer en el Bar Reforma, centro de Torreón. 

La presentación, anunciado en días previos por medios como Milenio y Noticias del Sol de La Laguna, dio inicio a las 20:00 horas en la centenaria cantina, ubicada en el número 1311 de la calle de Matamoros. Aramayo tuvo por compañía en la barra del local a Carlos Velázquez y Midgy Vargas, quienes aportaron interpretaciones sobre el libro a los parroquianos del bar.

Aramayo explicó que el libro comenzó a tomar forma en 2006, durante una época de desempleo, en la que pensó retratar a los “pequeños personajes” que encontraba en las noches de juerga. Habló a su vez de su relación con Torreón, que definió como “una ciudad que nos da mucho, pero también nos aprieta demasiado.”

“Quiero contar la historia de esta ciudad – que tiene un poco más de cien años -, anclada en estos lugares que a veces los volteamos a ver como sociedad, como con desprecio”, aclaró el también coeditor del diario Vanguardia y licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana plantel Laguna.

Por su parte, Velázquez – quien fue el primero en comentar el libro -, ofreció a los asistentes anécdotas sobre su amistad con Aramayo y su experiencia con las cantinas torreonenses como La India Bonita. “El lagunero es un ser fronterizo por definición”, declaró el escritor, refiriéndose al cruce de culturas que ha habido a través del tiempo en Torreón, especialmente con su ciudad vecina, Gómez Palacio.

“Sí, nosotros no cruzamos la frontera y vemos a Trump, ni vemos San Diego ni Eagle Pass, ni la frontera que se les antoja. Nosotros cruzamos y vemos Gómez, un lugar donde te venden cerveza todas las putas horas donde se te antoje, una cerveza basta. Somos seres fronterizos, somos seres borders. Es muy complicado explicar al lagunero, no somos una cosa natural, no somos un resultado de otra cosa que el choque de dos, tres, cinco, cincuenta y siete mil culturas.” Sentenció el autor de El karma de vivir en el Norte.

Vargas, por otro lado, explicó que en el libro, Aramayo expresa “la relación amor-odio” que los laguneros tienen con su ciudad. “¿Cuántas veces no nos hemos sentido atados a Torreón?” Preguntó, y recordó la frase de un poeta, quien llamó a la ciudad “un pueblo oloroso lleno de tierra, donde la gente tenía la mala costumbre de pactar sus negocios en cantinas.”

“Nosotros nos sentimos identificados por varias características. Podemos hablar de la comida, de las festividades religiosas, del Santos Laguna; podemos hablar incluso de estas empresas que al mismo tiempo que nos chingan, también son reconocidas a nivel internacional”, y Nazul “pone una pregunta implícita en su libro: ¿y la historia? ¿La historia de nosotros, la historia de las cantinas?”

Cantinas que merecen ser amadas y personas que no es, según Vargas, “una invitación a apropiarnos de nuestra historia, amarla, a vivificarla, a no aplicarle estos toques moralistas que muchas veces nos forzamos y ha dejado delegada mucha historia de nuestra ciudad.”

En entrevista con Red es Poder, Aramayo aclaró que el primer factor que influyó en la elección de las seis cantinas que trata el libro fue el histórico. “La mayoría oscila entra los sesenta y ochenta años de historia. Quizás no sean tan viejas algunas, pero me permitían a mí ver lo que las hacían distintas: el trato, la amabilidad, lo afectivo del servicio, aunado a lo histórico; que me permitieran a mí narrar un poco más de la historia de Torreón.”

Llamó a la cantina una “trinchera” para la sociedad torreonense, en particular por su experiencia de descubrimiento durante la época de más inseguridad en la región y como desafío a la figura paterna, pues contó que su padre reprobaba a la cantina. 

Así, las cantinas de las que habla el libro “eran lugares que sí permitían divertirte o que sí permitían platicar, más que un antro, un esparcimiento, una diversión total, desaforada. Era un lugar que te permitía platicar o trazar relaciones más amistosas”.

El autor concluyó que “yo tengo la tendencia a lugares tranquilos. Se me hace bien chido llegar a lugares en los que puedes llegar a platicar, a generar un tipo de diálogo o una intimidad, y eso es lo que te puede ofrecer una cantina. A lo mejor no te ofrece las grandes luces, el gran espectáculo, el gran show de moda, pero en general, yo creo que todas permiten un lugar de plática.”

Cantinas que merecen ser amadas y personas que no se vendió a los asistentes acabada la presentación con un precio de $150 pesos, y está editado por Producciones Salario del Miedo y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León. 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here