Primavera capitalina con sabor a jazz

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Los versos sonaron la noche capitalina:

Now you say, you say you love me

Well, just to prove you do

Cry me a river

Cry me a river

 

La canción, interpretada por artistas de la talla de Ella Fitzgerald, salió de la voz de Karely Esparza.

De fondo, los instrumentos de los más de 20 miembros de la Big Band Jazz de México, y enfrente de Karely, abajo del escenario dispuesto en el Zócalo capitalino esa madrugada del 24 de marzo, alrededor de 200 asistentes a la Noche de Primavera escuchaban y algunos se mecían con el sonido de los metales, las cuerdas y la voz de la artista.

A pesar de las horas enfrente de ese escenario, el público permanecía inmóvil, disfrutando los ritmos de jazz que parecía, no quería que acabasen. Esparza, originaria de Culiacán, Sinaloa, habló un poco sobre su tierra de origen y acabó con un “¡Y arriba el Norte!”

Después, la voz cambió el idioma de las canciones al español, al escucharse los versos de “Piensa en mí”, de Chavela Vargas:

Si tienes un hondo penar, piensa en mi

Si tienes ganas de llorar, piensa en mi

Eran pasadas las 00:00 horas del domingo. Faltaba una hora para concluir la Noche de Primavera 2019.

El festival nocturno Noche de Primavera regresó en 2019 a la Ciudad de México, después de seis años de exilio. Originalmente celebrada el 29 de marzo, fue una de las actividades culturales representativas de la jefatura de Gobierno del entonces perredista Marcelo Ebrard (2006 – 2012), y abandonada por su sucesor, Miguel Ángel Mancera.

Fue en octubre de 2018 cuando los capitalinos supieron que la celebración para darle la bienvenida al cambio de estación regresaría a las calles del Primer Cuadro de la capital. El anuncio no se dio en tierras mexicanas. Claudia Sheinbaum, entonces jefa de gobierno electa, lo reveló en París, Francia, durante una conferencia de prensa junto con la alcaldesa de la capital europea, Anne Hidalgo.

La festividad, según reportaron medios como Tv Azteca y el periódico Excélsior, tendría también como objetivo hermanar a la capital mexicana con París, que realiza el 5 de octubre la llamada Noche Blanca, que también se centra en actividades culturales en la llamada “ciudad del amor”.

Meses después, todo estaba listo en diecisésis lugares de la Ciudad de México para albergar desde las 18:00 horas y hasta la madrugada del siguiente día a 90 agrupaciones y cantantes que entretendrían a los asistentes y transeúntes del Centro Histórico interpretando géneros como bolero, son, blues jazz, música del mundo, ópera, folk-soul, música ecléctica y fusión, así como Big Band Jazz.

Este último género fue el que se entonó aquella tarde en la plancha del Zócalo, la cual estaba decorada con tres domos de vivos colores, arreglos florales y jardines encerrados en madera, decoración titulada Jardín Cultural de Primavera, en referencia a las épocas en siglos pasados en que el Zócalo era verdaderamente un jardín para el Primer Cuadro de la capital.

Las 17:45 de la tarde. El primer grupo, Pavel Loaria Big Band infantil y juvenil, se encontraba en el escenario, alistándose y ensayando sus instrumentos. Los miembros – sin contar a Loaria –, no pasaban de los 19 años, y un trompetista y un sexofonista apenas llegaban a los 12, según relató el mismo Loaria en una pausa entre canciones.

Abajo del escenario construido como quiosco, la multitud ya estaba congregada, de espaldas al sol moribundo de la tarde. Todavía faltaban quince minutos para el inicio oficial de la Noche de Primavera. Aun así, algunos en el público chiflaban a la banda, presionándola a comenzar. “¡Se están quemando sus caritas!” gritó un señor como justificante a los chiflidos, en relación a los jóvenes bandistas, a quienes el sol les lanzaba los últimos rayos del día.

Los chiflidos fueron ascendiendo, aunque nunca lograron ser mayoría entre el público. La big band, persuadida, decidió comenzar, entonando la melodía “Second line”, titulada así por una tradición originada en Nueva Orleans, Estados Unidos – lugar que vio nacer el género del jazz, producto de la mescolanza entre ritmos africanos y caribeños que se dio entre los esclavos traídos a la zona, originalmente colonizada por el imperio francés –, en la que las marchas con bandas eran seguidas por una “segunda línea” transeúntes, quienes se dedicaban a bailar y disfrutar la música.

Las trompetas, saxofones, el contrabajo, el teclado y la guitarra eléctrica se unieron en sintonía, recibiendo desde el primer momento los aplausos del público, satisfecho en su exigencia por música.

Los aplausos se fueron brevemente y regresaron mientras terminaba la “Second line”, a lo que Loaria aprovechó la primer pausa para presentar formalmente a la Big Band infantil y juvenil que lleva su nombre, la primera de México. También director del Pavel Loaria Jazz Trio, estudió en la academia de bellas artes Julliard, en Nueva York, y al regresar a nuestro país, decidió fundar la Big Band infantil y juvenil, para hacer un esfuerzo en corregir esa deuda histórica con los jóvenes músicos del país.

Después de mencionar que al proponer la idea “nadie me ayudó” – dicho con un tono que sacó algunas risas al público – Loaria afirmó que “la idea es que podamos muchas más big bands, que les podamos enseñar a los chicos que hay otra cosa aparte del reggaetón”. La declaración fue seguida de más risas.

La música reanudó, con un tema de Ray Charles, uno de los tótems del género de jazz, premiado en no menos de doce ocasiones con el premio Grammy por su carrera.

Las trompetas gritaron, los saxofones hablaron su complicada lengua, a lo cual el público se contoneaba levemente. Algunas parejas aprovecharon para bailar una especie de swing, riendo de cuando en cuando. Los demás asistentes sólo se dejaban llevar por el ritmo acelerado y sinfónico, con Pavel haciendo limitadas intervenciones musicales, funcionando más como director de la orquesta.

Al tema de Ray Charles le siguieron “Fun Time” y “Berg’s work”, nombrada en honor a Bob Berg, jazzista estadounidense fallecido en 2002. En un momento, Pavel presentó a algunos de los jóvenes músicos al público, quienes recibieron los nombres con entusiasmo y apoyo.

Ellos fueron Gabriel Elías en la batería (15 años), Joshua Padilla en el contrabajo (17, proveniente de Ciudad Neza), Kevin en las trompetas (12), junto con Gustavo, Josué y Daniel (14), Misaí Vázquez en la voz y el saxofón (14), junto a Jaime Guerrero (18 años) y Marcus (12).

Loaria presentó con especial énfasis a uno de los trombonistas, Hernández Cruz, proveniente de Oaxaca, quien, en sus palabras, “quiere ser el primer trombonista mexicano que se dedique exclusivamente al jazz” y que ahora “lo estaba logrando”.

Cruz tuvo una canción con solo de trombón, recibida por aplausos por el público, antes de terminar con una melodía en que la voz de Misaí guió a sus compañeros a un final caracterizado por coros de “¡Otra! ¡Otra!”, que el grupo concedió, para después pedir que le dijeran a todo México que ya tenía su primer Big Band de jazz infantil y juvenil y ofrecer su primer disco – grabado el año pasado – a 100 pesos en la parte trasera del escenario.

Los aplausos por el primer grupo de la noche subieron y mermaron, con el público dispersándose en lo que esperaba a la siguiente banda. La misma estuvo lista unos quince minutos después, con Valadez presidiendo la composición en traje blanco.

El público, ahora cobijado por la noche ascendente, recibió y despidió a Valadez y a el siguiente grupo, Gordixie Jazz Band, con aplausos, cuerpos moviéndose al ritmo de los metales y el tronar de las cuerdas, y gritos de “¡Otra!” apenas avisaban su partida.

A Gordixie Jazz Band siguió la Orquesta Nacional, que inició su participación a las 21:30 horas.

El número de asistentes se mantenía relativamente constante entre presentación y presentación, con algunos yendo a descansar entre actuaciones a los pastos y regresando junto al escenario apenas empezaban las notas de la siguiente banda, y otros pocos retirándose a cenar en algún lugar cercano, para volver al concierto al poco rato.

Compuesta por Ernesto Urbanela y Antonio Sánchez en los trombones; Carlos López, Alan Fajardo y Javier Rodríguez en las trompetas; Jonathan Garrido, Francisco Toledo, Rubén Chong y Antonio Soto en los saxofones, la Orquesta entonó piezas de jazz de autores mexicanos, así como algunas piezas internacionales.

En este último aspecto, la Orquesta se vio acompañada por el saxofonista Berbard Van Rossum, holandés criado en España que en proyectos como el disco “Luz de luna” – que también vendió al acabar su participación – ha combinado el Big Band Jazz con la música flamenca, del cual se tocó la canción de su autoría: “Y tú ni siquiera lo sabes”, título que es la última frase de la canción, y desapareció entre los aplausos de los capitalinos.

Después de la melodía mencionada, siguió el grupo Wet Paint, el penúltimo grupo de la noche, a las 23:00 horas. Liderado por el guitarrista Roberto Arballo “Betuco”, y con Humberto García en el saxofón, el presentador del evento habló de Wet Paint como una “mezcla entre jazz, funk y rock”, descripción que el grupo no tardó en reafirmar con una versión “jazzeada” del tema de The Beatles “Norwegian Wood”, de 1965.

Aparte de este tema, el grupo tocó algunas piezas originales, como la fluida “Mr. Bond” – dedicada a Sean Connery y al personaje que lo cimentó en la cultura popular –, “Juanita” y “Don Roberto”, dedicada al padre de “Betuco”.

El público para entonces comenzaba a mermar, pero algunos rezagados de los jardines se unieron para reforzar la multitud.

Mientras tanto, cerca de uno de los domos, una danza interpretativa con el tema de “Mucha lucha” de Los Chicos Del Barrio y un espectáculo de malabares con fuego cautivaron una pequeña audiencia por sí mismos, que se aproximaron al escenario dominado por Wet Paint cuando estos breves shows llegaron a su fin.

Durante una pausa entre las canciones, “Betuco”, originario de Sinaloa, llamó a agradecer a los técnicos que estaban presentes esta noche, pues es por ellos que los artistas pudieron tocar sin problemas en la noche.

Siguiendo la costumbre de la noche, los asistentes pidieron a Wet Paint que tocara otra canción antes de irse, y como todas las bandas anteriores, cedieron al público, antes de dar la bienvenida a la última banda de la noche: Big Band Jazz de México.

Eran las 00:00 del domingo para ese punto. El presentador calmó cualquier prisa por alcanzar el último viaje del Sistema de Transporte Colectivo Metro al asegurar que, en colaboración con la Noche de Primavera, el STCM amplió de forma extraordinaria su horario, cuyo último viaje sería hasta las 02:00 horas.

Así, la Big Band Jazz de México salió al escenario con un público que, a pesar de la hora, no claudicaba en sus deseos de escuchar melodías de jazz que lo transportara a una sensación de estar en una película criminal de los cincuentas o que recordara a la obra de la artista japonesa Yoko Kanno para la reconocida serie de animación Cowboy Bebop.

Y no llegaron solos. En el dominio del escenario les acompañaron los cantantes Karely Esparza – originaria como “Betuco” de Sinaloa, específicamente Culiacán – y Rodolfo Rueza, quienes tomaron turnos para demostrar sus habilidades y repertorio musical enfrente de la audiencia, quien no había perdido la costumbre de aplaudir a las canciones que eran de su agrado.

La primera en tener la oportunidad frente a la noche capitalina fue Esparza, quien comenzó con la canción “Cry me a river”, y siguió con “Piensa en mí”, a lo que siguió con “Granada”, escrita por Agustín Lara en 1932.

Acobijada por luces que alternaban entre el blanco, el azul y el lila, Esparza, quien portaba una ligera prenda negra de una sola pieza con pantalones de campana, llamó al público porque “aplaudieran mucho” porque “los aplausos me quitan el frío”, petición que el público contestó con creces.

Por otro lado, Rueza, entallado en un traje azul oscuro, entonó versos como los siguientes, de Frank Sinatra:

Come fly with me, we’ll fly, we’ll fly away
If you can use some exotic booze
There’s a bar in far Bombay
Come on fly with me, we’ll fly, we’ll fly away

 

A los que siguieron los versos de la canción “Mía”, de Armando Manzanero:

aunque con otros contemples la noche 
y de alegria hagas un derroche
nunca te olvides
sigues siendo mía

 

 

Esta canción, y en especial su letra, tomaron una significancia importante cuando, unos días después de la Noche de Primavera, el cantante incendió las redes sociales al comentar en una entrevista que “a las mujeres les encanta que las acosen”, según reportaron medios como Excélsior y Nación321.

Después, ya acercándose la una de la mañana, los dos cantantes se unieron con la pieza “Hello, is it me you’re looking for?” de Billie Richie, y a la petición de otra canción más antes de concluir la noche, Rueza entonó:

Yes, there were times, I’m sure you knew
When I bit off more than I could chew
But through it all, when there was doubt
I ate it up and spit it out
I faced it all and I stood tall
And did it my way

 

Canción que hizo a los asistentes sacar sus celulares y encender las linternas, en un clásico momento de la emotividad en los conciertos.

Entonces, con una última reverencia, la participación de los cantantes y de la Big Band Jazz de México terminó, y con ella, la Noche de Primavera 2019.

La multitud finalmente se dispersó. El presentador invitó a todos a estar el próximo año, al mismo tiempo que declaró que el festival “reunió a 100,000 espectadores” en esta ocasión.

Entre el barullo de los cuerpos que se lanzaban a las calles del Primer Cuadro de la ciudad, un trío apenas destacó. Eran dos mujeres y un hombre que habían decidido acostarse en la plancha del Zócalo, próxima a quedar vacía.

Entonaban con voces roncas “My way”, asolados por el viento frío de la madrugada capitalina.

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