Prosa sobre la marcha

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Quizá en otro momento fue así, pero hoy no creo que sea el caso. Salvo algunos privilegiados, la mayoría de los escritores trabajan muchos de sus textos sobre el regazo, en las pausas que dejan los numerosos oficios a los que irremediablemente los orilla la vida de este tiempo. Fuera, como digo, de casos aislados en los que nada enturbia la tranquilidad para que cuaje una novela o un gran ensayo, los tundeteclas del común avanzan por la vida soltando aquí y allá, como si fueran los tiros mencionados por López Velarde en “La Suave Patria”, textos cuya catadura suele enseñar mucho la oreja del apuro, del sprint cortito.

Un experto en esos textos escritos sobre la marcha y al lado de mil actividades fue Alfonso Reyes, maestro cuyo 130 aniversario de nacimiento y 60 de muerte recordaremos durante este 2019. Ciertamente, Reyes esculpió libros amplios (El deslinde, La antigua retórica, La crítica en la edad ateniense, Trayectoria de Goethe…), obras que a la fecha son apreciadas por la crítica como notables por su erudición y bella prosa, pero jamás en su más de medio siglo como escritor dejó en paz la máquina para urdir de botepronto, de primera intención, brevedades que hasta la actualidad y pese a todo siguen vivas porque evidencian un tono suelto, relajado y a veces hasta festivo del más grande escritor del siglo XX mexicano.

Una pequeña pero representativa parte de ese quehacer ha sido reunida en La cosa boba. Prosa incidental (UANL-El Equilibrista, Monterrey, 2019, 176 pp.), colección de textos de AR organizados y prologados por Jesús Silva-Herzog Márquez. Es, creo, otra buena oportunidad para acceder a Reyes sin el conflicto de la densidad implícita en sus grandes libros. Acá hallamos al regiomontano ligero pero nunca simple, al Reyes que conversa por medio de la palabra escrita, al hombre que comparte sutilezas como si nos acompañara en una sobremesa.

El título desconcierta de entrada pero está plenamente justificado en la intro de Silva-Herzog Márquez, quien cita a Santa Teresa: “es cierto que algunas veces tomo el papel como una cosa boba”, es decir, como queriendo y no, sólo porque está a la mano y la mente se afana en asentarle alguna idea. Conviven en esta Prosa incidental obritas de Reyes que no tienen desperdicio. Ojalá fueran más conocidas y leídas.

Columna vía Ruta Norte Laguna.

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