Qué tienes que decir, Alfonsina

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«Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; ese día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán».

El decir mucho es limitado, Alfonsina Storni era maestra, escribió poesía, obras de teatro, ensayo, artículos de opinión y actriz. Desempeñó desde muy pequeña junto a su madre y hermanos varios trabajos para procurar  un ingreso. Eran inmigrantes de la Suiza italiana que llegaron a la Argentina a principios del siglo XX.

Fue de las primeras mujeres escritoras reconocidas de Hispanoamérica.

La poeta (in) consciente, transgresora que hubo de caminar a contracorriente del pensamiento de la época diversificó en su hacer un universo muy estrecho que tenía la mujer como concepto y figura de sí misma. Al leerla encuentras una voz genuina, que en términos del feminismo trasciende porque divulga a la mujer impropia e imperfecta, sujeta al contexto determinante y dominante de la sociedad tradicional de aquellos años.

La hallé sin remitente en un pequeño espacio del periódico, de niña desparramaba los pliegos donde decía Poesía de Hoy, nombre:

Alfonsina  Storni.

País Argentina.

29 de mayo de 1892.

Me gustaba que siguiera apareciendo repentina, extraviada entre noticias oficiosas, y ya descubierta la releía.

Coleccioné su canto de rimas, me dejé acompañar entre lo innegable de sus versos que mostraba en cada línea un sentir combativo, de origen, de sexo, viendo los contras de un mundo, insatisfecha con los resultados de las “libertades”, atrapadas en las injusticas sociales, divulgadas en la palabra que hace mutis o resuena. Así para imaginar, así para reflexionar y buscar en sus letras de su “vida errada”, de la “inconforme vida que hacía lo posible, libre, liberada o libertaria. Así empezaba a dialogar, mejor a cuestionar por qué nos quieren blancas.

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta. 

De perfume tenue.
Corola cerrada.

Siendo mujer, escritora, de convicciones revolucionarias, madre soltera y viviendo en Sudamérica en la década de los años veinte, no era nada fácil. Pero ya llevaba un camino recorrido, ya tenía presencia en periódicos y revistas, había hecho buenos amigos en el ambiente cultural, Horacio Quiroga, uno de ellos. No así Jorge Luis Borges quien no veía con agrado su estilo, lo llamaba empalagoso, confesor y cursi, demeritaba sus ideas feministas, interpretadas de forma equivocada, carecían de planteamiento y sin sentido analítico. En parte le doy la razón y tal vez la crítica la motivó a volcarse en un nuevo estilo de mayor tensión y fuerza estética. No por ello, su primer material deja de tener belleza, humor, profundidad y experiencias humanas enriquecedoras.

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En los años treinta había alcanzado un reconocimiento entre sus contemporáneas, Gabriela Mistral, chilena y la uruguaya Juana de Ibarbourou.

Partió del romanticismo y modernismo, pero su voz interna había cambiado, evolucionó con el ardor de un intimismo como método, su trabajo de tan maravillosa revelación vanguardista rindió frutos. Sentía diferente, odiaba o amaba de forma distinta. Mostrándose quimera de ironía en Mundo de siete pozos (1934). Un poemario que ocupa los sentidos, los pozos del cuerpo humano de las emociones, de imágenes poéticas que prensan el alma.

Su último poemario Mascarilla y trébol (1938) fue publicado un mes antes de su muerte. Son parte de este libro la visión oscura que llega de sus versos, donde expone el llanto, angustia, y el deseo de morir. Un deseo tan intenso que hizo realidad el 25 de Octubre de 1938.

Alfonsina Storni de cuarenta y seis años toma la decisión de terminar con su vida lanzándose a las profundidades del mar. Habían pasado tres años del diagnóstico de cáncer de seno y posterior mutilación. No logró recuperarse, su salud empeoraba, su ánimo no regresó. Estaba devastada.

La figura emblemática de esta mujer resalta lamentable en las pesquisas de su muerte. El revuelo que desató por este hecho quedó en legado de su posteridad. Es una lástima que los desenlaces trágicos sean efectivos únicamente para resaltar el mito, suprimiendo lo verdaderamente importante de ella. Aunque de esencia fue por sí misma compleja.

No distraigo, no quiero entorpecer el enorme valor, el gran aporte a la literatura Hispanoamericana. Sentó las bases del libre pensamiento de la mujer en los albores del siglo pasado y por su exquisita sensibilidad, tal vez inagotable si su destino hubiera sido diferente.

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