Sábado de cuentos: Ahí viene el desierto

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Caminar por la carretera de San Pedro a Parras es la penitencia, quizá, de amar. Porque la amo y ella lo sabe; pero yo no sé si ella me ama. Probablemente esa sea la estupidez más grande, haberme enamorado de una parrasense indecisa.

Y ahí viene el desierto, se ve por encima de las montañas. Todavía me queda un dejo de dignidad y, si todo sale bien, la recuperaré toda al verla una próxima vez.

Aunque tuviera que aguantar la tierra en medio de la nada.

Papá me dijo que en Parras me van a moler el corazón. Pero los amantes hacemos del tiempo la peor de las torturas. Y tengo que saber si me ama. Tengo que saber si al verme nos recordará como fuimos: una evidencia de que el amor es, sin duda, la felicidad.

Ahí viene, Gloria, la tempestad de Coahuila. Yo que soy humano puedo taparme los ojos y esperar a que termine; tú que eres un perro qué harás. Me seguiste hasta aquí y no sabes lo que viene. Qué harás cuando nos estrelle el terregal, para dónde vas a correr. Tú y yo sabemos que no valgo la pena que me sigas. Ni siquiera sé si Parras me verá llegar. Te di mi último atún hace dos kilómetros porque estás toda  huesuda, Gloria, no debí dártelo, igual te vas a morir, sino es hoy es mañana y yo todavía tengo que llegar a decirle que la amo. Tú te vas a morir pero nosotros no.

Nosotros no.

15 kilómetros más y ahí viene el desierto. Nos vamos a empapar de arena. Con qué pretexto le voy a decir que se quede conmigo. Qué le diré, ¿que ya hice penitencia? Que me acepte de vuelta porque ya hice penitencia. Que caminar de San Pedro a Parras no es cualquier cosa y lo estoy haciendo por ella. Que me arden los pies ya
con ampollas. Que tengo quemada la coronilla y ando todo sudado. Que me duelen los cachetes por aguantar que el sol se me meta en los ojos. Que tengo el cuello enrojecido y los brazos pegajosos.

Lloro, Gloria, lloro. No creas que aunque me llenes de baba no voy a llorar. Ahí viene el puto desierto y ya no puedo seguir. Para qué, Gloria para qué, quítate. ¿Que no ves que cuando llegue la pinche tierra te vas a morir? Vas a salir destapada y vas a correr hasta que ya no puedas más y te vas a destartalar en la carretera por desnutrida. No seas imbécil, Gloria, no me quieras. Te vas a cansar de mí. Por qué chingados me sigues, porque te quedas aquí, por qué caminas desde San Pedro conmigo, ¿qué no ves?: no valgo la pena. Ni tú ni yo valemos la pena. Somos dos vagos que andamos en la carretera por estúpidos. Corre, idiota, que ya llega el desierto y nos destroza, nos aturde. Amenazó todo este tiempo y aquí nos tiene. Te dije, te dije que ibas a correr, te dije que ibas a regresarte a San Pedro. No hay para dónde, Gloria, no hay cómo escaparse. Tienes que sentarte aquí, como yo, y esperar a que pase la arena. Taparte los ojos para que no te quedes ciega pero
quédate sentada, como yo, quédate, el desierto te va a asesinar, Gloria. Pues yo si me quedo, aquí me siento en lo que pasa el desierto. Espero que llegues, Gloria. Espero que te haga bien estar lejos de mí; espero que cuando pase el desierto y me siga para Parras sepas que pasaré de regreso. Pasaré por ti una vez que me despida de ella. Pasaré por ti una vez que se vaya el desierto y te necesite.

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