Sábado de cuentos: If that´s love…

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He wakes to find her in his bed

naked from the night before…

Los golpes en la puerta truenan con la fuerza y velocidad de una ametralladora. Aunque procura no tardar en atender, ella se da el tiempo de ir por la escuadra, por si acaso y porque las cosas son así.

La puerta abre sus entrañas. El cuerpo de él cae al suelo como un misil, el revólver vacío sale despedido cual metralla. A pesar del aspecto desaliñado y jadeante de él, ella lo reconoce. Grita:

“Qué pedo, ¿qué te pasó?”

Mientras se derrumba para recoger los restos del hombre que amó, del hombre que sigue amando. Ella se permite tener un dejo de felicidad. El clamor de él es entrecortado:

“¡Tienes que ayudarme!”

She wakes and grin from ear to ear

thinkin’ that she’s won his heart…

El recuerdo aún es tinta indeleble en la consciencia de ella. En el barrio, y en especial uno como el suyo, concordancias como esa no se dan muy seguido.

Cuestión de años pasan como segundos, fotogramas de una película. Los amigos, los confidentes y, finalmente, los amantes, todo en lo que pareciera un soplo. Lo único que sentía lento era la primera vez que compartieron cama: la forma en que tomó su virginidad, el cariño, el cuidado.

Como se supone que lo hace quien ama.

He tells her get your things and leave

until we meet again…

Él repite con voz atropellada:

“¡Por favor, ayúdame!”

“No mames, ¿pues qué pasó? ¡Suelta, ya!”

Lo que le cuenta no la sorprende, pero sí descorazona. Aun cuando estaba tal vez demasiado enamorada, ella vio su inteligencia aplicada de las peores maneras.

O de las mejores; el barrio es así de indeciso.

Y él a fin de cuentas tomó uno de los caminos abiertos en el barrio.

Los que alcanzaron, pelaron gallo apenas la cosa se puso más fea de lo normal; la mayoría, como ella, buscaban sobrevivir los días en lo que alcanzaban largarse; y otros, como él, aprovecharon y rindieron sus servicios al cártel en busca de dinero, y tal vez la gloria.

Él fue un buen gerente, tanto que por concentrarse en eso se alejó del lado de ella, al menos las fechas coincidían. Pero tan sólo lo querían de gerente. Así que decidió renunciar. Y de paso, cobrarse un buen retiro exprés.

She wonders if she’s wrong or right

to have shared her love with him…

Él saca la bolsita de su saco sucio a la medida. Ella la aprisiona en una mano y se apresura en abrirla, no sin antes notar con cierto humor que por las prisas atendió a la puerta en sus shorts deportivos y blusa de tirantes, como en los viejos tiempos.

El corazón le da un nuevo brinco al ver lo que brilla dentro de la bolsa. Diamantes, diamantes del tamaño de canicas; diamantes producto de un trato y pretendidos como obsequio a la mujer del patrón.

Diamantes para poder vivir y vivir muy, muy bien.

“¡No seas cabrón! ¿Qué hiciste? ¿Qué madres esperas hacer con esto?”

“Tienes que ayudarme a sacarlos.”

If that’s love then I don’t know what is

if that’s true then I’m a fraud

if it’s real then I must seem like such a fool

to have saved my love for one…

Ella se paraliza. La recorre el miedo, pero a la vez la emoción. Con aquel problemón, aquella necesidad, aquella riqueza, acudió con ella.

Entre tantos, con ella.

Se le aceleraron los pensamientos, movidos por la ilusión, ¿es que la espera ha terminado? ¿Es que llegó el momento de unirse nuevamente y vivir felices en otro lado? ¿Ese es su boleto de salida de ese barrio de mierda?

“¿Cómo nos vamos?”

Le responde una mirada molesta y despectiva, punzante como picahielos.

“¿Cómo que cómo nos vamos?

¡Si nomás necesito que me ayudes a sordearlos!”

If that’s love then I don’t know what is

if that’s true then I’m a fraud

if it’s real then I must seem like such a fool

to have saved my love for one…

“¿Cómo?”

“Óquela,

¡Que necesito que me los mandes fuera!

¿Pues qué, estás sorda?”

“¿Pero cómo?”

“¡Pues no sé! Yo te digo cuando logre pelarme.”

“¿Y luego… qué chingados va a pasar conmigo?”

“¡No sé! ¡No sé!

Si quieres quédate tantitas piedras y te pelas a donde gustes.”

“¿Y por qué no irnos los dos?”

 

“¿Estás pendeja? ¡Si eso sólo me cagaría el plan!

Esto tiene que ser de a partes, nada más.”

Ella se descorazona, y no sabe si sorprenderse o no.

Una mula, para eso me quiere. Nada más.

El pendejo.

Él ahora está sentado en el suelo.

Nomás una pinche mula, eso soy para él.

¿Y para sacar qué? “Tantitas piedras” para hacerle como quiera, con que no sea con él. Tantitas piedras que darían para vivir menos bien que con la bolsa completa.

Se escuchan correteos a lo lejos.

Él se altera todavía y va de ventana en ventana.

“¡No mames! ¡Tengo que irme! ¡No mames!”

Ella se queda ahí. Hundida en sus pensamientos. La bolsa sigue en su mano.

“¡Escóndelos!

¡Yo te digo a dónde me los mandas y cuántos son tuyos!”

Ella mira a la mano que sostiene el tesoro. La otra aún sostiene la escuadra. Los correteos todavía se escuchan lejos, pero ya se acercarán.

Hay que decidir. Tal parece que ella ya decidió.

La mano se levanta, dirigiendo el ojo del arma al pecho de él.

Más que miedo, hay desprecio.

“¡Ora!

¿Qué chingados te traes, qué te crees?”

Más que rencor, hay tristeza.

“Aquí tienes tu pinche mula”

Aunque es inútil, por instinto él corre por el revólver.

El corazón le estalla con el paso del proyectil. El charco de sangre no tarda en nacer en el piso. Ella sabe que ese tiro cantó todo al barrio, pero aun así mira por última vez la escena. Por más que quiere, no le salen las lágrimas.

Sólo le sale correr con una mano aferrada a una bolsa cuando quiso que fuera otra palma cálida y cariñosa, porque ya qué más queda y porque las cosas son así.

No you don’t really know what love is

no you don’t know what love is

no you haven’t got a clue.

El último búfalo.

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