¿Me amas?

0
553

No era la primera vez, la mujer sobre el suelo tenía el rímel corrido sobre las mejillas y los labios rosas brillantes hinchados mientras intentaba contener los suspiros que le aguijonaban el pecho.

¿Me amas?, preguntó Raquel con ambas rodillas en el suelo mientras sujetaba la mano de Luis. Él arrastró la ira fuera de la habitación susurrando algo inaudible, a ella le pareció un sí y por eso se quedó ahí, limpiando su miseria mientras ignoraba los gritos de la verdad en el espejo del baño. El agua se había llevado el maquillaje y la sangre, pero no la realidad.

¿Todavía me amas?, sollozó Raquel la semana siguiente, cuando Luis terminó de restaurar las marcas de un odio mal dirigido sobre la dueña de la casa, un odio conducido por el alcohol hasta convertirse en dolor ajeno. Una vez más Luis no respondió y abandonó la habitación con un vacío inexplicable.

Raquel se tragó el orgullo y no dijo lo que pensaba. Un error que lamentó semanas después cuando las flores, los paseos y los obsequios dejaron de llegar a casa. Un error que identificó cuando vio entrar a Luis acompañado del tufo a licor que escapaba de sus poros. Debió haberlo previsto, llegaba dos horas más tarde de lo habitual. Ella intentó levantarse de prisa para encerrarse en el baño antes de que su piel volviera a ser el lienzo de la furia de esposo, pero no consiguió llegar siquiera a la pared junto al clóset.

Sus gritos fueron acallados por una bofetada que la hizo caer al suelo. ¿Me amas?, alcanzó a pronunciar sin importar el llanto que le oprimía la garganta, como si eso fuera a detenerlo. Luis la despojaba del camisón y la ropa interior cuando ella por fin escuchó con claridad la respuesta que él siempre había dado: “silencio, perra”. Y ella obedeció, como si fuera la única alternativa al darse cuenta de que la penetraría con violencia.

Cuando todo acabó, Raquel murmuró aquellas palabras una vez más: ¿Me amas?, pero él respondió con un ronquido hediondo. Sí, creyó escuchar ella. Se levantó rumbo al baño, se lavó el momento y se preparó para dejar que los días se llevaran el mal momento… Deseó que su sangre se esparciera sobre el suelo mojado junto al retrete, pero el valor sólo le dio fuerzas para regresar a la cama y esperar un te amo, aunque fuera una sola vez.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here