Tijuana 530, símbolos de violencia contra la mujer

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Juan Carlos Hernández, nacido en el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán, pero avecindado en Ecatepec, Estado de México, fue vinculado a proceso el pasado 16 de octubre de 2018 por haber participado en el homicidio de, al menos, 20 mujeres.

Los tabloides de nota policíaca, así como los periódicos de tradición a nivel nacional lo nombraron como “El Monstruo de Ecatepec”, un feminicida que asesinaba y se comía a sus víctimas; que las engañaba, las torturaba, y se deshacía de ellas como si fueran un desecho de una carnicería.

Con este contexto a cuestas, y siendo México uno de los países más peligrosos de Latinoamérica y el mundo para las mujeres, fue que se escribió y presentó la obra “Tijuana 520”, un retrato de la violencia de género y un recordatorio de que todas las mujeres están en peligro.

Escrita y dirigida por Mace Medina, Tijuana 520 es una obra que involucra al público de una manera muy especial. Los símbolos que en cada momento van apareciendo son un golpe certero y contundente hacia los varones, quienes, sin pensarlo, violentamos a la mujer con órdenes, desplantes, desprecios y hasta golpes y opresión.

Las mujeres como objetos. Las mujeres como un pedazo de carne que el hombre se tiene que ganar a base de detalles y buenos comportamientos. Las mujeres como amas de casa. Las mujeres como servidumbre. Las mujeres como objeto sexual. Las mujeres como locas. Estereotipos y más estereotipos son lo que van presentándose durante la obra que fue esteralizada por Nadia Muela, Laura Urbina, Alejandra Cabral y César Zárate.

Justo durante la primera parte de esta puesta en escena vemos a tres mujeres con el mismo vestuario portando unas máscaras. Todas asumen un rol especial; una se convierte en silla, otra en una lámpara y otra en una mesa. Así, el director indica que, en muchas ocasiones, la mujer es un simple objeto, no es visible, no es tomada en cuenta y simplemente está a expensas de lo que diga el hombre. Por otra parte, en el papel que interpreta César Zárate, está el varón despiadado, violento, represor, lleno de prejuicios y de traumas.

Todo en su conjunto, emitió un mensaje que mantuvo al público al borde del llanto. Se percibía un ambiente tenso. Todos estábamos envueltos en una atmósfera lúgubre y llena de desesperanza.

Quizá muchos de los hombres que estábamos en el público nunca le hemos pegado a una mujer. Quizás nunca la hemos insultado o humillado o penetrado sin su consentimiento. Pero no cabe duda que todos tenemos una pequeña cuota de responsabilidad; la pornografía, los packs, los juicios y señalamientos duros y arcaicos en contra de las mujeres que ejercen libremente su sexualidad. Las actitudes de control en función del género. El menosprecio hacia las mujeres que intentan desarrollarse en un ambiente de “varones”, como podrían ser los deportes o los oficios como la carpintería y la albañilería o hasta las profesiones como la ingeniería, la función pública o altos mandos en empresas nacionales y transnacionales.

Como mencionaron en la obra, la violencia de género no se terminará metiendo a feminicidas seriales en la cárcel. Visibilizar el problema es sólo el primer paso para combatir las injusticias que viven cada una de las mujeres de nuestra región y nuestro país.

Solamente de enero a noviembre de 2018, se abrieron 780 carpetas de investigación por el delito de feminicidio, que no es otra cosa más que el asesinato a una mujer ejerciendo elementos de violencia de género. El Código Penal a nivel federal tipifica este delito como grave y propone sanciones más severas que el homicidio doloso.

El Estado de México, entidad en donde ejecutó a sus víctimas el “Monstruo de Ecatepec”, encabezó la lista a nivel nacional con 94 casos; en segundo lugar se ubicó Nuevo León con 74; Chihuahua, con 48; Sinaloa y la Ciudad de México con 38 y Puebla con 30 feminicidios.

Esto, en otras palabras, quiere decir que, durante 11 meses de 2018, murieron diariamente a causa del feminicidio 2.33 mujeres.

Tijuana 520 fue sólo un recordatorio y un ejercicio para visibilizar el estado de vulnerabilidad en el que viven y gravitan las personas del género femenino. El 60% de la taquilla recaudada durante la primera temporada fue donada a la Red de Mujeres de La Laguna, organización feminista que brinda apoyo y asesoría a mujeres en situación de peligro.

Al término de la función, una de las integrantes de la Red anunció que presentarán una iniciativa ciudadana ante el Congreso de Coahuila para buscar la tipificación del delito denominado “violencia digital”, mismo que está relacionado con la difusión de contenido íntimo de las personas a través de las redes sociales sin el debido consentimiento.

La batalla continúa. Los estereotipos aún siguen lacerando a la integridad de las mujeres. No queda más que actuar, promover la libertad y la equidad de género, y buscar el castigo de quienes, por diversas razones, busquen pisotear y terminar con la vida de una persona.

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